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El altar del Cristo sale del taller

El retablo, una obra única de entre los siglos XVII y XVIII, revive con la restauración de orfebrería de mayor envergadura que se ha realizado hasta ahora en el Archipiélago.
El Día
9/sep/18 22:31 PM
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Se acabó la espera. Se cumplieron los plazos. Hoy (11:00 horas, Real Santuario) el altar-tabernáculo de plata del Cristo de La Laguna regresará a su lugar habitual, el fondo del conocido templo, donde ha sido durante siglos, y casi sin quererlo, soporte de tantas miradas de fe dirigidas al Crucificado Moreno. Considerada de gran valor, esta obra ha vivido un año diferente. Es el tiempo que ha permanecido en un taller de restauración que se ha improvisado en la Sala de Juntas de la Esclavitud. Allí, pieza a pieza, y con una paciencia infinita, el equipo dirigido por Paz Navarro, del Instituto de Patrimonio Cultural de España, le ha devuelto todo su esplendor.

EL DÍA estuvo el pasado 30 de agosto en ese particular centro de operaciones. Se trata de una estancia situada en las proximidades del Santuario y que ha estado ocupada durante este período por varias mesas de trabajo. También se instaló para la ocasión una especie de mueble con repisas en el que han ido descansando, perfectamente clasificadas, las distintas piezas. "Columnas pares lado izdo. sagrario (falta madera de cornisa superior)", se podía leer en una de las referencias. Todo ello bajo la mirada atenta de varias decenas de ex esclavos mayores -cuyas fotografías cuelgan de una de las paredes laterales- y el martillo del orfebre Juan Ángel González como banda sonora.

La historia de esta restauración empieza en torno a octubre de 2017. El Santuario había sido cerrado para ser sometido a una reforma y el Cristo tuvo que ser trasladado al Hospital de Dolores, en la calle San Agustín. Era la ocasión perfecta para actuar también sobre este retablo, datado entre finales del siglo XVII y principios del XVIII y cuyas condiciones en aquel momento no eran las óptimas. Y la Esclavitud, que es la hermandad encargada de la talla y del templo, dio el paso y tuvo suerte. El Cabildo de Tenerife aceptó aportar el 80% del coste de la actuación, mientras que el 20% restante lo sufragó este colectivo lagunero, presidido por Francisco Doblas González de Aledo. "Es una fase más de los trabajos que el Cabildo está desarrollando junto a otras administraciones. En su momento colaboramos con el Obispado para la rehabilitación del Santuario y el próximo año se realizarán labores adicionales que demuestran el compromiso de la institución insular", destaca el presidente tinerfeño, Carlos Alonso, sobre la ayuda brindada.

Con los fondos asegurados dieron comienzo entonces las tareas previas (de carácter documental, analíticas, planimetrías, fotografías y vídeos) y, posteriormente, los tratamientos. En ellos, y aparte de González, han trabajado los restauradores Silvano Acosta e Isabel Rumeu, a quienes se sumaron, a través de sendas becas, Ana Agudo y Silvia Díaz. "Tenía muchas fisuras, grietas, importantes deformaciones... Son piezas que han estado sujetas a uso durante muchos siglos y es fácil que se dañen y se deformen". Lo explica Acosta, que reconoce sin ambages que el conjunto estaba "muy mal". "Antes de la limpieza hay todo un trabajo previo de enderezado, de reforzado, de devolver volúmenes, de recuperar partes que estaban muy estropeadas, rehundidas, prácticamente irreconocibles... para darles otra vez la entidad que tienen hoy", añade el profesional sobre unas anomalías que no se circunscribían a la plata, sino que también afectaban al soporte de madera.

Evidentemente, el escenario que tenían delante no era el mejor. Pero nadie dijo que iba a ser fácil. "La plata estaba muy inestable. Es un retablo que ha sido intervenido en numerosas ocasiones y, sobre todo antiguamente, con los medios que existían en esa época...", detalla el especialista, tras señalar que tuvieron que desmontar prácticamente todas las planchas para tratarlas. Ese mal estado acaba de quedar claro cuando menciona las tareas llevadas a cabo: consolidación de la madera, encolado, protección contra xilófagos, desmontaje de las piezas, enderezado, consolidación, limpieza y clavado de todos los elementos en su posición original. ¿Y alguna acción más difícil que otra? "Todas tienen su técnica, su aplicación...".

