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ANTONIO PEDRO TEJERA REYES

Se nos fue don José

13/abr/14 23:55 PM
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Fueron muchas las horas que conversamos juntos y tengo en la memoria mis almuerzos junto a él, con los Hidalgos de Nivaria, rodeados de excelentes amigos, lo cual no era obstáculo para que nuestras conversaciones fuesen siempre a parar a los mismos puntos neurálgicos: la tremenda crisis política de las Islas y la necesidad de conseguir pronto la independencia de Canarias, una constante que no podemos perder de vista, pese a quien le pese.

Sus acertadas sugerencias y reflexiones sobre la brillante intervención del empresario José Fernando Cabrera en ese mismo escenario de los Hidalgos de Nivaria, sobre la evolución de turismo en Canarias, nos llevaría a precisar, en la siguiente secuencia de esta intervención, puntos de vista y posibles soluciones para la crisis que el sector turístico canario atravesaba en esos momentos, siempre con la acertada visión de estadista que D. José Rodríguez matizaba acertadamente viendo a Canarias como un Estado soberano con todo el inmenso porvenir de un país libre e independiente, lleno de ingentes recursos nacidos por su situación geográfica en el mundo y el espíritu honesto y trabajador de los canarios, para lo que ponía siempre de ejemplo lo conseguido por la emigración canaria en los países de América.

De ello recordamos varias veces en nuestras amenas charlas la anécdota que le ocurrió en Caracas a donde viajaba, junto a varios colegas, con un presidente del Gobierno de Canarias -creo que era Manuel Hermoso- cuando, a las puertas de Hogar Canario-Venezolano, se les presentó un grupo de independentistas portando la bandera de las siete estrellas, y fueron rechazados por la directiva del citado club ante el desconcierto generalizado que se formó por "tamaño disparate".

Nos cabe el honor de haberle presentado al profesor Francisco R. González Alonso, quien ha venido colaborando en este diario desde hace ya algunos años, con sus certeros escritos sobre la necesidad de la independencia de Canarias, algo que lleva en la sangre como estudioso de la historia de las Islas, y que durante años lo "señaló" en tierras venezolanos como un personaje de cuidado, sobre todo para aquellos que aún después de haber pasado por las penalidades de la emigración presumen de ser españoles y europeos.

Nos emocionó D. José con el prólogo que nos dedicara en nuestro libro "Balcón de Venezuela", que recoge una parte de nuestros trabajos publicados en la revista LA PRENSA, de este diario. Sabíamos de su aprecio, pero el alto concepto en que tenía nuestro trabajo lo plasmó de una forma tan clara, delicada y afectuosa que nos conmovió de verdad.

Son muchos los años que venimos colaborando con EL DIA en ese balcón, que se abrió a Venezuela y que más tarde hemos agrandado llevándolo a nuestro campo de trabajo: el turismo, incluyendo, además, artículos de opinión que tiene una buena acogida entre los lectores. Nuestros serios contactos con personajes ilustres de la redacción de este diario, desgraciadamente desaparecidos, como Juan Antonio Padrón Albornoz -otro toscalero más-, que coordinó LA PRENSA por algún tiempo, siempre tuvieron la imagen de D. José como un testigo permanente de nuestra labor. "Te leo, te leo", me dijo más de una vez como saludo al encontrarnos.

Con Mercedes Rodríguez coordinando esa publicación tuvimos un brillante periodo, donde las circunstancias nos permitieron publicar auténticos reportajes sobre la evolución de Venezuela y del turismo mundial, con profusión de fotografías y una muy excelente presentación. Más de una felicitación recibimos por ello de D. José, cuyos comentarios celebrábamos con satisfacción.

Cuando fuimos asaltados y despojados de nuestras más íntimas pertenencia en el aeropuerto de Maiquetía, D. José nos consoló contándonos algo parecido que a él le había ocurrido en Barcelona, España.

Vivimos más de cuarenta años en la calle de La Rosa, en el barrio del Toscal, a tres casas de la calle San Francisco Javier, donde moraba D. José. Convivimos muy cerca, aunque la edad nos separase pues en aquel entonces -y ahora también- ocho años hacían que los de pantalón corto viviésemos una vida muy distinta a los que ya tenían "las velas largas".

Hace pocos meses vinos por última vez a D. José, en su propio despacho, tuvimos una larga conversación sobre el estado actual de Canarias y Venezuela. Le acompañe, pasillo adelante hasta el baño, y regresé con él otra vez a su despacho. Hablábamos de Roger.

Hoy, sumidos en la tristeza por la marcha del amigo, trasladamos nuestro pesar a los serios amigos que sabemos tenemos en este diario y sobre todo a María Mercedes, que tiene que saber cuánto me ha afectado la pérdida de su padre. Un fraternal abrazo para todos.

ANTONIO PEDRO TEJERA REYES