Cultura y Espectáculos

La segunda laguna literaria de Gambín

El escritor canario, autor de la trilogía "Ira Dei", sitúa su última novela en la localización marroquí de la laguna de Naila.
Jorge Dávila (@davilatoor)
17/mar/14 1:04 AM
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"Mis novelas me las imagino en películas"./ J. Adán

Mariano Gambín y sus misterios literarios se mudan al sur de Marruecos. El autor de la trilogía "Ira Dei", cuyas tramas se enredan en el casco histórico de San Cristóbal de La Laguna, se ha marchado a la laguna de Naila, a su juicio uno de los lugares más maravillosos del mundo, con los personajes de "El viento del diablo" (Roca Editorial) para "seguir haciendo los libros que me gustan; los que tienen acción, intrigas, misterios, suspense...", enumera el ganador del XXXIX Premio de Investigación Histórica Antonio Rumeu de Armas.

"Este libro tiene una vinculación total con esa investigación", asegura el abogado e historiador en relación a una expedición arqueológica que se organizó al país alauí con la intención de localizar los restos de la torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, un enclave que fue utilizado por los castellanos que vivieron en Canarias a finales del siglo XV hasta que fueron expulsados de esas coordenadas africanas. "¿Qué personaje podría estar mejor capacitado que Marta Herrero -arqueóloga que transita por las páginas de la saga "Ira Dei"- para una misión como esta?", se pregunta Gambín antes de revelar que "hay más rostros conocidos de la trilogía que irán apareciendo en otras historias en función de las aventuras literarias que pueda imaginar", avanza un autor que espera presentar la novela en la que trabaja en estos momentos antes de que acabe este año.

"No solo no me he atrevido a matar a un personaje importante de Ira Dei, sino que alguno está cobrando más protagonismo. El caso de Marta es el más llamativo", puntualiza un creador que siempre deja abierta la posibilidad de volver a Aguere. "Una trilogía con cuatro libros no suena bien, pero si me va mal aquí (sonríe), siempre hay tiempo para regresar a La Laguna de otra manera", comenta.

Sobre los cambios que se aprecian con respecto a sus anteriores títulos, Mariano Gambín dice que "lo único que hay de distinto es la localización de esta novela, pero yo no me veo una diferencia en mi forma de escribir... En cualquier caso, eso es algo que tienen que comprobar los lectores", puntualizando que "lógicamente no es lo mismo plantear un libro en un escenario urbano que en un desierto. Mi compromiso con los lectores no ha cambiado; quiero atrapar todo su interés desde el principio".

Y es que "El viento del diablo" no se sale del guion marcado por un escritor que en esta oportunidad entremezcla unas creencias tradicionales con unas interesantes dosis de diplomacia internacional ligadas al terrorismo. "Me gustan los capítulos cortos que acaban con la idea de continuará... En ese sentido, sí que provoco esa sensación de tener que ir en busca del próximo episodio", dice en un instante de la conversación en el que deja al descubierto un secreto. "Cambiar de escenario no deja de ser una estrategia para captar el interés de aquellas personas que no se sintieron atraídas por una novela que transcurre en La Laguna. Es una apuesta", añade un narrador que espera que "esta sea una oportunidad para que los que todavía no conocen mi obra puedan llegar a los libros anteriores", recomienda.

Gambín admite que una de las reglas que sigue a la hora de pensar sus proyectos literarios tiene que ver con el séptimo arte. "Mis novelas me las imagino en películas", adelanta un contador de historias al que no le tiembla el pulso cuando retuerce los movimientos de sus personajes. "Esos cambios de escenas los realizo en los instantes álgidos; cuando el lector se ha quedado con la miel en los labios y no tiene más remedio que pasar la siguiente página para ver cómo termina todo. Es bueno tener distintos hilos argumentales para manejar a los protagonistas en base a los intereses que yo tenga en cada capítulo", afirma un novelista al que le tienta la idea de llevar sus renglones a la gran pantalla. "Hay gente del cine que me dice que esto funcionaría bien, pero actualmente vivimos una etapa muy dura en el mundo de las artes. La industria del cine, precisamente, no está atravesando sus mejores días y es difícil aventurar lo que pasará después de la crisis. Yo estaría encantado de que Ira Dei o El viento del diablo tuvieran una vida en las salas de proyecciones, pero ese supuesto aún no se ha dado", apostilla un escritor que introdujo a un terrorista fundamentalista en medio de la excavación arqueológica que se ejecuta en la laguna de Naila, la "otra" laguna literaria de Mariano Gambín después de alimentar la curiosidad de sus lectores entre los bancos de la catedral de La Laguna o en el Palacio Lercaro. "Me siento un novelista aplicado y disciplinado, pero aún tengo muchas cosas que aprender", concluye.