Canarias

Un océano de investigación

Investigadores del Instituto Oceanográfico de Canarias trabajan cada día para conocer mejor el mar que nos rodea. El volcán submarino de El Hierro y la situación geográfica de las Islas son claves para estudiar el cambio climático.
S.E. (@sarayencinoso);
22/oct/17 6:45 AM
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Un océano de investigación

L a literatura ha usado el mar para rellenar incontables páginas: sirve para evocar la libertad, la soledad o el aislamiento. Para la ciencia también ha sido una pasión, pero porque supone una fuente inagotable de conocimiento que ayuda a comprender el mundo. Canarias, en medio del Atlántico y con un volcán submarino "accesible", a menos de dos kilómetros de La Restinga, es un lugar privilegiado para estudiar el océano y el funcionamiento del clima mundial. A eso dedican sus esfuerzos los científicos que forman parte del Grupo de Oceanografía y Cambio Global de Canarias, del centro canario del Instituto Español de Oceanografía (IEO). Quieren entender el mar para entender la vida.

Eugenio Fraile es el responsable de este grupo de investigación. Hizo su tesis doctoral en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y desde hace 11 años tiene plaza fija como oceanógrafo físico en el IEO. "Me fascina cómo funciona un organismo público de investigación (OPI) por dentro. No solo por la investigación que puedes realizar, sino porque prestas asesoramiento al Gobierno de España", explica cuando habla de su trabajo.

Fraile ha estado involucrado en muchísimos estudios a lo largo de su vida profesional. Uno de los que recuerda con más entusiasmo es el "Malaspina", un proyecto de circunnavegación alrededor de todo el planeta en el que participó como coordinador de oceanografía física. "Fue una experiencia única: siete meses en un buque oceanográfico alrededor del mundo para estudiar el océano profundo y el cambio climático".

La expedición analizó parámetros como la salinidad, las corrientes o la biodiversidad. Dentro del proyecto se estudió la franja que va de Canarias a Miami. "Por ahí pasa la mayor cantidad de calor hacia altas latitudes y eso rige el clima a nivel mundial", cuenta. "Solo se ha hecho siete veces y en dos ocasiones -1992 y 2011- ha sido liderado por canarios".

Después de esa experiencia, el océano tenía otra sorpresa preparada para Fraile. En 2011 el volcán submarino Taoro, en El Hierro, entró en erupción y un equipo tuvo que dedicarse a estudiar este acontecimiento de la naturaleza para asesorar al Ministerio. La colaboración con las dos universidades públicas del Archipiélago y otros centros de investigación fue constante.

"Al ser un organismo de este tipo disponemos de instrumentos y buques que las universidades no pueden tener, pero al mismo tiempo nosotros también necesitamos a expertos con los que no contamos dentro del instituto. Se dio una sinergia importante". Pero las universidades no fueron las únicas instituciones que participaron en este trabajo. "El resultado fue muy bonito porque se unió toda la ciencia y se dio una única verdad científica al Gobierno y a la sociedad de lo que estaba ocurriendo". Lograr esta unanimidad era fundamental. "Era la primera erupción submarina en España en 500 años y cuando hay algo nuevo, hay muchos interrogantes, pero fuimos capaces de sacarlo adelante".

La investigación no fue fácil. El 5 de noviembre es una de las fechas que tiene en la cabeza Fraile. "Tuvimos una de las mayores explosiones a menos de un kilómetro de nuestro barco". La columna de agua se levantó más de 15 metros de altura. "No pasamos miedo porque cumplimos unas normas de seguridad muy estrictas, pero nos recordó que la naturaleza es impredecible y que no somos nada por mucho barco que tengamos".

La labor investigadora que se llevó a cabo entonces -y sigue hoy- ha aparecido en numerosas publicaciones de prestigio y ha sido expuesta en medio mundo. "Hemos ido con el volcán a Francia, Tanzania, Alemania o Estados Unidos y nuestra ciencia ha sido acogida con los brazos abiertos. Es única".

Han sido cinco años duros. "Con la crisis, encontrar financiación se complicó, pero buscamos en todas partes y tuvimos ayuda del Ministerio". Gracias a eso, hasta hoy se han seguido haciendo campañas. Cada una cuesta alrededor de 600.000 euros. En breve se iniciará la número 26. "Veintiséis campañas en un sitio son muchas. El Hierro es uno de los puntos más estudiados del planeta y una de las zonas de las que mejor resolución del fondo oceanográfico tenemos. Normalmente se hacen de 100 o 50 metros y en El Hierro hemos conseguido resoluciones hasta de 50 centímetros", dice a modo de comparación.

"Los herreños deben estar satisfechos, porque el Gobierno y los investigadores han estado siempre ahí. Se les ha dado toda la información en tiempo presente y se tienen que sentir orgullosos de ser los únicos que han tenido este evento de la naturaleza tan excepcional".

Aunque ya no hay erupción, "este evento no va a acabar en un plazo breve". "La etapa magmática duró siete meses, pero luego empezó un periodo de desgasificación. Esa fase sigue activa y puede durar años. Ya no va a perturbar al ecosistema marino, ni a la población de El Hierro, pero a nivel científico es muy interesante".

Ahora mismo, esa zona "es como un laboratorio natural para estudiar nuevos organismos o averiguar cómo un ecosistema marino se puede comportar en condiciones de cambio climático futuras".

