Santa Cruz de Tenerife
LA VIOLENCIA EN LAS PUERTAS DE LAS DISCOTECAS

Los porteros necesitan formación

30/nov/08 3:29 AM
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La muerte de un joven mientras disfrutaba de la noche madrileña en una conocida discoteca de la capital de España ha sembrado el debate acerca de la seguridad de los establecimientos del ocio nocturno. Es el caso de Álvaro Ussía, presuntamente asesinado a manos de un portero, y que ha reabierto de nuevo la polémica sobre la seguridad de los consumidores de ?la marcha y la fiesta?. Bien es verdad que en Tenerife, concretamente en el Sur, se han vivido casos similares al de Ussía, aunque nada tiene que ver lo que ocurre en ciudades como Madrid o Barcelona y lo que pasa en Tenerife. Pero, como prevenir es curar, para ello se ha puesto sobre la mesa una situación que, cuando menos, genera alarma. La regulación del sector del ocio, la puesta en marcha de medidas contundentes para controlar la actividad tanto exterior como interior de las discotecas y, sobre todo, el control del ejercicio de los porteros, que en algunos casos se comportan como verdaderos ?matones?, merece una profunda reflexión. EL DÍA reunió a distintos conocedores de ?la noche y sus circunstancias?. El vicepresidente de la asociación salas de fiestas y discotecas, Suso Zárate; la empresaria Isabel Martínez, y el concejal de Seguridad en el Ayuntamiento de La Laguna, Antonio Pérez Godiño, fueron los protagonistas de este foro. A todos ellos les acompañó un joven que sufrió uno de estos ataques de dos ?descerebrados?. Se trata de Sergio González, un tinerfeño que estuvo a punto de perder su vida a manos de un par de vigilantes de seguridad en una discoteca ya cerrada de Playa de las Américas. Todos los invitados al debate coinciden en que una mayor seguridad para los clientes ante los porteros violentos pasa, necesariamente, por una adecuada regulación por parte de la administración competente. Actualmente, la única comunidad autónoma de toda España que tiene reglamentada la función de los porteros de discoteca es Cataluña, a raíz del problema surgido con la muerte de un ciudadano ecuatoriano junto a la zona del Mare Magnum. Pero para llegar a ese nivel de garantías en Canarias aún queda mucho tiempo y falta gran cantidad de trabajo por hacer. Y tal vez el primer paso consiste en mostrar interés por renovar la normativa sobre el funcionamiento de las empresas de ocio nocturno a nivel general. De hecho, uno de los participantes reitera que a estas alturas resulta sorprendente que el funcionamiento de la Refinería, Unelco, la ferretería de la esquina y las discotecas está amparado por la misma ley. El empresario Suso Zárate Salazar, con veinte años de experiencia en el subsector, comenta que ?la administración se ha dormido una barbaridad?. Indica que, si a nivel global carecemos todavía de una reglamentación apropiada, ?imagínense lo que supondría hablar ahora de que vamos a normalizar una pequeñita parte de los hechos que ocurren dentro de una sala de fiestas o una discoteca, como es el caso de los porteros?. El representante de la patronal explica que ?a nosotros nos aburrieron, tanto el Gobierno autónomo como el Cabildo; presentamos proyectos de reglamento de ley y no se ha hecho absolutamente nada?. Zárate opina que una de las primeras medidas sería exigir ?bastante más seriedad? a las compañías de seguridad, ya que habría que analizar la profesionalidad de cada uno de sus empleados. Considera que una de las alternativas es que los dueños de los negocios estén obligados a tener en la puerta únicamente a personal uniformado. Isabel Martínez no comparte ese criterio, ya que su grupo aplicó tal sistema durante algo más de un año y los resultados no fueron los esperados. Recuerda que, incluso, algunos de esos trabajadores uniformados de empresas con cierto prestigio dejan mucho que desear en cuanto a los requisitos mínimos exigibles a su profesión. Afirma que ?muchísimas veces es una persona inculta o venía bebida?. Martínez añade que, además, en diversas ocasiones ?llegan tarde, cinco, diez o treinta minutos?, porque vienen de otro servicio. La representante del Grupo Kalima manifiesta que ese empleado uniformado cuesta cuatro o cinco veces más que la persona contratada directamente por la discoteca, además de que ?no es de tu equipo y desconoce el mundo de la noche?. Martínez evoca que los mayores problemas con un portero los tuvo con un chico que estaba preparando la oposición para acceder a la Policía Local de un municipio. Sergio González apunta que, durante su brutal agresión en Las Américas, el primer individuo que lo golpeó y sacó de la discoteca de forma violenta iba uniformado. Y, posteriormente, el segundo agresor no tenía uniforme y supuestamente estaba contratado como ?relaciones públicas?. Suso Zárate propone que la futura legislación sobre la materia incluya la obligatoriedad de que haya cámaras de videovigilancia en el exterior de los locales. Como ejemplo de sus buenos resultados, cita el caso de la implantación en la zona de ocio nocturno de La Laguna, popularmente conocido como el Cuadrilátero. Dice que el proyecto fue ?muy conflictivo e intentaron