La visita realizada por este periódico coincidió con los últimos retoques de una de las partes más visibles: el sagrario. De estilo renacentista y con toques "candelieri", este sobresale por ser el más antiguo de Canarias (1676-1678). "Una vez que está clavada la plata están terminando de rematar la limpieza. Es un trabajo delicado porque cada zona hay que tratarla independientemente. Se está eliminando la sulfuración y restos de grasa y de cera que se han quedado ahí con el tiempo", mostraba Silvano.

Ha sido, apunta Isabel Rumeu, la primera vez que se desarrolla una actuación de esta envergadura en el Archipiélago y, en el caso particular de este altar-tabernáculo, nunca hasta ahora se había enfrentado a una restauración integral. "Siempre quedan flecos y cosas de última hora, pero hemos ido bastante bien en tiempo", afirma el restaurador sobre los plazos, y se detiene también en la importancia del futuro mantenimiento. "Es muy importante; de nada serviría este trabajo que estamos haciendo para que luego, en poco tiempo, por negligencias, golpes o mal uso de estos objetos, vuelvan a dañarse. Para eso la dirección dará unas pautas y un protocolo de limpieza", manifestaba desde el taller.

Mientras Acosta relataba los pormenores de la operación, sus compañeros no paraban de frotar con delicadeza -o acariciar, más bien- la plata utilizando para ello objetos poco comunes a ojos del profano. "Ha sido una experiencia espectacularmente enriquecedora", asegura Ana Agudo, recién salida de la facultad y a la que una beca le ha permitido formar parte del equipo. "Ha sido como llegar y besar el santo", agrega la joven. También positivo es el balance que extrae su compañera Silvia Díaz, que justamente había dedicado su trabajo fin de grado a los retablos en Canarias. "Estar en este proyecto me ha permitido conocer tanto la estructura como la cara exterior, así como la labor realizada por diferentes profesionales", mantiene.

La llegada de Ana y Silvia a este campo contrasta con las vivencias del orfebre Juan Ángel González, que cumple 72 años el próximo mes. Después de atender miles de encargos durante toda una vida en su taller de la calle Lucas Vega, ya estaba jubilado y le plantearon que se encargarse del ámbito de la orfebrería de la restauración de este retablo. Aceptó. Y como consecuencia, y además de volver al martillo y a sus hierros de repujar, ha tenido que hacer un pequeño impás en su retiro y darse de alta como autónomo. "Ha sido un equipo de primera categoría", sentencia Francisco Doblas, que también pone de relieve que las becarias hayan podido aprovechar el proceso, así como el resultado final, ese que hoy acabará de salir del taller y que cierra el triángulo de la restauración del principal cuerpo patrimonial de la Esclavitud: la imagen del Cristo, reparada en 2012, y ahora el Real Santuario y el altar.

El equipo A... y el equipo B

La distribución del trabajo para esta restauración recuerda por un momento a las matrioskas, esas muñecas rusas que siempre guardan otra en el interior. Y es que debajo de la dirección de Paz Navarro, y de la labor de Silvano Acosta, Isabel Rumeu, Juan Ángel González, Ana Agudo y Silvia Díaz, hay una relación amplia de otros profesionales.

Según enumera Acosta, han participado el taller de carpintería de Antonio Lutzardo y el herrero icodense Moisés Afonso, así como el Segai, dependiente de la Universidad de La Laguna y cuyos análisis metalográficos realizó el doctor Marcos Frías. También se sumaron el laboratorio Arte-Lab, dirigido por Antonio Sánchez y que efectuó los análisis de maderas y soportes, y el de Enrique Parra, encargado en este caso de los estudios de policromía. Esta otra parte del equipo, si cabe menos visible, la completa el historiador local Carlos Rodríguez Morales, doctor en Historia del Arte, que se ocupó de las tareas de carácter histórico.

"No es solo artesanía, sino un trabajo de restauración muy bien apoyado y dirigido por el Instituto de Patrimonio Cultural de España", sostiene Silvano Acosta, que destaca, además, la "calidad profesional y humana" de la dirección, con quien han mantenido una comunicación diaria. "Ha hecho visitas todos los meses para certificar que nuestro trabajo estaba en orden y se iba ajustando a los plazos establecidos", agrega.

El buen engranaje de este equipo multidisciplinar para sacar adelante un proyecto de este calado es, precisamente, uno de los aspectos en los que hace hincapié la también restauradora Isabel Rumeu al echar la vista atrás a los últimos meses.

Últimos retoques antes del gran día

Durante esta semana se han llevado a cabo los trabajos de montaje del conjunto, al que, además, se ha incorporado una nueva estructura de acero inoxidable. El viernes ya estaba prácticamente todo listo. Era el momento de los últimos retoques para que la obra luciese en su mejor versión en el acto que se celebrará hoy.