En El Hierro se están registrando unos aumentos de temperatura y unas disminuciones de ph realmente importantes, que coinciden con los valores que se registrarán dentro de cerca de tres siglos, si las previsiones se cumplen. "No tenemos que estimar cómo se puede comportar el océano entonces, lo tenemos ya en El Hierro. Contamos con una visión del futuro y eso es superimportante. El Hierro está proporcionando claves científicas a nivel internacional".

También la tecnología usada en estas investigaciones ha ido variando. "Algunas técnicas son las mismas, pero otras son totalmente nuevas porque el propio volcán nos da información nueva". La última novedad ha sido instalar sensores de sonido. "Desde hace un tiempo sospechamos que el volcán actúa como un reclamo para organismos marinos. Creemos que vienen más cetáceos y que hay un vínculo con el volcán, que los sonidos que emite podrían ser atractivos para ellos".

Para Fraile, haber liderado este proyecto es algo excepcional en su carrera. "Es algo único. En el mundo hay tres o cuatro personas que han podido tener la oportunidad de hacer un estudio así. Hay otros volcanes submarinos, pero no están a nuestro alcance, a lo mejor están a 2.000 mil metros de profundidad. Este lo tenemos a 1,8 kilómetros de La Restinga. Por su cercanía, por su poca profundidad y por su novedad en el tiempo, el Taoro es insólito e increíble. Es la gran diferencia con otros volcanes. Si el océano es difícil de estudiar, porque necesitas una instrumentación oceanográfica muy avanzada, un buque de investigación, mucho dinero, esto te está facilitando muchísimo la observación", destaca.

"Solamente dentro del volcán hay como dos grados de diferencia térmica y en 100 años estimamos que la temperatura va a subir 0,6 grados. Es decir, estamos casi 300 años por delante". Además, "ya se ha encontrado una nueva especie de bacteria única en el mundo en el volcán que fija azufre, y eso es algo totalmente novedoso", dice sin poder esconder la satisfacción.

Para llevar a cabo esta investigación de alto nivel, el centro ha contado con dos fuentes de financiación para acometer las campañas. Por un lado, los recursos propios del IEO, que han servido para costear la totalidad los proyectos Vulcana -vulcanología submarina canaria- y, por otro, fondos europeos.

Ahora se ha terminado toda la financiación y Eugenio Fraile está a la espera de que se confirme que se renueva y que puede seguir descubriendo todos los secretos que el océano aún está dispuesto a mostrarle.

 El viaje oceánico de las bacterias

Jesús María Arrieta apenas lleva seis meses en el Instituto Oceanográfico, dentro del grupo que coordina Fraile, pero trae mucha experiencia e ideas para abrir nuevas vías de investigación. Hizo su tesis en la Universidad de Groningen sobre biodiversidad y bacterias en el océano y quiere continuar indagando en lo que ocurre con los microorganismos del océano profundo.

"Hay una cantidad enorme de materia orgánica -CO2 convertido en materia orgánica- que está atrapado en el océano profundo, por debajo de mil metros. Si no estuviese ahí estaría en la atmósfera, de ahí que sea tan importante entender por qué permanece ahí y las bacterias no son capaces de degradarlo".

No es el único tema que interesa a Arrieta. El investigador busca colaboradores para estudiar los aportes de polvo del Sahara. "Si no existiesen estos aportes de polvo a escala global, habría 50 ppm más de CO2 en la atmósfera. Estudiarlo no es algo trivial, porque ayuda a regular el clima de la tierra".

El último trabajo de Arrieta fue en Arabia Saudí, donde se dan "blooms" de Trichodesmium similares a los que vivió Canarias este verano. "Hay mucha gente trabajando en temas marinos en Canarias y es muy buena. Sería interesante hacer algo conjunto. Si no hay un seguimiento no se puede saber si esto es nuevo o si es por algo que hemos hecho. No podemos contestar a esas preguntas si no contamos con todos los datos".

La temperatura del agua

Pedro Vélez-Belchí también tiene un currículum sobresaliente. Estudió Física en la Universidad de La Laguna (ULL), se doctoró en la de Baleares y estuvo dos años trabajando en Scripps Institution of Oceanography (California), una de las instituciones de mayor prestigio en su área. Desde 2006, el IEO acomete el proyecto Raprocan (RAdial PROfunda de CANarias) -del que es responsable este investigador- con el objetivo de estudiar el transporte de la corriente de Canarias, así como los cambios en la condiciones de las aguas circundantes al Archipiélago. Esta campaña ha permitido elaborar una serie histórica de la temperatura promedio hasta los 600 o 800 metros. Hay datos desde los años 90 -aunque no pertenecen a esta campaña- y la conclusión es que "la temperatura se incrementa 0,13 grados cada década, es decir, 1,3 grados por siglo".

Red Argo

A finales de los 90, un pequeño grupo de oceanógrafos tuvo la idea de desarrollar "una red de boyas capaz de suministrar en tiempo real datos de

temperatura y salinidad con una cobertura global". Vélez-Belchí también es el coordinador de Argo en España. "Hay muchísima gente trabajando y la información se actualiza a diario. Tenemos 3.781 perfiladores: uno cada 3 grados de longitud", cuantifica. La red Argo es un componente fundamental del Sistema Global de Observación de los Océanos. Gracias a sus boyas perfiladoras, permite obtener en tiempo real datos de temperatura y salinidad de los primeros 2.000 metros del océano con una cobertura mundial. "Lo mas interesante es que no ha sido creada por un organismo, sino por científicos, y que cada país financia su parte y de manera voluntaria contribuye al mantenimiento de datos". Además, esta información está disponible para cualquier ciudadano que quiera acceder a ella.