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Las memorias de Rajoy (y Soraya)

12/sep/18 6:09 AM
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Viendo este martes las imágenes de los primeros concentrados en la Diada y leyendo las declaraciones desde la prisión de Oriol Junqueras, tan diferentes a lo que vienen diciendo Puigdemont y el propio Torra, me asaltó de pronto la idea de que necesitamos de manera imprescindible unas memorias de Mariano Rajoy. Y también, por cierto, de Soraya Sáenz de Santamaría. Porque precisamos saber qué pasó, por qué se fastidió -digámoslo así, que es más fino- el clima que parecía haberse creado cuando el entonces vicepresidente de la Generalitat y líder de Esquerra posaba sus manos afectuosas sobre los hombros de la entonces vicepresidenta del Gobierno central, todo ello en presencia, sonriente, del Rey.

Ni dos años hace de aquella imagen. Hoy, doña Soraya ha dicho adiós a la política, lo mismo que su jefe Rajoy, Junqueras está entre rejas y al Rey pretenden ni siquiera dejarle entrar en Cataluña. Había una "operación diálogo" en marcha, protagonizada por la señora Sáenz de Santamaría y por Junqueras, el Jefe del estado iba día si día no a Barcelona o a otros puntos de Cataluña, y Puigdemont, que también andaba por allí en plan molt honorable, ahora se encuentra fugado y haciéndole cuantos agujeros puede, desde Waterloo, a la delicada epidermis del Estado. ¿Qué pasó, dónde se "fastidió" la cosa, por culpa de quién? Algún día habrá que hacer una historia desapasionada, implacable aunque serena, de todo lo que nos ha venido sucediendo en los dos, tres, últimos años de vida política. Y es que los historiadores, como los periodistas, necesitan datos, hechos que no se han contemplado ni conocido, pero que quizá expliquen muchas de las desventuras que han acaecido en las relaciones entre Cataluña y el resto de España.

Por eso, alguna vez he dicho que debería ser obligatorio que los principales dirigentes políticos, cuando, por voluntad propia o ajena, salen de sus funciones, escribiesen una versión fiable, contrastable, de sus memorias, abandonando territorios de lo políticamente correcto y del llamado 'interés de Estado', que tantas veces es, en el fondo, 'interés del que se creía estadista'.

Pienso que sería muy conveniente que los ciudadanos supiésemos qué se ofreció a los secesionistas catalanes hace poco más de un año, cuáles de sus peticiones fueron rehusadas, de qué se habló en aquella 'operación diálogo', si es que lo hubo y por qué todo se fue al garete un día de finales de octubre de 2017, cuando Puigdemont estuvo a punto de convocar elecciones, olvidando, por tanto, su declaración unilateral de independencia, y a última hora no lo hizo, desencadenando de este modo todas las tempestades del infierno. Seguro que Rajoy, al que una moción de censura desalojó del cargo de manera del todo imprevista incluso para el propio Pedro Sánchez, seguro que doña Soraya también, saben con una precisión de la que nosotros estamos huérfanos qué es lo que ha llevado al pésimo desenlace que, hasta el momento, hemos tenido. Por qué el enorme choque de trenes y si se pudo evitar. Y no, no hablo de unas memorias edulcoradas al uso, de esas que olvidan lo desagradable y potencian lo positivo, de esas que cabalgan entre la adulación, el ego superlativo y la "vendetta". Porque resulta que me temo que esta vez no ha habido traspaso de poderes --y mira que han tenido poder a toneladas-- entre el presidente y la vicepresidenta salientes y sus homólogos entrantes. Y, entonces, tal vez se hayan perdido unas claves importantísimas para saber por dónde hay que conducir esta nueva 'operación diálogo' que, confiemos, habría de recomenzar una vez que concluyan estas manifestaciones, tan caras a quienes se han instalado en el "cuanto peor, mejor". A ver, entonces: ¿para cuándo esas memorias 'de las de verdad'? Quizá también les pagamos y les votamos para que nos las escriban, aunque sea a título políticamente póstumo y, desde luego, sin cobrar derechos de autor, que bastante beca tuvieron mientras hacían y deshacían en las opacas brumas del silencio.

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