Criterios
WLADIMIRO RODRÍGUEZ BRITO

Canarias: escuela, campo y trabajo (II)

1/feb/17 5:57 AM
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La ruptura del sistema educativo-formativo con el campo es reciente. La globalización, los modelos urbanos, las importaciones de alimentos, sin consideración con las producciones locales, la devaluación de lo pequeño, lo local, lo nuestro... han motivado la separación de la escuela y el territorio, apostándose por sistemas educativos importados, bien del ministerio, bien de las burocracias locales, que favorecen modelos alejados del medio rural, y en el que este se identifica como sinónimo del pasado, de la pobreza, de un mundo que se presume de atraso e ignorancia, etc.

La supuesta protección al menor conlleva la separación de los niños del campo y la familia en todo tipo de labores. La urbanización de la sociedad, con el espejismo de una sociedad de servicios, en la que la labor del mundo rural es algo del pasado..., alimentos de importación con bajos costes, bien porque sean de excedentes, bien en sistema "dumping", aquí y ahora el campo está devaluado.

No podemos ni tan siquiera vendimiar con participación de abuelos y nietos, ya que es "fraude" según los inspectores. Así, encontramos a pensionistas vendimiando por la noche con linternas huyendo de aquellos..., los maestros de la tierra escondiéndose y los jóvenes buscando "pokémons". A la devaluación de la cultura rural hemos de añadir la sequía, el viento, las importaciones de productos sin consideración, etc.

En dicho marco social, los padres no orientan a sus hijos hacia el campo y lo rural, cegados por el espejismo de supuestas alternativas, alejadas de un mundo rural básico. Incomprensible cuando quedan por potenciar tantos recursos que ahora están ociosos (agua, suelo cultivable), y cuando la actividad agraria es protagonista en múltiples tareas, como son el cuidado del medioambiente, dar equilibrio entre campos labrados y zonas boscosas, la retirada de combustibles de los montes como abono, o evitando incendios, etc.

Los responsables políticos educativos han de cambiar aspectos básicos para que otro campo sea posible.

El trabajo que ha realizado Pedro Molina con la ganadería, y en particular con el arrastre, defendiendo la vaca del país. Lo que se ha conseguido con la cabra y el queso en las Islas, las importantes mejoras en nuestros vinos con enología o la revalorización de las papas de color son logros positivos que deben orientarnos. Los huertos escolares, experiencias como la del CEO Manuel de Falla, en La Orotava, sobre el mundo rural y los niños, o el centro creado en el barrio de San José, en San Juan de la Rambla, o el papel de "La Escuela Navega" de acercar a los niños y los maestros al territorio que pisamos. Tenemos otras lecturas positivas, bancos de tierras para jóvenes que quieran incorporarse al campo, Ley del Suelo que facilite la incorporación de jóvenes, vincular las agencias de extensión agraria al sistema educativo-formativo.

Hemos de hacer un esfuerzo político-educativo sobre campo y sostenibilidad en Canarias que corrija la situación actual, en la que tenemos un número similar de chicos en estética y peluquería a los que hay formándose en agricultura y ganadería, y qué decir de turismo, con cifras similares. La lucha para lograr que tengamos población en los municipios rurales, para que tengamos relevo generacional en el campo y menor dependencia del exterior, depende de un giro hacia la cultura y la formación con nuestro campo y nuestra naturaleza.

Como bien dice el premio nobel Joseph Stiglitz, la globalización aumenta las desigualdades. El actual modelo aleja a los jóvenes del entorno, genera hombres y mujeres para la dura medicina de la emigración, como ocurre en nuestro campo. No nos preparamos para el surco pero tampoco para la hostelería.

En Canarias hay actualmente menos de 3.000 jóvenes en formación profesional de agricultura y ganadería, hemos dejado de inculcar la cultura del campo a nuestros hijos. No tenemos en cuenta que el relevo generacional puede llevar a una menor dependencia de fuera, poniendo políticas que fomenten la economía local. Eso solo es posible cultivando nuestros campos.

A su vez, hemos estigmatizado a nuestros mayores rurales, dándolos por ignorantes y olvidando que son los transmisores del saber y del hacer agrícola y ganadero. Esto ha causado el abandono de las tierras y el empobrecimiento del campo, dándose la contradicción de que haya necesidad de bancos de alimentos en el medio rural mientras las tierras están baldías. ¿Cómo es posible que se requiera de estos bancos cuando otros, como son los bancos de tierras, fracasan de manera terrible?

WLADIMIRO RODRÍGUEZ BRITO