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El póker de Andrés Santana

El productor grancanario confirma que "Nadie quiere la noche", proyecto con el que conquistó su cuarto Goya, no será su última película. "El cine es un veneno que llevo en el cuerpo, pero tampoco concibo mi vida sin él", precisa.
Jorge Dávila (@davilatoor)
14/feb/16 0:34 AM
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El póker de Andrés Santana

N o es un desmentido, pero sí una puntualización que destierra definitivamente el apocalíptico titular que apareció en una entrevista publicada por un blog especializado. "Yo no dije que me estuviera planteando dejar el cine, pero sí que tras un trabajo de esta magnitud no sé si me plantearía volver a hacer una película", admite el productor de "Nadie quiere la noche" después de conquistar su cuarto Goya por un proyecto que dirigió Isabel Coixet y que colocó a Andrés Santana y a Marta Miró al frente de una producción extenuante. "Grabamos en Noruega a unas temperaturas que llegaron a los -20 grados", precisa el grancanario en relación a una cinta con localizaciones en Bulgaria y Tenerife.

"El cine es un veneno que llevo en el cuerpo, pero tampoco concibo mi vida sin él...", relata en un instante de la conversación en la que acota que "a veces sueltas unas frases que vienen condicionadas por el estado de ánimo en el que estás... Esta película fue agotadora, pero ya no hay remedio. ¡Estoy trabajando en otra! Esto es un vicio y, además, no sé hacer otra cosa", explica un profesional del séptimo arte que acumula cuatro bustos del pintor aragonés en su palmarés.

Andrés Santana lleva más de cuatro décadas ligado a la industria del cine, su nombre aparece en los créditos de más de un centenar de títulos y, a su vez, ejerció las labores de productor en 19 filmes. "En Blackthorn nos pudimos matar en las carreteras de Bolivia, pero este proyecto -la inversión de "Nadie quiere la noche superó los 6,5 millones de euros- supuso sacar adelante un reto superior", recuerda de la aventura dirigida por Mateo Gil alrededor de la leyenda de Butch Cassidy. "Fuimos a ver localizaciones para reproducirlas en otro espacio, pero nos gustó tanto lo que encontramos que decidimos que el rodaje se tenía que quedar allí. El problema es que en Bolivia prácticamente solo hay una vía principal y esta es de tierra, no hay policías y la gente muere en esas carreteras porque llevan los neumáticos al límite. ¡Los mantienen hasta que revientan!", recuerda de la experiencia vivida en el Altiplano.

La emoción le jugó a Santana una mala pasada en el momento en el que tuvo que recoger su última recompensa. "En la gala de los Goya me quedé en blanco... Tenía tantas cosas que agradecer que me hice un lío, pero todo fue muy natural", recuerda el canario de un instante vivido en compañía de Marta Miró. "Se juntó la tensión de una gala en la que habían cuatro o cinco películas muy buenas. Cualquiera de ellas podía ganar. Es verdad que Truman se presentó con el aval de ser una de las propuestas que más dio que hablar, pero es difícil ganar con claridad cuando existe tanta calidad", explica sobre los cuatro Goya que sumó la propuesta presentada por Isabel Coixet.

Al margen de lo que pueda suceder en el futuro, lo que sí tiene claro Santana es que en 2017 no volverá a tener que improvisar un discurso en la fiesta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. "Eso es algo que no ocurrirá porque no tengo película", desvela un profesional que necesita alrededor de tres años para levantar una producción. "Ver imágenes forma parte de mi rutina; yo no entiendo la vida en otro formato que no sea el de una película... De alguna manera me he entregado a este oficio".

Sobre la efervescencia que tuvo Canarias en la última edición de los Goya -con media docena de propuestas con localizaciones insulares-, Andrés Santana cree que esto es algo que ya ocurrió hace unos años en el País Vasco. "Yo tuve la suerte de experimentar ese auge al lado de distintos directores y eso supuso la creación de un tejido especializado que está generando buenos resultados a la industria nacional".

El gran "conseguidor" de "Nadie quiere la noche considera que el cine que se rueda en la actualidad en España se ha descentralizado. "Ya no solo mandan Madrid o Barcelona, sino que todo se ha diversificado. En este sentido, la industria del cine en el Archipiélago crecerá en los próximos años si el apoyo institucional es constante", vaticina al tiempo que analiza el impacto que han tenido las grandes producciones en las Islas.

El rodaje barcelonés de Woody Allen se cuela en la conversación para explicar que "si Ridley Scott o Steven Spielberg anuncian que van a trabajar en Canarias habrá muchos americanos que irán a un mapa para buscan dónde está ese sitio", asevera sin perder de vista que "la publicidad que Allen le hizo a Barcelona, mostrando los lugares más emblemáticos de la ciudad, no se puede pagar ni con todo el dinero del mundo. Es cierto que hay que tener cierto control, pero cuando los americanos ruedan aquí no se llevan plátanos; se llevan imágenes... Eso tiene un gran potencial económico", incide Santana sobre un negocio que genera una gran riqueza. "En las Islas tenemos algo más que unos interesantes incentivos fiscales. Eso también lo tienen en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Si vienen es porque han encontrado algo más", concluye Andrés Santana.

SUS FRases

"Cuando los americanos ruedan aquí no se llevan plátanos; se llevan imágenes... Eso tiene un enorme potencial económico".

"En la gala de los Goya me quedé en blanco. Tenía tantas cosas que agradecer que me hice un lío, pero todo fue muy natural".

"Ver imágenes forma parte de mi rutina; yo no entiendo la vida en otro formato que no sea el de una película".

"En las Islas tenemos algo más que unos interesantes incentivos fiscales. Si vienen es porque han encontrado algo más...".

"La industria del cine en el Archipiélago crecerá en los próximos años si el apoyo institucional es constante".

"En Blackthorn nos pudimos matar en las carreteras de Bolivia, pero este proyecto supuso sacar adelante un reto superior".

Vea aquí el tráiler oficial del filme "Nadie quiere la noche", que dirigió Isabel Coixet.