EL REY Juan Carlos se ha vuelto a descuajeringar la cadera, esta vez durante la audiencia a un ministro saudí. Vaya mala suerte que tiene el monarca con los moros; porque fue un moro el que le pagó la cacería de Botswana. Y ahora va a saludar a otro moro y se resiente de su prótesis. En fin, gajes del oficio, como diría su augusto abuelo después de que Mateo Morral le tirara la bomba en la calle Mayor.
Pero el soberano (¿se acuerdan del coñac "Soberano"?, a mí es una palabra que me hace mucha gracia) nos tiene en un sinvivir. Una torsión, otra luxación y otra prótesis. No ganamos para sustos.
Esta vez, la Casa Real no escatimó horarios y dio enseguida nota a los medios, que metieron la información en sus ediciones digitales. Don Juan Carlos no tiene suerte y se accidenta a cada poco. Y parece que le va contagiando su suerte irregular a algunos miembros de su familia, tipo nietito Froilán. En fin, a mal tiempo buena cara.
Parece que la recuperación será igual de rápida que la vez anterior. Pero el doctor Villamor está haciendo horas extras. Una prótesis recién colocada necesita de una actividad moderada y de mucha rehabilitación, según los especialistas. El rey es muy alto y le sobran kilos -aunque ha adelgazado bastante-. Debería cuidarse. Me parece que ya tiene 74 años y con su historial de intervenciones no se puede jugar a nada, ni hacer más deporte que el de las personas de esa edad. Creerse joven cuando uno ya no lo es puede ser bueno para el ánimo y el aspecto, pero relacionarlo con un ejercicio físico inadecuado es bastante malo.
Esta vez, el rey no ha hecho nada raro, menos mal, sino que tuvo la mala suerte de realizar un movimiento no adecuado y de luxarse de nuevo la cadera operada hace unos días. Otra vez a la clínica San José -que creo que ahí se come muy bien-; otra vez los partes médicos; y supongo que otra vez una breve declaración real, reconociendo esta vez que uno no está para muchos trotes. Veremos.
No tiene suerte don Juan Carlos y bueno sería que fuera a ver al moro de turno con una pata de conejo en el bolsillo, a ver si escapa. Es verdad que el rey es el mejor embajador de España, sobre todo cuando no manda a callar a Chávez. Pero debe cuidarse, limitar las salidas y olvidarse de los elefantes. Ay.
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