- Sábado, 9 de junio de 2012
CARLOS ACOSTA GARCÍA
De profesión, mis ignorancias (341)
YO NO SÉ si al lector le resultará difícil creer que en nuestra tertulia no hablamos de política. ¡Hombre, alguna vez sale a relucir el nombre de Hugo Chaves o el de Evo Morales pero muy esporádicamente! Y se preguntarán ustedes de qué hablamos, entonces. Pues de deportes, de libros, de periódicos, del mar, de fotografías, de fuegos artificiales... De actualidad, en suma. Y como Pepe forma parte de la tertulia, pues también hablamos de Gramática. Aunque a mí me parece que la culpa de que hablemos de Lengua Española la tiene Manolo, porque siempre se presenta con recortes de periódicos en los que se han deslizado gazapos que nos dan materia para discutir.
-Para discusión, la del pasado sábado. Según Manolo, una frase hecha y un refrán son una misma cosa, lo que hizo que Pepe "se subiera por las paredes" o "se pusiera como un basilisco", que viene a ser lo mismo. Tampoco yo admitía tal opinión, lo tomé como "perro que pasa por viña vendimiada". Y me callé porque estaba lleno de dudas.
-Escucha Manolo: "A troche y moche" es una frase hecha, mientras que un refrán sería, por ejemplo "Dime con quién andas y te diré quién eres". Son cosas distintas.
-Distintas para ti, Pepe; pero si yo digo "echarse a la bartola", "tener más miedo que vergüenza", "poner pies en polvorosa" o "saltó como una avispa", son refranes.
-No, hombre; no digas eso -se atrevió a decir Leoncio-. Si yo digo "como gallo en corral ajeno", "muy de tarde en tarde", "poner las barbas en remojo" o "hablar a borbotones", estoy diciendo frases hechas, pero no refranes.
-Por esa regla de tres -insiste el terco de Manolo- decir "buen zángano estás hecho", "Más aceite de un ladrillo", "Me quedé de una pieza" o "Por ahí me las den todas", no son refranes o sentencias.
-Por supuesto que no. Son sólo frases hechas. Es lo mismo que decir "Le paré los pies", "Cogió el rábano por las hojas", "Eso es pan comido" "Confundir la gimnasia con la Magnesia" o "Coger el cielo con las manos".
Cuando la conversación llega aquí, Pepe, con cierta sorna, se encaró conmigo:
-"Estás más callado que un muerto". Ni siquiera has dicho "Esta boca es mía". Di algo, hombre.
-Es que no estoy muy seguro de cómo son las cosas. Alguna frase hecha se me parece a un refrán. Otras, no tanto. Por ejemplo: "Este huevo quiere sal". Pero, ya digo, antes de exponer una opinión, prefiero callarme, por si me sale un disparate.
-Haces bien -interviene Julián- porque si te llevas por Pepe, te vas enredando de tal manera que, a lo peor, sales "Por los cerros de Úbeda".
-Es lo que me faltaba por oír. Ahora resulta que soy yo el que confunde a los demás. "Me he quedado de una pieza".
-Que es otro refrán -remacha Manolo.
Entonces me decidí a intervenir porque, si no, hubiera quedado convertido en un Juan Lanas, "Sin comerlo ni beberlo".
-No te empeñes, Manolo. "Terminar con el rosario de la aurora" no es un refrán sino una frase hecha. Y para que esta reunión no termine con tal rosario, vamos a escuchar el discurso final de Pepe.
Y entonces Pepe, con voz de actor en noche de estreno, dijo:
"Yo, Pepe, mayor de edad, en pleno uso de mis facultades mentales, "Como quien no quiere la cosa", "Con los pies en el suelo", "A la chita callado", "Contra viento y marea", "Sin pelos en la lengua", "A tumba abierta", "Sin escurrir el bulto", "Poniendo toda la carne en el asador", "Llamando a las cosas por su nombre", diciendo "Al pan, pan y al vino, vino", "Por la cuenta que me tiene", "Por si las moscas", "Sabiendo que hay mucha tela que cortar" y "A la buena de Dios"... Doy por sentado que las palabras de mi discurso están formadas por frases hechas y no por refranes o sentencias, lo que firmo en Garachico, delante de las personas de mi tertulia...".
Todos quedamos de acuerdo. Todos, menos Manolo, como es lógico suponer. El bueno de Manolo se limitó a decir: "A palabras necias, oídos sordos".
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