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A BABOR FRANCISCO POMARES

La octava reforma

14/nov/18 6:29 AM
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Con la derogación de la ley Wert como objetivo declarado, la reforma educativa que prepara el Gobierno Sánchez repite el formato recurrente de la pelea que desde el inicio de la Transición enfrenta a conservadores y progresistas cada vez que se trata la cuestión de regular la educación. Lo que se pretende es hacer desaparecer las principales aportaciones conservadoras -las más polémicas, por tanto- de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, que logró incendiar las aulas españolas y sus aledaños. El ministro José Ignacio Wert logró concitar un extraordinario rechazo social y parlamentario a su ley. Después de cuatro reformas capitaneadas por los socialistas, la primera que llegó a entrar en vigor a propuesta del PP, la ley Wert, supuso otra oportunidad perdida para alcanzar un pacto nacional en materia de educación, y lograr un principio de entendimiento entre partidos y ciudadanos sobre la que debería ser -sin duda- la ley con más respaldo social. Por desgracia, en España parecemos condenados a que no sea así.

La primera Ley General de Educación se aprobó en los últimos años del franquismo, impulsada por el ministro Villar Palasí. Fue una ley modernizadora que estableció la enseñanza obligatoria hasta los catorce años, y el camino común al Bachillerato y la Formación Profesional. El Gobierno de Suárez, con la Constitución recién estrenada, trajo la primera ley educativa de la democracia, recurrida ante el Constitucional por el PSOE, por entenderla contraria al nuevo espíritu. Jamás entró en vigor, porque los socialistas ganaron las elecciones en 1982. Fue el PSOE quien introdujo el sistema de colegios privados concertados con la LODE, aprobada en 1985, y revisada en 1990 con la LOGSE, que sepultó definitivamente la ley franquista de 1970. La LOGSE amplió la escolarización obligatoria hasta los 16 años y creó la ESO, dos aciertos. Pero dio prácticamente todo el control educativo a las autonomías y definió un modelo tecnológico que arrinconó las Humanidades. Solo cinco años más tarde, otra reforma socialista, la ley Pertierra, aprobada por el PSOE, CiU y PNV, fue rechazada por sindicatos y profesores, convencidos de que la reforma abría la puerta a la privatización. El PP forzó durante la segunda legislatura de Aznar su primer cambio, pero llegó tarde y no se aplicó. Y fue en 2006, con la LOE de Zapatero, cuando se produjo el primer gran conflicto ideológico: la ley convirtió en voluntaria la asignatura de Religión, y en obligatoria y evaluable la asignatura de Educación para la Convivencia, creada reduciendo horas a Lengua y Literatura. Las organizaciones confesionales protestaron, considerando que la ley suponía una intromisión estatal en el adoctrinamiento moral de los escolares. Otro asunto polémico fue reducir el nivel de exigencia a los alumnos, que pasaban los cursos sin necesidad de aprobarlos por completo. Como reacción llegó la ley Wert, la más polémica y contestada, que fue impuesta por el PP con sus únicos votos. El nuevo proyecto del PSOE pretende recuperar el diseño ideológico de las anteriores leyes socialistas y -al menos de boquilla- reducir los índices de repetición y de abandono escolar. La cuestión es que el PSOE no cuenta con demasiado margen. Y el proyecto ya ha sido rechazado por el PP.

Es una lástima que esta ley no reparta nada: si hubiera puestos en algún consejo general, al estilo del reparto del Poder Judicial, seguro que se lograba poner al PSOE y al PP de acuerdo, y hacer una ley que dure -si no una entera generación- al menos algo más de cinco años.

A BABOR FRANCISCO POMARES