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JUAN-MANUEL GARCÍA RAMOS*

Repensar el nacionalismo canario (o del nacionalismo que hay que hablar, en respuesta a Román Rodríguez)

10/ene/17 6:24 AM
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Se trata de reflexionar sobre el nacionalismo que, a mi entender, representamos CC y PNC desde 2007, y sobre los retos que nos plantean los nuevos escenarios del pensamiento globalizado.

Hoy estamos en un tiempo político diferente, un tiempo que reclama otros reflejos: ideas-fuerza, mensajes directos al corazón, objetivos preferentes a corto, medio y largo plazo. El mundo contemporáneo evoluciona hacia una mayor homogeneidad y uniformidad -un joven de hoy chatea con amigos de medio mundo- y esta evolución perjudica a las identidades y pertenencias tradicionales, sin duda diluye los presupuestos de los nacionalismos convencionales: defensa de un territorio, de una sociedad y de una cultura.

Mientras partidos emergentes como Podemos plantean primero convertirse en portavoces hegemónicos de los indignados por la crisis de 2008 y a continuación hablan de Estado plurinacional o de autodeterminación, sin complejos, nosotros abandonamos los pocos instrumentos que nos diferenciaban del resto de las fuerzas políticas del Archipiélago, como nacionalismo atlántico no independentista, en lugar de hacer esos instrumentos más activos y operativos, y no dejarlos sin contenido. Con lo que esto conlleva de peligro de dilución de nuestro discurso ideológico y de dificultad a la hora de precisar las propuestas políticas que lleguen a nuestro potencial electorado.

¿A qué instrumentos nos referimos? Nos hemos cansado de repetirlos: Radiotelevisión canaria; Policía autonómica; control inmigratorio avalado por el informe del Parlamento Europeo de Margie Sudre, aprobado el 8 de abril de 2008 y su influencia en la carga medioambiental y demográfica soportable por nuestros territorios insulares; defensa de los canarios y residentes de larga duración a la hora de ocupar los puestos de trabajo que se creen, es decir, una Reforma laboral propia; contratos de obra pública con preferencia para las empresas canarias; desarrollo de la Ley 44/2010 de Aguas Canarias para precisar nuestras fronteras oceánicas; incremento de los presupuestos de Cultura y Educación (contenidos canarios, Academia Canaria de la Lengua) para fortalecer nuestra identidad; aspirar, usando vías constitucionales como el artículo 150.2, a una hacienda propia, tipo concierto vasco o convenio navarro; estudiar que las aseguradoras, los bancos y los hosteleros declaren beneficios en Canarias, instrumentos estos dos últimos relacionados con la ampliación del ámbito competencial por el que se caracterizan las nacionalidades, como es Canarias por lo menos en versión estatutaria desde 1996.

Con vistas al futuro, la propuesta de reforma del Estatuto en proceso de aprobación también contiene transferencias a Canarias en puertos y aeropuertos, costas y playas, telecomunicaciones, espacio radioeléctrico, sanidad exterior y relaciones comerciales con los países del África occidental, entre otras.

En una pasada reunión de cargos públicos de Tenerife en la sede de CC en Galcerán, el 23 de enero de 2016, se nos dieron a conocer los cualitativos de los sondeos de Focus Investigación [Santa Hortensia, 25, Madrid] -la sondeo-dependencia- y se nos decía que los votantes de CCPNC que pedían más nacionalismo no superaban el 4% [¿Nos hemos olvidado del nacionalismo que representó UPC en la legislatura 1979-1983, con mayoría y alcalde nacionalista en Las Palmas de Gran Canaria?] y que solo se accedía a más nacionalismo, en un alto porcentaje, si se vinculaba este a la defensa de nuestros recursos. Recursos materiales y recursos humanos, nos imaginamos. A nuestro alcance está vincular con inteligencia esa defensa de nuestros recursos con el nacionalismo que queremos practicar y defender.

