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JOSÉ MARÍA LIZUNDIA

Sindicatos de clase y sindicatos corsarios

1/nov/16 4:17 AM
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Que nadie hable ya de los sindicatos de clase confirma la inexistencia de las mismas, una deriva semántica interesante: de clase obrera, después trabajadores, a clases medias trabajadoras, es decir que la propia izquierda es incapaz de delimitar una sustantividad propia de trabajadores. Trabajador ya queda pues en atención a las consecuencias del mordisco de la manzana del Paraíso.

Así como hay ideas políticas, aunque no se vote, nadie tiene ideas sindicales porque no existen. Son principios morales litúrgicos y estériles: confianza, solidaridad... megáfono. En el movimiento de izquierda, la retaguardia, el almacén, la tropa han sido los sindicatos. Salvo para el anarcosindicalismo, el consejismo de Pannekoek y Rosa Luxemburgo. Basta conocer sumariamente la historia de la izquierda. Desde hace muchas décadas son luchas económicas por aumentos salariales, y mejoras, dirigidas al mayor consumo (de lo básico se encarga el Estado), carentes de cualquier potencial de transformación social. Es desde la política desde donde se crean hospitales, universidades y servicios sociales. Por eso, y su bajísimo nivel general, han hecho que de siempre la lucha económica haya sido vista como el paraje yermo y carente de todo interés intelectual, cultural y moral, para quien ha tenido inquietudes políticas. Este el marco, los hechos concretos: CCOO de Albacete despedía a una trabajadora embarazada. USO siempre ha permanecido en los polvorientos estantes de abajo del supermercado sindical, sin haber obtenido en su historia un único logro, cumplido algún objetivo, ni ser "más representativo". Nada. Una empresa o un partido hubiera cerrado sí o sí, como cerraron los "prochinos" ORT y PT, CDS, UPyD, y sus dirigentes mediante créditos personales hubieron de pagar las deudas contraídas. El caso de la USO nos demuestra que todo resulta indiferente, para el sindicato da igual crecer que no crecer, tener metas a no tenerlas, estar que no estar. El ejemplo de la irrelevancia absoluta. El Estado les ha dado todo (la mitología de "las conquistas" olvida muy preciadas e indiscutibles herencias): negociación, patrimonio, subvenciones, híper representación. Ocurre que ahora están prácticamente fuera del agua coleando.

Así las cosas, cabe imaginar la solvencia de los dirigentes de estas oxidadas pequeñas marcas, recientemente USO ha violado cumplidamente la ¡legislación laboral! con un trabajador abogado según sentencia judicial firme. Al desprecio que ello merece, hay que anudar su indigencia en derecho laboral y la incompetencia por no prever y evitar el gran coste económico derivado, demasiado plausible. La gerente que ha sido premiada con ¡finanzas! sigue hablando de "igualas". Dirigirá un máster.

JOSÉ MARÍA LIZUNDIA