Aunque siga la vida
Jueves, 14 de junio de 2012 por FranciscoBelin
Me cuesta arrancar para hilvanar estas líneas. Da igual que sean pocas o todo un libro.
Cuando se va una persona que se ha sentido cercana, el vacío es el que es, que eso todos lo hemos vivido y lo viviremos.
El fallecimiento inesperado de Manuel Iglesias espolea esa rabia ancestral hacia las garras de la muerte por el ser arrebatado. Sin embargo, en estas circunstancias fatales, en las que el desconsuelo arrambla con todo sentimiento, he de decir que por propia naturaleza soy incapaz de argüir tópicos para la victoria pírrica de aliviar esta despedida para siempre de Manuel.
Me quedo con su estela. Con la felicitación que hizo hace más de una década a mi labor a poco de comenzar, y que me llenó de confianza para internarme en el enorme ámbito de la gastronomía.
Atesoro consejos sabios a goteo sobre el proceder en la tarea de tratar la información de los cocineros y los bodegueros; ratos de aviones y análisis de mesas y manteles. Quizá él, “el catedrático” -como yo le decía en ocasiones- intuyera, en quien ahora escribe, la pasión inconfundible por una vertiente de la cultura y la vida en la que Manolo llegó a tan altas cotas y reconocimientos.
En verdad, tuve el privilegio de establecer una sintonía muy particular con el colega de andanzas gastronómicas; un respeto y una afinidad, me atrevo a decir que mutua, aderezada con esa cercanía que hacía tan agradable cada encuentro, cada ocasión con él.
Aunque siga la vida, el vacío está y permanecerá ahí.
Un abrazo, señor catedrático.
Hola, sigo tu blog desde hace tiempo y me gustaría contactar contigo directamente. ¿Podrías proporcionarme un email de contacto?
Gracias,
Sonia Teruel