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Dos oficios que crecieron a través de la mirada de un niño

Antonio Rodríguez, que acaba de representar a Tenerife en una feria de artesanía de Italia, asegura que su pasión por la roseta y el calado se fraguó a partir de los cinco años.
El Día
24/sep/17 6:14 AM
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Dos oficios que crecieron a través de la mirada de un niño

A ntonio Rodríguez, artesano tinerfeño con dos oficios textiles en su haber, los de calador y rosetero, representó recientemente a la artesanía local en la V edición del Mercado Internacional del calado y el bordado "Fili in Trama", que se celebró en Panicale (Perugia - Italia) y donde la Roseta causó una gran expectación. Rodríguez acudió, en calidad de artesano, junto con la delegación de técnicos insulares de la Empresa Insular de Artesanía del Cabildo de Tenerife, que estuvieron al frente del puesto institucional de los encajes.

Rodríguez tiene claro que su pasión por la artesanía la lleva en la sangre, pues se crio entre costuras, calados, piques y rosetas. Su familia procede del sur de la isla, donde las mujeres dedicaban su tiempo libre a realizar labores artesanas generalmente textiles, para completar el sustento de la familia: "Recuerdo desde que era un niño contemplar, con una enorme curiosidad, a mi abuela paterna realizando las rosetas, cómo iba pasando el hilo entre los alfileres clavados en el pique, hasta completar una trama que luego iba uniendo con aguja e hilo formando figuras que me recordaban soles y estrellas". "Fue tanta la insistencia en querer aprender, que la convencí para que me enseñara y a los cinco años ya realizaba mis pequeñas y sencillas rosetas". "El calado lo aprendí de mi madre, de admirar cómo sus manos con unos objetos tan sencillos, unas tijeras, una aguja e hilo, iban formando estructuras en la tela que acababan en magníficos manteles, juegos de cama y otros encargos que le hacían llegar", añadiendo que "para mí era y sigue siendo algo mágico"

Aunque aprendió desde niño ambos oficios, no se dedicó de lleno a la artesanía hasta hace tres años, y es en 2016 cuando decidió presentarse a las pruebas para obtener el carné oficial de artesano. Eso sí, antes colaboró con otros artesanos, como el rosetero y diseñador de trajes de carnaval Eduardo Martín, en algunos proyectos, como la elaboración del traje de la Reina Infantil del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2016, en el que la figura de la roseta fue la base central del diseño. También es el creador de las espectaculares y gigantescas rosetas que lucieron en el escenario central de las Fiestas de Mayo 2017, en Los Realejos.

Rodríguez siempre dedicó parte de su ocio a estas labores artesanas. "Esto es como una adicción, necesito construir con mis manos y trabajar en el bastidor o en el pique". Con 21 años viajó a Madrid para pasar una semana de vacaciones. "Llegué, conseguí trabajo y al final me quedé en los madriles diez años", enumera. No llevaba sino una pequeña maleta, y por supuesto no cargó con sus utensilios artesanales, así que un día que salió a pasear por las afueras de Móstoles vio que estaban segando en unas fincas, no pudo resistir la tentación y agarró un poco de paja con la que al volver a casa se hizo un pique. Todo lo que hacía lo regalaba, así que todos sus amigos de Madrid tienen un recuerdo de su trabajo.

Rodríguez resume la experiencia vivida recientemente en suelo italiano como "genial e impresionante". Fili in Trama es una de las principales ferias dedicadas al sector del encaje y del bordado y en esta quinta edición el evento adquirió un carácter internacional, participando delegaciones de varios países europeos como Alemania, Portugal, Francia, Irlanda, Rusia y España, que estuvo representada por el tinerfeño.

"La acogida fue fantástica, tanto a nivel institucional, como por la organización, los vecinos del pueblo de Panicale, por el resto de delegaciones internacionales y por los miles de visitantes que se acercaban a preguntar al stand institucional o interesados en aprender en los talleres en vivo".

A nivel profesional, Antonio considera que como artesano la experiencia del intercambio internacional en formación técnica, artística e incluso comercial, ha sido muy enriquecedora. Incluso la organización de la feria fue original y muy novedosa, diferente a las ferias a las que estamos acostumbrados en las que las carpas o un gran edificio en el que se montan stands son su base estructural. En Panicale se colocaron algunas carpas informativas, pero los "stands" tanto de las delegaciones internacionales como de los más de 70 artesanos que representaban a las distintas escuelas de encaje y bordado italianas, se desarrollaron en pequeños espacios de edificios y casas del pueblo. El "stand" institucional del Cabildo de Tenerife sobre el calado y la roseta se ubicó en una casa del siglo XIV, que había pertenecido a un cardenal. "Me traigo una experiencia inolvidable, tanto a nivel cultural como personal, de la que destaco los intercambios con artesanos sobre todo en la forma de trabajar el hilo y cómo lo adaptan a sus posibilidades", elogió.