cargárselo? con el argumento de que afectaba a la intimidad, además de que ?la Delegación del Gobierno puso muchos obstáculos; pero estoy convencido de que esa puede ser una de las grandes soluciones, además como autogestión para los futuros profesionales de las puertas?. Y pone dos ejemplos: ?Londres y Amsterdam, donde en las zonas de ocio hay cámaras en todas las esquinas?. Recuerda que, por ejemplo, en la ciudad holandesa existen los ?coffe-shops?, ?donde incluso se puede fumar droga y me quedo alucinando con la seguridad que hay?. Apunta que ?aquí están obsesionados con esa democracia entre comillas, por la que, si instalas videovigilancia, vas a cargarte su libertad individual, y me parece un error terrorífico?. A Isabel Martínez no le parece mal que haya cámaras en el exterior de los locales, pero no pondría estos dispositivos en el interior de su negocio. Además, advierte de que el empresario que las instale debe colocar un cartel en la puerta que informe al cliente de su existencia, con el objetivo de que pueda elegir si entra o no. Antonio Pérez Godiño coincide con Zárate en la necesidad de regular el subsector y cree necesario profesionalizar el trabajo de los porteros: ?Tienen que ser verdaderos profesionales y no estar de rebote de distintas actividades; la psicología, el buen carácter y mano izquierda resulta fundamental?. Además, aboga por ?una implicación y coordinación entre el Cuerpo Nacional de Policía y la Policía Local para tener dispositivos de control y vigilancia de los exteriores de los locales, así como el cumplimiento estricto de los horarios de cierre?. El representante de la asociación de salas de fiestas y discotecas manifiesta que, al igual que lo recogido en la normativa fijada en Cataluña, los porteros no deben tener antecedentes penales, pasar un reconocimiento psicológico y psiquiátrico, superar unas pruebas físicas, así como tener conocimientos de la legislación sobre esta materia o superar un examen cada cinco años para poder trabajar. En esa línea sugiere que resultaría muy útil tener una academia para ofrecer formación a los vigilantes de seguridad, en la que aprendan, por ejemplo, a inmovilizar a los clientes problemáticos, en vez de agredirlos brutalmente. Isabel Martínez estima que no se puede extrapolar lo ocurrido en Madrid en la discoteca Balcón de Rosales con lo que sucede en Tenerife, ?en primer lugar porque aquí somos muchísimo más tranquilos?. Además, asegura que la agresión, con resultado de muerte, a Álvaro Ussía o la paliza a Sergio González son casos puntuales que no ocurren todas las noches. La empresaria del Grupo Kalima hace una segunda distinción, entre el Norte de Tenerife, en el que incluye al área metropolitana, y el Sur, ?que es muchísimo más conflictivo, quizá porque tiene muchas más personas de otras nacionalidades y con unas costumbres que quieren implantar aquí cuando vienen de vacaciones; y lo digo con la experiencia de haber tenido una discoteca en el Sur?. Una tercera diferenciación, a juicio de Martínez, viene marcada por los segmentos de las edades de los clientes, es decir, que no es lo mismo un local para ?jóvenes de 18 a 23 años, que son niños, sin experiencia y más problemáticos, que un establecimiento para gente de 25, 30 ó 35 años, u otro para personas con más de 70 años; es decir, que no se puede generalizar?. Suso Zárate indica que en el control de la actividad del ocio nocturno también tienen un papel fundamental los ayuntamientos e, incluso, la planificación urbanística de cualquier ciudad. En ese sentido, recuerda que, cuando empezó el problema del Cuadrilátero en La Laguna, recordó a los responsables municipales que habían otorgado 102 licencias para la misma actividad en tan sólo cuatro calles. Desde su punto de vista, eso significa que durante el viernes y el sábado de cualquier semana se pueden concentrar en dicho enclave más personas que en cualquier jornada de las Fiestas del Cristo, a pesar de que el dispositivo de seguridad y emergencias es mucho mayor para los festejos de septiembre. La portavoz del Grupo Kalima recuerda la mala experiencia de lo ocurrido en la avenida de Anaga hace unos años, debido a la excesiva concentración de locales, por lo que, desde su punto de vista, este tipo de establecimientos deben estar en las afueras de las ciudades, para evitar ruidos y molestias a los vecinos que prefieren dormir. Zárate comenta que en el nuevo Plan General de Ordenación de la capital tinerfeña queda ordenada la implantación de locales por metros lineales para evitar lo sucedido en la avenida de Anaga. En cambio, se muestra a favor de repartir las zonas de ocio por varios enclaves del municipio. El representante del colectivo empresarial está convencido de que el creciente fenómeno del botellón también contribuye negativamente al incremento de la violencia en las puertas de los locales, ya que algunas personas llegan ?pasadas? de alcohol y drogas. Añadió que vivió un caso en que un joven llegó a escupir a la cara a un portero, situación en la que cree que resulta casi imposible que el trabajador se controle y no agreda al otro individuo. La noche en la Isla es bastante segura, aunque prevenir es curar.