Sucesos

Inyección de vida

Sergio es un joven de 32 años que tiene que afrontar un nuevo estilo de vida. En 2002 sufrió una agresión por parte de un empleado de una conocida discoteca del Sur de Tenerife. A raíz de este incidente, ha quedado sordo, sin olfato y con pérdida de equilibrio.
KAREN BENCOMO, S/C de Tfe.
13/nov/05 12:00 PM
Edición impresa

Sergio se delata con la mirada. Hace algo más de tres años su vida dio un giro de 180 grados, y no porque él haya querido. Este joven de 32 años lucha día a día para vencer a una minusvalía de un 66%. Ha perdido la audición de ambos oídos y sufre alteraciones en los sentidos del gusto y del olfato, padeciendo graves crisis de vértigo y ruidos (acúfenos) constantes en su cabeza. Pese a ello, transmite a los que le rodean una sólida fortaleza y un espíritu de sacrificio que no suele ser común.

Difícilmente, Sergio podrá olvidar un día crucial que le marcará de por vida. El 30 de marzo de 2002 acudió con unos amigos a una conocida discoteca del Sur de Tenerife. Sobre las 6:30 horas, un hombre, que trabajaba como relaciones públicas en este local, lo agredió y le asestó un violento cabezazo con ánimo de menoscabar su integridad física, provocando que el joven se desplomara sobre el suelo, perdiendo la conciencia.

A raíz del ataque, Sergio estuvo tres días en coma con una hemorragia interna. Ingresó en el Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria con un traumatismo craneoencefálico con hemorragia subracnoidea y permaneció hospitalizado durante 28 días, precisando otras 441 jornadas para la curación de las lesiones.

Durante las vistas orales del juicio, acudieron varios testigos para relatar la brutal agresión que sufrió en Arona. La sentencia de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife favorece a Sergio, ya que el fallo condenó a su agresor a siete años de prisión por un delito de lesiones. En la actualidad, el condenado se encuentra en libertad provisional, ya que ha recurrido la sentencia al Tribunal Supremo, por lo que habrá que esperar a que se dictamine un fallo final.

Mientras, Sergio intenta que su vida sea lo más normal posible. Hablar con él reconforta. Sabe cada paso de su estado de salud al "dedillo", tanto como sus propios médicos: "Me encanta aprender y después del incidente no me quedó más remedio que empaparme de todo lo que rodea a este tipo de lesiones", señaló.

Tres meses después de la agresión, Sergio se desplazó a Alemania para someterse a una operación. Ésta se basó en un implante coclear, insertándole dos placas en su cabeza que, junto a unos auriculares externos, hacen la función del oído. La factura de esta intervención quirúrgica superó los 60.000 euros.

Este aparato es imprescindible en su vida, ya que sin él no oye absolutamente nada y sólo puede entender a los demás leyendo los labios. Aún así, no tiene una audición nítida, puesto que le falta finura y no puede evitar ruidos constantes en su cabeza, como si se tratasen de zumbidos; según él, es como si tuviera constantemente el sonido de una "aspiradora" mortificando su mente.

"Aunque parezca una contradicción, tengo que decir que estoy sordo, pero daría lo que fuera por no oír nada, ya que este zumbido es horrible", señaló. Otro de los sentidos que tiene mermado desde la agresión es el olfato, pues lo ha perdido.

Caminar sin equilibrio

Un movimiento tan imprescindible en la vida de cualquier persona, como es caminar, supone para Sergio una tortura.

Cada vez que sale a la calle tiene que hacer un enorme esfuerzo de concentración para no perder el equilibrio. Dice que nunca se ha caído, pero siempre va con respeto, ya que solamente caminar junto a alguien o mirar para cruzar una acera provoca que las imágenes que llegan a sus ojos se retuerzan de forma incontrolada.

Sergio siempre ha sido deportista, vitalista, muy independiente y ha recorrido países de Europa en busca de experiencias. Todas estas aficiones, junto a una de sus grandes pasiones, el "sky-surf", se han visto truncadas de golpe. No puede vivir solo, puesto que para hacer una simple compra para la casa necesita de la ayuda de alguien. Al preguntarle por la posibilidad de compartir su vida con una mujer, Sergio responde desconcertado, ya que piensa que cualquier chica no estaría dispuesta a sacrificar su vida para adaptarla a la suya. Pese a esto, no descarta conocer a su media naranja.

No todas las personas tienen la misma valentía ni capacidad para afrontar un cambio de vida tan brutal como la que ha tenido que sufrir él, pero llama mucho la atención las fuerzas que saca para hacer una vida lo más normal posible.

El protagonista de esta historia estudió Económicas y Empresariales en Madrid y Alemania y habla varios idiomas. Antes del incidente, estaba ilusionado en formar una sociedad independiente basada en un negocio de diseño de cometas, pero lo tuvo que dejar porque no está capacitado para viajar tanto ni para trabajar muchas horas. En estos momentos, trabaja en un estudio de ingeniería y sólo tiene palabras de agradecimiento para sus compañeros, ya que le han ayudado mucho.

Escribe un diario, en el que detalla como madura su nueva vida: "Me ayuda a saber qué es lo que me beneficia y lo que no". Asimismo, reconoce que "mi familia y mis verdaderos amigos me ayudan a seguir. Siento ira, pero soy sé que pude morir". Historias como ésta hacen recapacitar sobre los vuelcos que da la vida. Sin duda, Sergio es un ejemplo de vitalidad y amor por la vida.