Y no solo por nuestra militancia nacionalista, sino porque, desde 1996, como ya dijimos, Canarias se reconoce como nacionalidad, con lo que esa condición conlleva de derecho a desarrollarse de acuerdo a su propia personalidad geográfica e histórica y de voluntad de ser y de adquirir un nivel competencial de acuerdo a su estatus jurídico-político.

El Título VIII de la Constitución de 1978 diferenciaba entre regiones, lo que algunas comunidades consideraban una nueva vía de administración de sus territorios, y nacionalidades, sujetos políticos que aspiraban a recuperar derechos históricos de autogobierno, a comportarse como verdaderas naciones dentro del Estado plurinacional y a formular trato bilateral con dicho Estado. De las diecisiete comunidades del Estado español, Canarias es la que más diferencias históricas -colonia hasta bien entrado el siglo XIX- y geográficas presenta.

Pero el mundo ha cambiado mucho en los últimos tiempos: nos hemos globalizado, hemos contemplado cómo las empresas se deslocalizan en busca de salarios más baratos, cómo la conmoción tecnológica ha generalizado la pérdida de muchos puestos de trabajo tradicionales, cómo poco a poco se ha producido la destrucción del estado de bienestar y hemos entrado en los descontentos colectivos del estado del malestar.

Por otra parte, como nos señala Giovanni Sartoris: "El ciudadano global, el ciudadano del mundo, se siente de cualquier lugar y, así pues, está dispuesto a abrazar causas de toda naturaleza y de todas partes. En No Sens of Place (1985), el profesor estadounidense Joshua Meyrowitz plantea este tema con minuciosidad. Según él, nuestra proyección hacia el mundo nos deja sin sentido de lugar. Para Meyrowitz, la televisión fusiona comunidades distintas y de este modo hace de cualquier causa o cuestión un objeto válido de interés y de preocupación para cualquier persona del mundo".

Asistimos a una "desnacionalización" de las naciones. A un proceso de desidentidades y de replanteamientos y reformulaciones soberanistas de distinta graduación.

Dirigentes como los del PNV de hoy desvinculan nacionalismo e independencia en el mundo globalizado. Admiten que no son independentistas y que esta opción no tiene sentido en el mundo del G-7, del G-20. Se preguntan: "¿Son España o Portugal independientes de Europa cuando los Estados nacionales han perdido competencias como la moneda y los ejércitos? Según ellos, vivimos en un mundo federalizado. Estos dirigentes vascos se consideran un país pequeño dentro de España, y solicitan respeto del Estado a su autogobierno y el reconocimiento de la pluralidad de naciones". Afirman: "No demandamos independencia sino bilateralidad". No les sorprende la caída del independentismo con la globalización. Se dicen: "Hubo un tiempo en que el nacionalismo estaba acomplejado con Batasuna por su defensa de la autodeterminación", y rechazan que el nuevo modelo sea coyuntural. Concluyen que ese modelo "Ha venido para quedarse porque la globalización ha cambiado la sociedad". Su modelo es "solidario", no es el étnico de Kosovo, es "abierto e integrador".

Canarias es una identidad natural -geográfica- y cultural, y ha demostrado a lo largo del tiempo su voluntad de ser nación diferenciada. Ya Viera y Clavijo, en época muy anterior a la contemporánea, hablaba de Canarias como "cuerpo de nación original".

En adelante, se trata de invocar esa condición de identidad natural y cultural de Canarias, y de avanzar en el autogobierno y en la autolegislación que regulen nuestra convivencia sin tentaciones insularistas -Canarias como un solo pueblo en marcha-, y regulen, además, nuestro diálogo y cooperación con estructuras como el Estado español, la Unión Europea y el resto de los pueblos del mundo.

*Presidente del Partido Nacionalista Canario y diputado autonómico por la coalición electoral CC-PNC

JUAN-MANUEL GARCÍA RAMOS*