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La faena sin fin de la plaza de toros

A punto de cumplir 125 años desde su inauguración -mañana-, el recinto taurino lleva décadas sumida en el abandono. Atrás han quedado gloriosas tardes de toros y también de fiestas como el Carnaval.
O.G.
29/abr/18 6:38 AM
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La faena sin fin de la plaza de toros

P ase lo que pase en el futuro, la historia de Santa Cruz estará siempre ligada a la de su plaza de toros, un recinto que cumple mañana 125 años desde que fue inaugurado, el 30 de abril de 1893.

Lejos queda ya la faena con la que Luis Mazzantini y Antonio Moreno "Lagartijillo" iniciaron una frenética actividad que se prolongaría durante décadas. Con cierta importancia, hasta 1984. Lidiaron, en ese entonces, astados de la ganadería Benjumea.

En realidad, la plaza de Santa Cruz fue la continuación de una pasión que se había hecho realidad unos cuantos kilómetros más arriba, en el municipio de La Laguna, en concreto en el barrio de San Juan. Allí, la afición por los toros que reinaba en las Islas había cristalizado en una vieja plaza de madera.

La de la capital, sin embargo, superó esas expectativas. La sociedad, que se denominó "La Tinerfeña", diseñó un recinto moderno, con capacidad para casi 7.000 personas. Como curiosidad, las obras se adjudicaron por 105.558 pesetas. El proyecto fue del arquitecto municipal, recién llegado a la Isla, Antonio Pintor.

De la importancia que, durante años, adquirió el coso taurino de las Ramblas, quedan los nombres de los toreros que pisaron su arena. Entre los más destacados figuran "Joselito", Fernando Gómez "El Gallo", Pascual Bueno "El Mejicano", los hermanos Dominguín, Miguel Báez "Litri", Palomo Linares, "El Cordobés" o el tinerfeño Avelino Rivero "Pedrucho de Canarias" -fallecido en 2005-.

Fueron años de esplendor, y también de reveses. El más importante ocurrió en 1924, cuando la plaza fue destruida parcialmente por un incendio. Sucedió el 1 de mayo de ese año y, según distintos documentos en los que se ha descrito el incidente, se supone que fue una colilla mal apagada la que generó el fuego, que comenzó por la enfermería. En la plaza se celebraba el baile de magos.

Como anécdota de esos días queda la suerte que corrieron los ocho toros de las ganaderías Gallardo y Campos Varela que estaban preparados para la lidia: fueron abatidos a tiros por la Guardia Civil. Diego Mazquiarán "Fortuna" y Antonio Lara "Larita" eran los toreros.

Superado ese trance, el coso taurino de la capital reabrió tres años más tarde, también un 1 de mayo. Sobra decir que el lleno fue "hasta la bandera". El privilegio en el ruedo lo tuvieron Pepe Belmonte y Angelillo de Triana.

Así transcurrió la actividad durante décadas. Con mucho éxito en ocasiones. El paso de los años, sin embargo, traería el declive del fervor taurino. La década de los setenta del siglo pasado marcó un antes y un después en los espectáculos con toros que se celebraron en la plaza de la capital. Por ponerle un final, el 6 de enero de 1984 se celebró el último.

Culminaba así una ya larga historia que vincularía para siempre a Santa Cruz con el mundo de los toros. No obstante, lo que aconteció después fue tan sorprendente como la idea inicial de construir una plaza así.

De la mano del por aquel entonces teniente de alcalde de Santa Cruz, Adán Martín, y solo un año después de que acabaran las celebraciones taurinas, la plaza de toros quedaría unida de por vida con la mayor fiesta de la capital: el Carnaval.

Con el asesoramiento de Narciso Ibáñez Serrador -el guion de la historia del recinto bien podría ser de este realizador-, la plaza acogió en 1985, por primera vez, la gala de elección de la reina. El célebre José Tamayo fue el director que lideró el salto desde el teatro Guimerá.

Por añadir un detalle: para esos espectáculos se llegaron a vender hasta 5.400 entradas. Dos mil de esas personas los veían desde el ruedo. El resto se distribuía en otras partes de la plaza, que contaba con catorce palcos.

