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EL EDIFICIO DE LA ESQUINA IRMA CERVINO RODRÍGUEZ

El ministro

11/jun/18 6:32 AM
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(La pasada semana les conté que Eisi había alquilado el ascensor a un tipo que aspiraba a conseguir una de las plazas del viaje sin retorno a Marte, organizado por la NASA. Nuestro vecino logró convencer a Guayota I, que es como bautizamos al astronauta, de que el ascensor era lo más parecido a una nave espacial para que se preparara física y mentalmente. El hombre aceptó la propuesta por un par de billetes al día).

La dureza del entrenamiento en aquel espacio reducido, sin contacto humano, sin aire y sin comida sumió a Guayota en una gravedad extrema cuando lo que, en realidad, necesitaba era gravedad cero. Los quejidos provenientes desde el interior del ascensor, conmovieron a Brígida que se dedicó a pasarle de estraperlo al astronauta barritas energéticas.

Todo marchaba más o menos tranquilo hasta que el miércoles a mediodía, Yeison llegó gritando.

-¡Hay que sacarlo de ahí!

-¿Por qué? ¿Acaso está infectado? -se asustó Brígida.

-No. Ese hombre es un ministro.

El silencio que siguió a estas palabras solo se rompió con el sonido gutural tipo puerta desengrasada que soltó la Padilla.

-Que sí, lo acabo de oír en la radio. El presidente del Gobierno ha nombrado ministro al astronauta.

-Chacho? Invéntate otra -se vaciló Eisi.

-Que sí -insistió Yeison-. Lo juro for mai mader.

-Es verdad dice él -aseguró Xiu Mei-, yo oír también tele que un duque ser astronauta nombrar ministro.

-Pero, aclárense -exclamó Brígida-. ¿Es duque, astronauta o ministro?

-Yo oír todo junto en tele mía.

-A ver señores -interrumpió Eisi apuntando con un levantamiento de cejas a Xiu Mei-, que la señora es china y se entera de la misa la mitad.

-Yo no voy misa, yo practicar confucionismo casa mía- dijo ella.

-Y la confusión también, señora. Así que no lo líe más.

-Oigan, pues va a ser verdad -señaló Carmela mientras nos mostraba su móvil-. Me acaba de llegar un wasap al grupo de "Afectadas por las pelusas".

-Entonces no hay duda. Está confirmado por varias fuentes. A Guayota lo han nombrado ministro. Hay que sacarlo de ahí ya mismo -advirtió Yeison.

-Un segundo; no abran la puerta todavía -pidió Brígida-. Si es ministro habrá que tratarlo con todos los honores ¿no?

-Pues sí. Ahora es un alto cargo -apuntó Úrsula.

-Rápido, que alguien traiga una alfombra roja -pidió Yeison.

-¿Tu estás tonto o qué? Vamos, hombre? Con la de pelusas que hay en este edificio, aquí no se pone ninguna alfombra -le advirtió Carmela con la fregona en posición ataque inmediato.

Yeison se marchó y, en apenas dos minutos, regresó con algo rojo entre las manos que dejó caer al suelo.

-¿Y eso? -preguntó la Padilla.

-Supermán.

-Vaya, y yo que me lo imaginaba más fornido y esas cosas -comentó María Victoria desanimada con los ojos clavados en aquel trozo de tela.

-Por favor, esa es la capa de mi disfraz de Supermán -aclaró Yeison al tiempo que la estiraba a modo de alfombra por fuera del ascensor.

Cuando todo estaba listo para abrir la puerta y liberar al ministro, Carmela alertó agitada.

-¡Quietos! He salido a tirar el cubo de agua a la calle y he visto un furgón negro aparcado en la esquina.

-Dios mío. Lo van a secuestrar -se horrorizó Brígida.

-Tenemos que cambiar de estrategia -propuso Yeison y, ante el temor de que hubieran colocado micrófonos ocultos en el portal, escribió en un papel lo que harían.

Apenas unos minutos después, Carmela abrió la puerta del edificio y Guayota salió calle abajo con la capa de Superman ondeando.

-Los hemos despistado. No creerán que es un ministro -se felicitó Yeison.

De repente, tres hombres vestidos de negro se bajaron del furgón y entraron en el edificio.

-¿Dónde está? -preguntó uno de ellos.

-Caminito de Moncloa -dijo Brígida, sacando pecho.

-Señora, me refiero al cable de televisión. Nos han llamado para que instalemos una pantalla gigante en el ático para ver el Mundial de Fútbol.

Es por aquí -les indicó Eisi a los tipos mientras contaba los billetes que el ministro le había pagado por el alquiler del ascensor.

@IrmaCervino

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