El Tenerife de Martí

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Me encanta hablar de fútbol. Cuanto más sea respecto a tácticas y al juego en sí, más disfruto. Los entrenadores, sobre todo los que viven a la defensiva fuera de su banquillo, consideran una invasión en su terreno las opiniones que se refieren a los detalles tácticos del juego. Deberían liberarse, al fin y al cabo, son ellos los únicos que tienen la capacidad de cambiar las cosas. Los que estamos por fuera aprendemos de sus aciertos y de sus errores. No existe el entrenador que no haya perdido alguna vez. Bueno, perdón: hay uno y se llama Martí.

El domingo tenemos una nueva oportunidad para ver la idea de fútbol que trae Martí al Tenerife. Del primer partido en el Heliodoro me llamó mucho la atención el hecho de que colocara a los dos laterales, al mismo tiempo, a la altura de la frontal del área del equipo rival. El Tenerife de los últimos años no utilizó casi nunca a los laterales en fase ofensiva. Con Martí hemos pasado de cero a cien, porque ahora los dos esperan el balón muy arriba. Lo hacen, supongo, para ensanchar el ataque y provocar que el equipo tenga otros beneficios en zonas interiores. ¿Qué consiguen? Si las cosas salen bien, el primer beneficio es que Suso y el jugador que esté de punta por la izquierda (contra el Alavés fue Pedro Martín), se metan hacia dentro, con lo que un pasador como Aitor Sanz, por poner un ejemplo, se encuentra con cuatro compañeros por delante suyo cuando recupera el balón en tres cuartos de campo. Otro movimiento que me gustaría analizar de nuevo el domingo es el de Cristo González. Si empieza de “9”, cuando Suso y Pedro se ruedan hacia el centro, él se tira unos metros hacia atrás, y se convierte en lo que de verdad es, un media punta con una capacidad de pase interior brutal. Eso fue lo que sucedió en el segundo gol contra el Alavés. La ventaja es que si cambia de posición en plena jugada es casi indefendible.

La base de todo el argumento ofensivo y defensivo del equipo es, sin embargo, el trío de centrocampistas que juegan en el medio. Los laterales pueden subir tanto porque hay una defensa muy fuerte en el centro del campo, zona en la que Vitolo y Aitor tapan la espalda de Cámara y Aurtenetxe. La función de Alberto, como eje, es el soporte para parar al adversario antes de que ningún atacante encare a los centrales (Jorge y Carlos), que juegan más descubiertos que nunca, pero defienden con cierta comodidad. El otro aspecto a analizar es la eficacia de la presión avanzada. Si Vitolo y Aitor ajustan bien en tres cuartos de campo, el equipo termina echándose encima del rival, como sucedió ante el Alavés, porque ellos dos tiran del bloque hacia adelante. Por el contrario, si ellos dos no consiguen ensuciar la salida de la pelota, el Tenerife acaba atrás, como ocurrió durante muchos minutos en el partido de Albacete.

Me queda una pregunta por responder. ¿Qué hará el equipo de Martí cuando su rival juegue directo y no pueda presionarle?

Cierro el largo paréntesis y vuelvo a disfrutar escribiendo aquí sobre fútbol.

 

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