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El elevado peaje de la lejanía

Cada dos semanas, los equipos de Tenerife con menos recursos que compiten en categoría nacional marchan hacia tierras peninsulares con cierta incertidumbre acerca de si van a arribar a sus destinos, donde deben competir... y ganar.
Jacobo Rodríguez
21/nov/16 6:21 AM
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El elevado peaje de la lejanía

V uelos que salen tarde, o que directamente no parten. Incontables kilómetros en coche o guagua. Comidas rápidas; cuando no, simples bocadillos a bordo. Y horas, muchas horas invertidas. Son parte de los avatares que normalmente suelen padecer los clubes tinerfeños más modestos que compiten en categoría nacional. Todo, con tal de llegar a la hora -no siempre sucede- de sus partidos programados lejos de las Islas, poco afortunadas en estos casos.

El pasado fin de semana, el Acuasport Tenerife Echeyde realizó el peor desplazamiento del año. Dos días tardó la expedición en viajar a Ceuta para jugar frente al Caballa y volver a casa. "Tuvimos que coger un avión, hacer noche, ir varias horas en coche y, por último, montarnos en un barco", desvela el presidente del club de waterpolo, David Rivas. Todo, "casi sin tiempo para comer".

Desde el viernes comenzó la tensión. "Se retrasó el avión que venía a por nosotros. Si no llega a entrar en Los Rodeos porque lo cierran, no hubiéramos jugado", aclara. La cuestión económica sale a relucir. "Siempre estamos en el límite porque tenemos que abaratar costes. Viajar el mismo día de la competición se nota por muy en forma que el equipo esté".

Hace dos semanas, se canceló el vuelo que debía llevar a los tinerfeños a Sevilla. Partieron un día después y llegaron "una hora y media antes del partido". Perdieron el choque. El único hasta ahora.

Sufridor de contratiempos en sus propias carnes, José Antonio Rodríguez, delegado del Cuesta Piedra de Voleibol, cuenta las vicisitudes que tuvo que padecer su equipo para llegar a Gijón hace unos años. Las santacruceras se debían enfrentar al Covadonga en la máxima categoría. El trayecto hasta Asturias también fue de máxima... dificultad.

"Nos derivaron hacia el Aeropuerto Reina Sofía por la niebla en el Norte. El vuelo no acababa de salir e incluso dábamos el partido por perdido. Al final, llegamos a Madrid, temprano, donde supuestamente nos esperaba un enlace. Ya había partido. La compañía nos compensó, tras mucho reclamar, con dos micros pagados por ellos", confiesa.

El trayecto se puso más cuesta arriba... con la llegada de los puertos. "Salimos a las diez de la mañana y llegamos a las cuatro y media. El partido era a las cinco. Una de nuestras jugadoras se tenía que ir a vomitar al baño del estrés y del cansancio tan grande que teníamos", explica un Rodríguez que atesora en su memoria "las muchas veces que hemos tenido que dormir en los aeropuertos", antes de competir.

Con 20 años ya en la Isla, el avilesino Rubén Humada conoce lo que significa competir desde tan lejos. Jugador del histórico Tres de Mayo y entrenador, en los últimos tiempos, de buena parte de los representativos, el actual técnico del Tejina Tenerife de Balonmano cree que es un "sacrificio. Nos tiene que gustar mucho. Le quitas muchas horas a la familia, sin tener más contraprestación que la representación del deporte, la Isla y el club a los que quieres".

Este fin de semana, la entidad lagunera viajó a Santiago, aunque la niebla en la capital gallega puso en tela de juicio sus planes. "Si salen mal, tenemos que improvisar. No tenemos las facilidades de los equipos profesionales". En cualquier caso, dice, "cuando vuelves a casa con la victoria se te olvida el mal trago". El Tejina cedió ayer, llegó a altas horas de la noche al Sur y luego tuvo que coger una guagua para dejar a cada integrante en sus respectivos domicilios.

También se pueden presentar complicaciones cuando hay algo tan importante en juego como un ascenso de categoría. Le pasó al Tenerife Iberia Toscal de Fútbol Sala antes de afrontar la ida frente al vasco Zierbena.

"Tuvimos que organizar el viaje una semana antes. Era un fin de semana largo puesto que el lunes era Día de Canarias", relata el presidente Sergio Aguilar. "Por un lado, los precios eran muy caros; y por el otro, era imposible meter a un grupo de 15 personas en un mismo avión".

¿Cómo lo solventaron? Hubo que volar de manera escalonada. "El viernes, un grupo salió a las siete de la mañana y otro a las once. No pudimos conseguir viajes relativamente baratos de Madrid hasta Bilbao y fuimos en coche. En la vuelta, tuvimos que hacer noche en el aeropuerto -Barajas-".

Recientemente, en un vuelo Madrid-La Coruña "nos dijeron que había overbooking y que siete de nuestros jugadores no podían volar. Al final lo pudimos gestionar y pudieron viajar todos", resalta Aguilar.

Los viajes a Madrid son los considerados "cómodos" para las entidades. Sin embargo, hace dos semanas, el Vega Lagunera Adareva de Baloncesto se las deseó para llegar a su partido frente al Distrito Olímpico.

"El avión de las siete estaba averiado. Cogimos el de las diez, que al final salió a las once. Llegamos justas a Madrid. Al final, acabamos comprando comida para llevar en un McDonald's. Comimos sentadas en la grada y después jugamos el partido", explica la preparadora María Sosa.

La entrenadora rememora, del mismo modo, la vuelta desde Cortegada -Orense- en la campaña pasada. "Terminamos el partido y cogimos coche durante ocho horas sin parar hasta Madrid, ya que el vuelo salía a las cinco de la mañana. No dormimos ni comimos nada y encima nos nevó".