Santa Cruz de Tenerife
MANUEL LIZ*

El "para qué" de la filosofía

10/nov/17 6:06 AM
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¿Qué es la filosofía? Ciertamente, hay muchas maneras diferentes de entender la filosofía. Podemos decir que hay muchas filosofías. Hay filosofías materialistas y filosofías idealistas. Hay filosofías escépticas, relativistas y fundamentalistas. Hay filosofías constructivas y filosofías partidarias de la deconstrucción. La propia historia de la filosofía nos muestra importantes y numerosos cambios de orientación. Con todo, siempre se ha mantenido el objetivo de entender de la manera más completa posible la realidad, incluyéndonos a nosotros mismos en el cuadro. Y de hacerlo de una manera lo más radical, razonada e independiente posible.

¿Cómo es que ha llegado a existir la filosofía? La ciencia y la técnica también buscan entender la realidad. Lo mismo que la literatura o la historia. La existencia de la filosofía se vincula a ambas. Pero la filosofía no es meramente ciencia o técnica. Ni tampoco es una simple parte de lo que llamaríamos humanidades. Podría perfectamente existir ciencia y técnica sin que existiera filosofía. Y lo mismo cabe decir de las humanidades. La existencia de la filosofía como algo diferenciado es una gran contingencia estrechamente ligada a nuestra identidad cultural. Su origen es el mundo griego. Consigue mantenerse a través de la época romana y medieval. Cobra nuevo ímpetu en el Renacimiento. Y vuelve a hacerlo al hilo de las sucesivas transformaciones que han tenido lugar en la modernidad.

¿Para qué seguir teniendo filosofía? ¿Merece la pena conservar esa curiosa contingencia que llamamos filosofía? Debemos considerar seriamente varios aspectos. En primer lugar, la filosofía ha sido importante en nuestra cultura cuando ha habido cambios cruciales: cambios científicos y técnicos, cambios sociales y políticos, cambios artísticos, etc. Y estos cambios han acabado teniendo un impacto global sobre nuestro planeta. Para bien o para mal, la filosofía ha estado siempre muy presente en estos momentos. Y debemos pensar qué otras posibilidades quedan al margen de una reflexión radical, razonada e independiente sobre el conjunto de la realidad y nuestra posición en ella. Sobre todo, debemos pensar si queremos de verdad situarnos en alguna de esas alternativas

En segundo lugar, no puede olvidarse el hecho de que uno de los fenómenos que actualmente tiene mayor fuerza configuradora sobre nuestra sociedad actual ha surgido directamente de la filosofía. Me refiero a la tecnología informática. No existiría sin la lógica. Y la lógica que hoy día tenemos surgió en paralelo al desarrollo de la filosofía analítica con autores como Frege, Russell, Wittgenstein, Carnap, Gödel, Turing, Quine, Prior, etc. Quien sienta curiosidad, puede consultar los "Principia Mathematica" de Russell y Whitehead, o los trabajos fundacionales de Turing sobre computación, por poner dos claros ejemplos. Si quien lo hace es científico o ingeniero, incluso si es matemático, se sentirá por lo general muy inseguro e incómodo con los conceptos y argumentos que allí aparecen. Sin embargo, todo ello nos es sumamente familiar y cercano a las filósofas y filósofos con formación lógica y analítica. Este hecho es incontestable. Y hay que tomárselo muy en serio. Simplemente, la filosofía ha sido sumamente útil porque de ella han salido nuestros ordenadores.

En tercer lugar, debemos considerar sin prejuicios la peculiar situación de circularidad en la que se encuentra la filosofía. Es necesario hacer filosofía para determinar el valor de hacer filosofía. A veces esto se ha considerado un defecto. Una razón para abandonar el esfuerzo filosófico. Pero no es un defecto sino una virtud. Ni la física ni la química o la biología necesitan hacer física, química o biología para convencernos de que lo que hacen tiene valor. Tal vez sí necesiten hacerlo otras disciplinas como la historia o la sociología. Y desde luego, necesita hacerlo la filosofía. Pero esta circularidad es virtuosa. Indica que estamos acercándonos a un nivel máximo de reflexión. Y ver este rasgo como un defecto sería como ver algo defectuoso en el hecho obvio de que para averiguar si el pensamiento es valioso necesitemos pensar. Claro, podríamos negarnos a pensar. Podríamos simplemente insultar, dar puñetazos en la mesa, satisfacer nuestros deseos más inmediatos, o cosas así. Porque no queremos hacer sólo eso, pensamos. Y la filosofía siempre ha querido ser un pensamiento máximamente reflexivo, libre de cualquier atadura y compromiso.

Por último, no debemos obsesionarnos con la innegable existencia de muchos tipos diferentes de enfoques filosóficos. Claro que los hay. Más arriba hemos insistido en ello. Y acaso este pluralismo sea inevitable. Pero también hay otras muchas cosas. La capacidad de reflexión racional profunda y crítica es común a la mayoría de las diversas opciones filosóficas. Así como el empeño por obtener conceptos ricos en contenido y distinciones relevantes. Todo esto llena el gran vacío que supondría tener que enfrentarse, por ejemplo, a problemas éticos o políticos, o a decisiones de tipo metodológico o programático, sin un equipamiento conceptual apropiado. Puede que la filosofía no llegue a mostrarnos la verdad última de las cosas. Pero, desde luego, sí que nos enseña a hablar sobre la realidad, sobre el conocimiento y sobre nuestras decisiones y acciones de una manera sumamente reflexiva y crítica. Y esto no puede hacerlo la ciencia o la técnica.

Sobre esta función de la filosofía, sigue siendo obligado remitirse a algunas conocidas declaraciones de la Unesco en defensa de la filosofía, muchas de ellas por cierto vinculantes para los países miembros. Y puestos a recomendar, también quiero mencionar un pequeño artículo de 2012, publicado en el New York Times, en su influyente sección Opinionator. El artículo se titulaba "Philosophy-What's the Use?". Y trataba justamente de todo esto que estamos hablando.

*Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de La Laguna