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JUICIO NÓOS

Los seis deslices de la comunicación no verbal de la infanta Cristina

Santa Cruz de Tenerife, EFE
4/mar/16 12:15 PM
eldia.es
La infanta Cristina junto a su esposo Iñaki Urdangarin, a su salida de la Escuela Balear de la Administración Pública (EBAP)./CATI CLADERA (EFE)

La infanta Cristina ha mostrado en su declaración por el juicio del caso Nóos un sobresaliente control emocional y calculadas palabras, pero también ha tenido "seis deslices" en su comunicación no verbal, afirma el consultor de comunicación César Toledo.

César Toledo, que es experto en análisis y máster en comportamiento no verbal por la Universidad Camilo José Cela y la Fundación Universitaria Behavior & Law, afirma en su página "analisisnoverbal.com", de la que es fundador, que no fueron fáciles de apreciar a simple vista algunos de los deslices registrados en este ámbito por la infanta.

Pero seis de ellos "revelan una información mucho más interesante que sus calculadísimas palabras", pues las respuestas de la infanta Cristina a su abogado defensor estaban perfectamente ensayadas, añade.

Así lo delató la lentitud y monotonía de su voz -casi sin alteraciones prosódicas. y los movimientos oculares elevando la mirada al vacío para repasar los contenidos memorizados antes de expresarlos, indica Toledo.

Todo estaba muy calculado, incluidas las amables sonrisas sociales obsequiadas a la presidenta del Tribunal, cuando se dirigió respetuosamente a ella y el resto del tiempo, seriedad en una cara donde las emociones casi no tuvieron reflejo.

A juicio del experto, la infanta parecía muy tranquila y segura de lo que estaba haciendo sin caer en el error del primer día en la sala, cuando su rigidez expresiva pudo hacerle parecer soberbia, y este magnífico resultado obtenido con su sobresaliente gestión emocional aporta "precisamente mayor trascendencia a estos seis deslices conductuales".

El primero, la mueca y el tono irónico al negar que su participación en la constitución de las empresas del marido tuviera por objeto ser "un escudo" frente a Hacienda.

"Quedó patente que ella lo entiende al revés y considera que su presencia provocaba el efecto contrario: un mayor control por parte de la Administración", asegura César Toledo.

El segundo desliz detectado por este experto es el desconcierto en la cara cuando su abogado utiliza el tiempo presente para preguntarle en quién confía, poniendo en evidencia el error del letrado en la formulación de una pregunta que habían ensayado de otra manera: "¿En quién confiaba?" Ella misma acaba riéndose y provocando la hilaridad generalizada en la sala.

Un tercer desliz es el incremento de gestos ilustradores con las manos cuando explica cómo se "iba temprano de casa" y no sabía quién entraba o salía del despacho de su marido.

Es uno de los pocos momentos evocados realmente en su memoria emocional y por este motivo los gestos resultan congruentes con las palabras. Son un indicador de credibilidad que no aparece con esa elocuencia el resto del tiempo, afirma Toledo.

En cuanto al cuarto "desliz" en la comunicación no verbal de la infanta es la incongruencia al negar asintiendo con la cabeza que supiese cómo contrataban al personal doméstico a su servicio, pues según Toledo, "obviamente alguna de las dos respuestas no es cierta: la verbal o la gestual".

El quinto es la dificultad para contener la emoción al recordar la edad de sus hijos cuando ocurrieron los hechos ("eran bien pequeños") y explica que estaban dedicados a ellos, un momento en que su profunda espiración es perfectamente audible.

Por último y quizás el desliz conductual de mayor calado judicial, el largo silencio, pausa y duda en el momento de responder a la pregunta de si disponía de cuentas bancarias en paraísos fiscales.

César Toledo apunta que no tiene por qué ser un indicador infalible de falsedad aunque puede transmitir esa apariencia a quien lo escucha.

"Ese es precisamente, uno de los problemas de llevar tan aprendidas las respuestas y calculadas las palabras, que la memoria nos puede jugar una mala pasada y minar nuestra credibilidad", señala el especialista, para quien el paso de la infanta Cristina por el banquillo de los acusados "nos deja una buena actuación desde el punto de vista de la comunicación no verbal gracias a la estrategia protectora" de su defensa.

"Nunca sabremos si la aparente calma y temple hubiesen sido los mismos respondiendo al interrogatorio de la acusación popular", apostilla.

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