Gastronomía

La gastronomía drusa, un puente entre pueblos y una ventana al mundo

Jessica Martín/Abraham Andreu., Madrid, EFE
21/dic/17 11:24 AM
eldia.es

La gastronomía de Israel tiene tantas caras como el propio país. Una de ellas la exhibe la comunidad drusa, cuya cocina -de esencia mediterránea- es un "puente" entre pueblos y una ventana por la que asomarse a una minoría religiosa que transmite mensajes de paz y convivencia a través de la comida.

Hablar de gastronomía israelí es hablar de "fusión", ya que en sus platos están presentes los ingredientes más comunes en la cocina mediterránea y en todo oriente medio: vegetales, legumbres, especias o pan de pita.

Dentro de esa gama de sabores que ofrece un país en el que sus habitantes son mayormente inmigrantes, la gastronomía drusa es una de las más "especiales" porque es alabada en todos los rincones. Es una muestra de que la comida puede ser "un puente entre pueblos", según explica a Efe la chef Nora Hasseisi.

Ella, una cocinera de 63 años que enciende fogones desde los 12, pertenece a esa minoría religiosa dentro del mundo árabe que habita principalmente en Siria, el Líbano, Jordania e Israel, el país en el que reside y al que representa este año en la Navideña Feria Internacional de las Culturas, que se celebra en Matadero Madrid entre el 15 y el 29 de diciembre.

"En Israel estamos muy unidos con los drusos. No es una comunidad alejada, sino que está muy vinculada a nosotros, somos uno", dice Hagit Mualem, consejera directora del departamento de Cultura y Are en la Embajada de Israel en España.

Una de las principales características de la gastronomía drusa es la frescura de la materia prima; con frecuencia vegetales que van directamente "del campo a la mesa" y que se utilizan en platos tan típicos como el mansaf, un arroz cocinado con cordero que Hasseisi prepara en su restaurante, ubicado en el centro de la localidad de Daliat el Carmil, al norte de Israel.

"Servir, amar y respetar al otro es parte de nuestra cultura", dice la chef con una gran sonrisa para describir la conexión entre los principios de su comunidad y la gastronomía, considerada por ellos como "una fiesta".

Detrás de su carrera como chef hay una anécdota que la drusa relata con orgullo, pero de forma modesta: "Cuando trabajaba en la cocina de un hotel la gente preguntaba que quién había preparado los platos. Empezaron a conocerme poco a poco".

Entonces, el chef Haim Cohen, uno de los más reconocidos en Israel y con el que trabajaba de cocinera en su restaurante le hizo una tarjeta de contacto para que pudiera repartirla y organizar comidas en grupo en su propia casa.

"Yo recibía gustosamente, pero no como clientes. Después de la primera comida, el chef cogió el dinero de la cuenta y me dijo que ese era el comienzo de un nuevo restaurante que yo abriría", relata Hasseisi.

Abrir las puertas de su hogar a los demás -algo que forma parte de la cultura de los drusos- le permitió a Hasseisi montar su propio local bajo esa misma filosofía y con la valentía que, dice, requería.

"Para las mujeres drusas, la única frontera, hoy en día, es el cielo", asegura la chef, que cuenta con un equipo mayormente femenino. El único hombre en su restaurante, dice riendo, es un rabino.

"Ella es ahora muy popular en su pueblo y a su restaurante llegan turistas de todas partes del mundo para probar sus platos y también de otros pueblos de Israel", apunta Hamutal Rogel, portavoz de la Embajada de Israel en España.

Por eso, aunque los drusos no profesan la religión judía, Hasseisi ofrece alimentos "kósher", que son los que se ajustan a las regulaciones de la "kashrut" (la ley dietética de los judíos), que impide, por ejemplo, mezclar carne con productos lácteos.

"Para los drusos la comida forma parte de la cultura, de las fiestas, de la vida cotidiana. Es el corazón de todo eso", añade Rogel sobre una comunidad que ve en la gastronomía el reflejo de su propia historia.