Tenerife Sur
RICARDO MESA RAMOS HIJO DE URBANA RAMOS, ASESINADA EN GUÍA DE ISORA EN 2001

"Tenemos que quitarnos la amargura y sentar al culpable en el banquillo"

P.FUMERO, S/C de Tenerife
20/ago/12 1:18 AM
Edición impresa

Ricardo Mesa Ramos es el hijo mayor de Urbana, la mujer asesinada en noviembre de 2001 en Guía de Isora y ha decidido proseguir con la búsqueda del autor de la muerte, que sigue libre. Una mañana, cuando Ricardo tenía 15 años, se despertó y descubrió que su madre no estaba. Ese día empezaron momentos duros, donde, a la ausencia de su progenitora, se unió el distanciamiento cada vez más profundo de su padre, que se apartó de su vida y de la de su hermano, según su testimonio. Desde hace casi un año, Ricardo, su hermano menor y su abuela, con la ayuda del criminólogo Félix Ríos, tratan de dar nuevos impulsos a la investigación, que llevaba cerrada ocho años. Ahora, que tiene pareja y un hijo de cuatro años, se abre una nueva oportunidad. Una batalla ganada fue la reapertura del caso por orden de un juzgado de Arona.

¿En qué momento se halla el proceso?

Tenemos ilusiones. Hubo una época en la que teníamos muy pocas esperanzas y parece que ahora hay algo más en lo que se puede trabajar. Esperamos que las pruebas lleguen lo antes posible, a ver si, con un poco de suerte, el caso se puede resolver.

¿El paso del tiempo juega en contra?

Tenemos miedo. Sabemos quién puede ser el presunto culpable y hemos estado sufriendo mil barbaridades en estos años. Por eso, cuanto antes se resuelva la muerte, mejor será para todos.

¿De qué "barbaridades" habla?

Por ejemplo, durante algún tiempo, una jueza dictó contra mí una orden de alejamiento de "ese señor" (su padre), que aún vivía en la parte alta de la casa de mi abuela. Estuve a punto de entrar en un "correccional" para menores con 17 años, después de una denuncia de esa persona.

¿Y qué ocurrió para llegar a ese extremo?

Un día, ese señor (su padre) le retiró a mi abuela los ingresos por la pensión de orfandad que tenía para criarnos. Fui a reclamar ese dinero y me denunció.

Su padre llegó a ser interrogado por el crimen de su madre, pero nunca se ha probado su implicación ¿Qué relación tiene con él?

No quiero llamarlo "padre"; no tengo ninguna relación con ese señor, ni quiero tenerla.

¿Cuándo empezó el distanciamiento?

Desde que ocurrió la muerte. Desde ese momento, la convivencia, el cuidado, el comer junto a ese señor se redujo a "cero". Nos hemos criado con mi abuela y mi hermano, que es menor, aún sigue con ella. Una vez que fui mayor de edad comencé a enterarme de las cosas y empecé a tener las ideas claras sobre lo que ocurrió.

¿Cómo cambió tu vida tras el asesinato?

Esa foto del coche y el cuerpo la viví yo y aún la tengo grabada. El asesinato de mi madre fue un gran varapalo. Al principio, no lo entendía mucho. Pero después comencé a notar la ausencia de quien me educó, me inculcó la importancia de trabajar, la de ser serio y tranquilo, entre otras cosas.

¿Hubo años de mucha rebeldía tras la tragedia?

Era una edad muy mala. No entendía las cosas. Desconfiaba de la sociedad, la Justicia, la Policía y hasta de la propia familia. Es muy duro que un guardia civil te diga: "Sospechamos quien fue, pero no podemos hacer nada; si no aportas nada nuevo, no podemos hacer nada". Eso era un golpe muy fuerte, cuando mi abuela, mi hermano y yo, en realidad, también éramos víctimas.

El mensaje del cartel para recordar el caso ("Fue asesinada por quien no quería que fuera libre"), ¿no crees que resulta demasiado directo?

Es que era así. Era una persona muy independiente, que no necesitaba depender de nadie; que trabajaba 12 horas diarias si hacía falta y procuraba darnos todo lo que necesitábamos. Ella buscaba su libertad, porque vivía con alguien a quien no quería y que no la hacía feliz.

¿Temes que nunca veas al culpable sentado en el banquillo?

Eso no es nuevo, ya lo hemos sufrido durante 10 años y casi lo llegamos a asimilar. Ahora lo que buscamos es que se identifique al autor y se celebre un juicio con pruebas sólidas. Hace siete años, cuando se cerró el caso, se nos vino "el mundo abajo". Después nos dimos una tregua, para intentar ser felices y pensar en otras cosas. A mi madre no la recuperaremos, pero aún tenemos esa amargura e impotencia, y hay que sacarla. Ahora se trata de intentar que el asesino se siente en el banquillo.

RICARDO MESA RAMOS HIJO DE URBANA RAMOS, ASESINADA EN GUÍA DE ISORA EN 2001