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De vuelta hasta el 7 de septiembre

La Virgen de El Socorro recorrió ayer su Camino de retorno a la que es su morada habitual: la iglesia de San Pedro, en el casco de Güímar, de donde volverá a salir dentro de 363 días.
Ángel Hernández
9/sep/14 1:07 AM
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La Virgen de El Socorro retornó anoche al casco güimarero. En esta edición de lunes, miles de peregrinos la acompañaron por el camino. Desde algunas casas y fincas colindantes, los vecinos reparten agua mientras con paso firme y decidido la comitiva llega a La Tahona y a La Asomada. Pequeño descanso, recuperación de la tradición de limpiar el rostro de la imagen para quitarle el polvo del camino, recuerdo para un joven fallecido en la edición de comienzos de este siglo y los guanches toman el relevo como cargadores.

Al caer la tarde se escucha el "pares o nones" por doquier, antigua tradición con la que los jóvenes de otra época podían comunicarse y, en algunos casos -como el de Antonio "El Morritos" y su esposa-, comenzar su relación merced a un intercambio de almendras. Ellos lo vivieron hace ya 37 años.

Y el camino sigue hasta la iglesia de San Pedro, hasta el 7 de septiembre de 2015. Entonces, como en esta ocasión, volverá a escenificarse la aparición de la Virgen en la costa de Chimisay. Es al atardecer, después de que los peregrinos descansen de la jornada que comenzó unas horas antes del amanecer, en la parroquia de San Pedro.

En un área acordonada para la escenificación, más de 200 figurantes, ataviados con pieles de cabra y de oveja, esperaron la señal convenida para entrar en escena. En cuanto acaba la voz en "off", aparece una mujer ataviada con extraños ropajes que no se aparta del camino. Intento de pedrada y de corte con tabona por parte de los guanches. Entonces se produce el milagro y la imagen toma rumbo a la cueva de Acaymo.

Los guanches se arrodillan a los pies de la imagen y algunos bebés son presentados ante ella. Júbilo y saltos con hastias mientras la imagen es llevada a hombros hasta la ermita, desde donde más tarde partirá otra procesión en la que solamente ellos la cargarán sobre sus hombros. Y más tarde aún, al filo de la medianoche, la procesión de las Candelas. Todo fervor, devoción y fiesta.