El doble pasillo de seguridad

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Luis Aragonés dejó una obra grande, la selección española que tenemos, y también legó algunas frases que formarán parte del fútbol para siempre. Una de ellas se refiere a su concepto global de los pilares de un conjunto. Luis llamaba a la columna vertebral de un equipo “el pasillo de seguridad”. Empieza, decía, en el portero, continúa con tres elementos de jerarquía alineados en vertical hacia el área contraria: un central, un volante y un delantero. El Atlético en el que jugaba Luis tenía encarnadas esas figuras en Luiz Pereira, Adelardo y Gárate. La selección a la que hizo campeona de Europa descansaba sobre la autoridad futbolística de Puyol, Xavi y Villa. En fin, cualquier equipo de éxito es fácilmente reconocible porque sus mejores jugadores capìtalizan el eje de las tres grandes líneas de cualquier sistema. Sin ánimo de comparar, solo a modo de ejemplo, extrapolamos la teoría de Luis al Tenerife actual y nos encontramos con un pasillo central formidable: Carlos Ruiz, Aitor Sanz y Ayoze Pérez. De la mano de la seguridad del primero, la capacidad expansiva del segundo y el talento del tercero, el Tenerife ha ido creciendo como equipo, ganando partidos, subiendo puestos en la tabla, alumbrando nuevas aspiraciones…

En esa dinámica creciente, estos tres grandes referentes de la temporada blanquiazul han ido encontrando socios. Bruno se ha hecho a Carlos  semana a semana hasta convertirse en un complemento perfecto. El canterano entró de debutante en la categoría (solo había tenido un mínimo precedente) y no ha dejado de evolucionar. Sus virtudes, en especial la rapidez, la corpulencia para chocar, el salto de cabeza, se han añadido a las prestaciones de Carlos Ruiz hasta componer una pareja espectacular. El proceso de estos dos se ha repetido calcado en la evolución de la pareja de volantes. Aitor llegó primero a su cima de rendimiento y, desde ese plano de consolidación y seguridad, le dio la mano a Ricardo para ayudarlo a reencontrar su mejor nivel, perdido hace unos años. Son mitad y mitad: los dos quitan y entregan bien, los dos defienden en mucho campo, los dos juegan de cara, los dos son súper regulares, los dos parecen infranqueables. Esa pareja es la primera gran defensa de un equipo que explica así como pasan partidos y partidos sin que los rivales le tiren a portería. El pasillo termina en Ayoze, que también tiene socios. Uno es Aridane, sacrificado como surtidor de ventajas del genial delantero; otro, el más desequilibrante, es Suso, cuya potencia en la derecha ha sido imparable para casi todos los laterales que le han medido esta temporada. El código que cifra el nivel de peligrosidad de esta pareja Ayoze-Suso es, sin embargo, la velocidad a la que juegan. Suso ha mejorado el final de sus entradas por la derecha, cada vez centra mejor. Y Ayoze es sublime, aprovecha lo mínimo para arrodillar a cualquier defensa. Cuando se juntan, cuando Suso desborda y Ayoze llega a sus centros, la idea futbolística del equipo -robar y sorprender-, encuentra su razón de ser. Antes de que Ayoze acabe metiendo el balón en la red, Carlos y Bruno han fortificado al equipo en el principio del pasillo de seguridad y Aitor y Ricardo han inclinado el sentido de la jugada hacia delante.

Creo que, en esta fase de máximo rendimiento colectivo  y dinámica ganadora, con la confianza por las nubes, el Tenerife tiene las tres mejores parejas de la Liga.  No me ha hecho falta nombrar al responsable de todo esto.

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