Criterios
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
El Madrid sin Cristiano también intimida leer
CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (450)

11/ago/12 2:09 AM
Edición impresa

MI NEURÓLOGO me aconseja que haga frecuentes ejercicios mentales; que le dé trabajo a la memoria para que no termine de escapárseme del todo. Me pregunta cuántos son los planetas y los digo, pero me falta Saturno. No valió la prueba. Me pregunta por los pecados capitales y se me olvidó la ira. Cuando llegué a casa me empeñé en recordar los nombres de los reyes godos.

-¡Pero si son 33...- me apunta Lolo.

-No importa. Voy a intentarlo. Y empiezo: Ataúlfo, Sigerico, Valia, Teodoredo, Turismundo, Teodorico, Eurico, Alarico, Gesaleico, Amalarico, Teudis, Teudiselo, Ágila, Atanagildo, Sisebuto, Sisenando, Chintila, Tulga, Chindasvinto, Recesvinto, Wamba, Ervigio, Egica, Suintila, Witiza y don Rodrigo.

-¡Estoy asombrado, tío; eres un hacha!

-¡Pero cómo voy a ser un hacha si me han faltado ocho! Entre ellos, dos de los principales, Recaredo y Leovigildo. Y yo me los sabía entonces, en el ingreso del bachillerato. ¡Esta memoria! El tiempo, Lolo, corre muy aprisa y va dejando sus sombras.

De todos modos, trataré dentro de unos momentos, de recordar los nombres, con o sin apellidos, de todos los periodistas tinerfeños y radicados en Tenerife, titulados o colaboradores, que se asomaron en su día en las páginas de la prensa y que se nos han ido en este último medio siglo. Muchos se me quedarán en el camino, pero será cuestión de hacer un esfuerzo. Algunos son más importantes que otros, pero quiero citarlos a todos. A todos los que recuerde, quiero decir. Por ejemplo: Víctor Zurita, Luis Álvarez Cruz, Domingo Pérez Minik, Ernesto Salcedo Vilches, Alfonso García Ramos, Marcos Guimerá Peraza, Alejandro Cioranescu, Tomás Cruz, Felipe Coello, Ángel Ripollés, Antonio Vizcaya, Enrique Roméu Palazuelos, Enrique González, José Morales Clavijo, Emeterio Gutiérrez Albelo, José Peraza de Ayala, Donato Álvarez Guillermo, José María Benítez Toledo, Salvador Quintero, Hupalupa, Analola Borges, Elfidio Alonso Rodríguez, Telesforo Bravo, José María Hernández Rubio, José Ortego Costales, Fernando Llorente, Andrés de Lorenzo Cáceres, Jesús Hernández Perera, Pedro Guerra, Alfonso Trujillo, Antonio Soler Hernández, Eduardo Westerdalh, Esteban Dorta, Luis Membiela de Vidal, Alejandro Cioranescu, Felipe Coello Higueras, Tomás Cruz, Angel Ripollés, Antonio Vizcaya, Telesforo Bravo, Arístides Ferrer, Francisco Martínez Viera, Antonio J. Trujillo Armas, Luis Ramos, José Alberto Santana (Altober), Juan Pérez Delgado (Nijota), Morales Clavijo, Peraza de Ayala, Emeterio Gutiérrez Albelo, María Rosa Alonso, Violeta Alicia, Olga Darias, Gilberto y Adrián Alemán...

(Descanso media horita, refresco el cerebro y vuelvo). Sebastián Padrón Acosta, Leopoldo de la Rosa, Elías Serra, Juan Álvarez Delgado, Antonio Marti, Antonio Ruméu de Armas, Felipe Lorenzo, Luis Castañeda., Guillermo Camacho Pérez Galdós, Enrique Ruméu Palazuelos, José Peraza de Ayala, Domingo de Laguna, Luis Diego Cuscoy, Domingo Cabrera Cruz, Luis Piñero Mira, José Arozena Paredes, Francisco Aguilar y Paz, Jesús Hernández Perera, Francisco Pimentel, Juan Antonio Padrón Albornoz, José Morales Clavijo, Luis Alejandro, Eutropio Rodríguez de la Sierra, José Padrón Machín, Jorge Perdomo, Julio Fernández del Castillo, Melchor de la Torre Martín, Ulpiano Pérez Barrios, Óscar Zurita Molina, José Hilario Chela, José Manuel Pérez y Borges, Minguez, Nóbrega, Acacio Labrador, Tinerfe, Juan Gómez Luis-Ravelo, Eduardo Espinosa de los Monteros, Agustín González Velázquez, Rafael Gutiérrez Adán, Domingo Chico, Vicente Borges, Álvaro Martín Díaz (Almadi), Domingo Rodríguez Ramírez, Benjamín Afonso Padrón, Manuel Castañeda, Pedro Félix de Benito, Pedro Guerra Cabrera, Pedro García Cabrera, Alfonso Trujillo Rodríguez, Antonio Soler Hernández, Esteban Dorta, Asdrúbal Betancourt (Pica y bate). Seguro que me faltarán muchos. He tomado ahora, como homenaje, alguno de sus libros, donde he encontrado de todo, bueno y menos bueno. ¡He leído cada cosa! Y cuando digo ¡cada cosa!, no siempre lo hago en sentido negativo. Muy al contrario. Lo que sí me gustaría recalcar (lo haré en su momento) es algunas cosillas de Alfonso García Ramos, de su libro póstumo, "Pico de Águilas", con prólogo de nuestro común amigo Eliseo Izquierdo. Y conste que tuve con mi amigo Alfonso cierta trifulca a cuentas de la llamada Carta Municipal. Alfonso la defendía a capa y espada y yo consideraba más que injusto que el 70% fuera para la capital y el raquítico 30% restante se dividiera entre los demás pueblos y ciudades, incluida La Laguna. Pero nunca perdimos nuestra cordial amistad, que permaneció firme hasta el último momento. Y pienso escribir también, de don Antonio Ruméu de Armas, para clarificar la memoria de algunos. Pero eso será otro día.

CARLOS ACOSTA GARCÍA