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MEDICINA

La anestesia general aisla el cerebro del paciente, que muere clínicamente

Rubén Darío García León, Santa Cruz de Tenerife, EFE
5/feb/18 9:50 AM
eldia.es
El médico anestesiólogo Ángel Noguerales durante una entrevista con EFE./Cristóbal García (EFE)

La anestesia general aísla el cuerpo del paciente del control cerebral que, en ese momento pasa a estar clínicamente muerto, ya que no sufre, no siente, no se defiende, ha indicado en una entrevista a Efe el médico anestesiólogo Ángel Noguerales.

Para mantener al paciente seguro en esa situación de reversibilidad, se precisa la intervención de un especialista que actúa como "abogado defensor del enfermo", ha señalado Ángel Noguerales, quien ha destacado la importancia de que cirujano y anestesiólogo estén coordinados.

La anestesiología es una especialidad médica moderna, ya que la primera intervención con anestesia general se data en 1844, que ha propiciado un gran avance de la medicina, sobre todo de la cirugía, ha indicado Noguerales, quien ha apuntado que para ser anestesiólogo es preciso superar los seis cursos de licenciatura de Medicina y cinco de especialidad en Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor.

La anestesia general se diferencia básicamente de la local en que con la primera se pierde el conocimiento y los primeros gases anestésicos que se utilizaron a partir de mediados del siglo XIX eran el óxido nitroso, el éter y el cloroformo y, posteriormente se administraba el opio (como potenciador de los efectos de los gases), pero como era un producto que en su estado natural no se podía controlar se abandonó, y más tarde se aisló uno de sus componentes, la morfina, que se puede dosificar.

En la actualidad hay varios tipos de anestesia general, y así puede hacerse por vía inhalatoria con óxido nitroso, el éter y cloroformo (ambos abandonados hoy día), alothane, peritrane y otros, pero también se puede utilizar la vía intravenosa con barbitúricos o sustancias sintéticas y ambos sistemas simultáneamente, que es la anestesia balanceada.

En la anestesia general, se suele emplear relajantes musculares (curare y derivados), que la complementan, produciendo una parálisis muscular total por lo que se necesita el uso de respiradores artificiales.

Otros tipos son la anestesia raquídea, que es administrar un anestésico local por vía espinal o por vía epidural; la troncular, con la que se introduce el anestésico local en un tronco nervioso para producir la anestesia de la zona afectada inervada por ese tronco nervioso y la endovenosa.

La anestesia local consiste en infiltrar un nervio periférico o la zona donde se va a intervenir (pequeña cirugía) con un anestésico local y así se bloquea la transmisión del dolor y el paciente nota la manipulación pero no siente dolor alguno estando plenamente despierto.

En ocasiones, según el carácter del paciente, se suele complementar con una sedación suave.

Prácticamente se ha desechado la vía rectal (usada en pediatría y ancianos), y la que normalmente se practica es la balanceada, y consiste en coger un poco de las otras generales, con lo que se consigue el mismo nivel anestésico pero con menor dosis de fármacos y menos efectos secundarios.

La decisión de la técnica anestésica a emplear es exclusiva del anestesista, dependiendo fundamentalmente del paciente y, en segundo lugar, de las necesidades del cirujano.

Ángel Noguerales ha recordado que el riesgo cero no existe, y así fallecen uno de cada 200.000 pacientes por el efecto de la anestesia

en general, por lo que es imprescindible la formación del anestesiólogo en una intervención en la que se utilizan fármacos muy potentes, en dosis tóxicas que, una vez que entran en el organismo no hay forma de extraerlos.

También ha destacado la importancia de conocer las habilidades del cirujano para determinar la dosis y duración de la anestesia, pues uno con mucha experiencia puede realizar una apendicitis en diez minutos y alguien con menos experiencia, tardar más de una hora.

Hace unos años, ha comentado Ángel Noguerales, no había mucho control sobre la profundidad de la anestesia y de la experiencia del anestesista.

Pero en la actualidad se dispone de sensores para calcular de forma exacta el nivel y la profundidad de la anestesia en el que está el paciente, y así el cirujano, si tiene que hacer algo que provoque más dolor avisa para que el anestesista aumente la dosis y la persona operada no responda a ese estímulo.

Ha explicado Noguerales que la anestesia local provoca un bloqueo en los nervios de una determinada zona, mientras que la general aunque no se conoce por completo su funcionamiento, implica el aislamiento del cerebro, de forma que o no recibe los impulsos nocivos y por ello no responde, o bien se bloquea su respuesta.

De ese modo, un paciente anestesiado general está clínicamente muerto, y solo un anestesista es capaz de hacerle volver, y para ello tiene que tener conocimientos muy profundos sobre la fisiología de todos los órganos vitales y la farmacología de todas las drogas que utiliza, ha agregado.

Ángel Noguerales ha apuntado que el anestesista hace otras labores, como la recuperación postquirúrgica, y también tiene competencia en administrar transfusiones sanguíneas y sueros, y su trabajo es importante en el tratamiento del dolor crónico a pacientes que por un problema patológico tienen grandes dolores.

El anestesiólogo está para defender al paciente, ha reiterado Ángel Noguerales, quien ha reconocido que si bien el número de anestesistas en España ha aumentado de manera progresiva todavía hay menos de los que se necesita, pues si bien en los hospitales públicos tienen que estar presente siempre uno de estos especialistas, y en algunos privados, no en todos, debido a la escasez de especialistas.

Lo ideal, según Ángel Noguerales, es que en cada centro en el que hay cirugía mayor se disponga de personal propio fijo pues hay intervenciones que pueden esperar horas, incluso días, pero las hay de extrema gravedad (cesárea, accidentes de tráfico...) y en esos casos no se puede esperar a que llegue el anestesista, aunque esté localizado.

También se ha referido a los efectos secundarios de la anestesia, que son "mínimos" y clínicamente no se aprecian, y ha comentado que para hacer perder la conciencia, en tiempos pasados, se ha utilizado desde el golpe en la cabeza, drogas y alcohol a la magia y los embrujos.

Ángel Noguerales ha declarado asimismo que es fundamental el estado de ánimo del paciente al entrar al quirófano, pues durante el tiempo que esté bajo los efectos de la anestesia general el tiempo no existirá para esa persona (tiempo muerto) y cuando recupere la conciencia estará en las mismas circunstancias que cuando la perdió.

Así, si se entra alegre se sale en ese estado de ánimo, ha manifestado Ángel Noguerales, quien ha comentado que algunos pacientes dicen que han oído hablar y eso, que carece de importancia, se debe a que en algún momento el nivel de amnesia disminuye y el cerebro recupera parte de la conciencia (la audición), pero lo habitual es que no sepa interpretar las voces y sin trascendencia alguna.

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