Sociedad

El pescado de Fukushima quita el apetito en Tailandia

por Jordi Calvet, Bangkok, EFE
7/mar/18 7:40 AM
eldia.es
El pescado de Fukushima quita el apetito en Tailandia

A algunos amantes del sushi en Tailandia se les ha arruinado la cena tras saberse que doce restaurantes japoneses del país serán los primeros en recibir pescado exportado desde la zona de Fukushima, afectada por un desastre nuclear hace casi siete años.

Este primer cargamento de 110 kilos de lenguado partió desde el puerto de Soma, situado a unos 50 kilómetros de la central nuclear de Fukuhsima Daiichi, accidentada tras el terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011, y en la que se han producido numerosos vertidos de agua contaminada.

La asociación local de pescadores colocó el pedido después de que el gobierno regional negociara con una compañía importadora de Tailandia que no impone restricciones a productos pesqueros nipones.

"Estamos encantados por poder vender pescado a todo el mundo desde nuestra prefectura", dijo el jefe de la cooperativa de pesca de Soma, Kanji Tachiya, según la agencia Jiji.

"Enviaremos pescado seguro", añadió.

Pero las garantías del japonés no hicieron mucho efecto entre las organizaciones de defensa del consumidor tailandesas que ante la noticia se lanzaron a pedir explicaciones y a exigir medidas a las autoridades de su país.

"Pedimos que la Administración de Medicamentos y Alimentos y el Ministerio de Agricultura divulguen al público el certificado de la exportación de los lenguados y los nombres de los 12 restaurantes que importan y venden el pescado de Fukushima", dijo la secretaria general de la Fundación de Consumidores, Saree Ongsomwang.

"También pedimos que todos los restaurantes se abstengan de preparar sus platos con el pescado importado (de Fukushima) hasta que las autoridades tailandesas realicen la inspección de nuevo", añadió Saree en un comunicado.

La Asociación Stop al Cambio Climático se unió al movimiento y urgió a los restaurantes a poner carteles que adviertan a sus clientes que el pescado que sirven procede de Fukushima.

"Esto es para ayudar a los clientes a tomar una decisión informada. Si no se toma ninguna medida la asociación considerará emprender acciones legales contra las partes implicadas", dijo la organización en otro comunicado en su página de Facebook.

Las autoridades tailandesas se vieron obligadas a salir al paso y a dar garantías de la seguridad del pescado y otros productos frescos importados desde Japón.

El secretario general de la Administración de Medicamentos y Alimentos, Wanchai Satayawutthipong, aseguró que Tailandia ha trabajado estrechamente con Japón para garantizar la calidad de los productos importados, y que estos deben cumplir normas estrictas.

También dijo que de las 7.408 muestras de pescado analizadas por las autoridades japonesas el año pasado, solo ocho -todas ellas variedades de salmón- mostraron un exceso de contaminación por radiación, y que ninguna de estas especies se importa a Tailandia.

En los últimos años la gastronomía japonesa se ha popularizado en Tailandia -que cuenta con más de dos mil restaurantes de esta cocina- impulsada por la importante colonia nipona de unas 70.000 personas, 51.000 de ellas en Bangkok.

Las autoridades japonesas llevan a cabo estrictos controles de todos los productos agrícolas, ganaderos o pesqueros procedentes de la región de Fukushima, que ya se venden en Japón, pese a mantener restricciones en las zonas más próximas a la planta.

Los pescadores de la prefectura volvieron a faenar en 2012, más de un año después del accidente, y desde entonces sus capturas solo pueden llegar al mercado tras recibir una certificación de las autoridades de que son seguros para el consumo humano.

Aún así, el estigma de los productos de esta región ha hundido sus ventas, por lo que las capturas de Fukushima en 2017 representaron un 13 por ciento de los volúmenes previos al desastre.

El accidente nuclear de Fukushima es considerado el más grave de la historia tras el de Chernóbil (Ucrania) en 1986, y mantiene evacuadas a decenas de miles de personas, además de ocasionar graves daños a la economía local y acarrear un coste multimillonario para las arcas públicas.