Tras la primera celebración de 1985 llegaron otras en años sucesivos. Además de concursos relacionados con la fiesta de la máscara, que muchos aún añoran, el recinto taurino de las Ramblas acogió durante estos años conciertos de artistas y grupos de renombre como Joe Cocker, Celia Cruz, Rubén Blades, Mecano, Radio Futura, Alaska y Dinarama, El Último de la Fila, Silvio Rodríguez, Miles Davis o Jerry Lee Lewis, entre otros muchos.

También albergó competiciones deportivas de boxeo y lucha canaria, algún mitin político, e, incluso, vivió una etapa como cine de verano y como terraza estival. Transcurrían, por ese entonces, los años 90. El declive llegaría un poco después, en la siguiente década.

En 2006, y ya en estado de semiabandono, la empresa Alicnur se hizo con el 80% del accionariado de la comunidad de bienes. La plaza de toros había sido vendida.

La entrada de Alicnur en el consejo de administración se entendió como "una corriente de aire fresco", pues traía aparejada la redacción de un anteproyecto técnico que perseguía una combinación de volúmenes y vacíos. En definitiva, adaptar el recinto a la actualidad. Eso sí, contemplaba la demolición de parte de él. Sin embargo, esa idea no fraguó.

Hubo que esperar unos años para conocer la siguiente idea con la que se trató de encauzar el futuro del edificio. Con Miguel Zerolo como alcalde de Santa Cruz, el ayuntamiento convocó un concurso de ideas que, a priori, definiría los nuevos usos de la instalación.

Y en una época en la que no se valoraban tanto los gastos, lo cierto es que la iniciativa fue un éxito. En total se presentaron 35 proyectos, con planteamientos tan llamativos como la construcción de unas torres residenciales, zonas de ocio y aparcamientos e, incluso, la desaparición del recinto taurino.

La ganadora del concurso fue la propuesta "Plaza de Todos", que combinaba dos plantas de aparcamientos con viviendas y zonas de ocio y paseo. Transcurría el verano de 2008.

¿Qué pasó después? En una información que publicó El Día dos años más tarde ya se daba cuenta de que la "Plaza de Todos" seguía sin ser de nadie. Entre los argumentos que se esgrimían para que no se hubiera actuado figuraba la falta de aprobación del PGO. Por añadir otro detalle, el documento de ordenación urbanística no fue aprobado hasta el año 2013, y con muchos de sus ámbitos suspendidos.

Es más, la activación del plan no supuso ningún cambio. El intento de declarar BIC el edificio fracasó -está incluida en el conocido como Plan Especial del Barrio de Los Hoteles, sin desarrollar- y el deterioro continuó imparable.

De hecho, a finales de 2013 la Gerencia de Urbanismo obligó a los dueños a asegurar y vaciar el edificio al entender que parte del material que había en su interior podía ser peligroso.

Y en 2016 volvió a requerir a los propietarios la realización de las obras necesarias para garantizar la seguridad, con la amenaza de acudir a los tribunales si no se atendía el requerimiento. Los trabajos se llevaron a efecto.

Desde ese momento, poco o nada ha cambiado, salvo el paso del tiempo. En la Rambla que la vio crecer, la plaza de toros sigue afrontando una faena sin fin.

Prohibidas las corridas de toros en las Islas

Aunque la actividad taurina en las Islas, en concreto en Tenerife, casi había desaparecido unos años antes, en 1991 se le dio la puntilla. Pese a las dudas que más tarde surgieron en el mundo de la tauromaquia, lo cierto es que la Ley de Protección de los Animales, que aprobó el Parlamento de Canarias el 18 de abril de ese mismo año puso, punto y final a las pocas esperanzas que se podían albergar para recuperar las corridas de toros. Esa norma fue, curiosamente, impulsada por un diputado, Miguel Cabrera Pérez Camacho, entonces en las AIC y ahora en el PP, formación que siempre ha estado vinculada, más que otras, al mundo de los toros.

El propio Camacho ha recordado en varias ocasiones que la prohibición en las Islas arrancó con una proposición de ley impulsada por él mismo en 1989 que no fue aprobada en el Parlamento regional. No obstante, al año siguiente se volvió a intentar, pero esta vez a través de una iniciativa legislativa popular respaldada por 25.000 firmas. Con esos apoyos, el Gobierno de Canarias asumió el texto y lo tramitó como un proyecto de ley que era casi una copia del que en 1989 había presentado en solitario, pero que no logró incluir la prohibición de las peleas de gallos.