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Las africanas que cambiarán sus países

Las jóvenes premiadas en Campus África por sus investigaciones no emigrarán: quieren que su formación ayude a mejorar sus territorios.
El Día
22/jul/18 0:40 AM
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Las africanas que cambiarán sus países

T eresa Ramos Correira es de Cabo Verde y Olfa Chiboub de Túnez. La primera estudió Periodismo en Portugal y la segunda Ingeniería en Biología Industrial en la Universidad de Cartago. Una se esfuerza en divulgar el efecto de los medios de comunicación en las clases que imparte en la Universidad y otra busca una solución contra la leishmaniasis. Cada una habla el idioma -portugués, en un caso; francés, en otro- que heredaron de la colonización. Pero estas dos jóvenes, que estos días comparten vivencias en Tenerife en la tercera edición de Campus África y que han sido premiadas por sus investigaciones, tienen algo más en común: los viajes que hacen para formarse siempre son de ida y vuelta, porque ambas quieren poner su capacidad al servicio de los territorios donde nacieron y contribuir a que progresen.

Entre Cabo Verde y Túnez hay mucha distancia. Casi 4.000 kilómetros separan el archipiélago volcánico que se extiende frente a la costa de Senegal y el país norteafricano. Sus historias son diferentes y también su situación en la actualidad, pero en ambos países son conscientes de que el desarrollo pasa por la educación y la cooperación.

Las dificultades del mercado laboral en Cabo Verde han provocado que en la actualidad haya más caboverdianos en el extranjero que en el país, muchos de ellos con estudios universitarios, de grado, posgrado y hasta doctorado. Este éxodo de capital humano es fruto de la necesidad, pero repercute negativamente en el desarrollo del país. Sin embargo, Teresa, que vivió y estudió en Portugal, lo tiene claro: "Yo quiero hacer cualquier cosa por ayudar a cambiar y mejorar Cabo Verde".

Teresa recibió uno de los premios de investigación que concedió Campus África el 18 de julio durante la celebración del Día de Nelson Mandela, justo el año en que se cumplen 100 años del nacimiento del líder africano que luchó contra el apartheid. La distinción fue por su trabajo acerca del poder de los medios de comunicación en la vida de los caboverdianos. Los nuevos canales de distribución de la información a través de internet han irrumpido con fuerza en las islas y la profesora defiende la necesidad de que los ciudadanos estén formados para que eviten ser manipulados por cualquier tipo de poder, político o económico.

"Es importante que aprendamos a consumir los contenidos mediáticos; son un arma muy poderosa". A fin de cuentas, el periodo de escolarización dura una pequeña parte de la vida de una persona, y la comunicación, en cambio, siempre.

Teresa cree que Cabo Verde y Canarias tienen muchas similitudes. "Aquí han sabido convertir en fortalezas muchas debilidades que nosotros también compartimos". El nivel de desarrollo entre ambos archipiélagos es diferente, pero, "¿qué habría ocurrido si Canarias no fuera parte de España y de Europa, sino un país independiente?", plantea.

Olfa también tiene el mismo espíritu "nacionalista" que Teresa. Ha identificado otro problema en su país -el contagio de leishmaniasis, una enfermedad tropical que no ha sido lo suficientemente atendida por la comunidad científica- y se ha puesto a trabajar.

En colaboración con la Universidad de La Laguna (ULL), Olfa busca una molécula antiparasitaria presente en determinadas algas que podría ser clave para mejorar el tratamiento de las personas contagiadas. Túnez tiene unos 1.300 kilómetros de costa, es el sitio perfecto para recolectar esas muestras que Olfa lleva tiempo analizando en colaboración con la ULL, a través del Instituto de Bioorgánica Antonio González y el de Enfermedades Tropicales. "Las terapias actuales tienen muchos efectos negativos para los pacientes", dice.

Olfa estudió en la Universidad de Cartago -habla inglés y español, además de francés- y está interesada en ir al extranjero a aprender lo que hacen otros investigadores, pero no en quedarse. Sería algo "injusto". Un curso en la universidad de su país "cuesta 30 euros al año", calcula. Igual que Teresa, también sueña con ayudar a su país. "Lo mínimo que puedes hacer es intentar revertir esa inversión", dice convencida.

Aun así, entiende que no todos los jóvenes tunecinos con formación pueden hacer lo mismo. "En el campo de la investigación no hay muchas salidas". El mercado es limitado, la economía se ha visto afectada por la caída del turismo y muchos graduados han tenido que emigrar. "Los jóvenes tienen un nivel educativo alto: en Túnez tenemos sedes universitarias en todo el país, está garantizado el acceso".

Para Olfa, las relaciones con la ULL le permiten tener acceso a tecnologías que no se encuentran en su país, pero destaca la capacidad de su pueblo para articular ideas ingeniosas que suplan las carencias. Para ella, igual que para Teresa, participar en Campus África ha sido una oportunidad para seguir formándose y construyendo el país en el que quieren que vivan sus hijos.

Olfa

Chiboub

investigadora de la universidad de cartago

Teresa Ramos Correira

investigadora de la universidad de cabo verd