- Miércoles, 14 de marzo de 2012
EL INTERMITENTE JOSÉ ANTONIO INFANTE
Huelga de hormigas
LA ANTICIPÓ don Mariano al primer ministro finlandés Jyrki Katainen. Ya tenemos la sexta huelga general de la democracia para el jueves 29 de este mes. ¡Cojonudo! "Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra". ¡Lo que nos faltaba! A tomar por saco la paz social. Conflicto, presión, pancartas y gritos, más pérdidas millonarias para el sumatorio.
La verdad es que no soy capaz de autodefinirme o aclararme bien sobre si la protesta organizada en el Estado español puede servir de algo -porque el auténtico problema que lo provoca es global y les da igual ocho que ochenta- o si es el momento adecuado -porque, en una significada incongruencia colectiva, acabamos de votar mayoritariamente a la derecha, con el PP sin salirse de guion actuando como era de prever-; aunque lo que igualmente tengo claro, por el otro lado, es que la huelga se interpreta fácilmente como respuesta al indiscutible y enorme vuelco económico que se viene fraguando y que castiga en especial a los periféricos y en primera persona a los trabajadores.
La mayor parte del evidente retroceso en derechos y bienestar está aún digiriéndose, pendiente de materialización. El efecto, tanto de la reforma laboral como de las demás iniciativas gubernamentales, supone el cambio radical de las reglas del juego. Esto no es un movimiento telúrico de escasa magnitud; aquí la tierra se mueve con un registro digno de salirse de la escala Richter. La economía se encuentra en un proceso mayúsculo de purga, con más parados, menores sueldos y derechos. Desvalorización conjunta. Menores rendimientos para las pymes y autónomos, más impuestos y menos prestaciones.
¿Había que convocarla?, ¿no había que convocarla? La cuestión para mí no es exactamente esa. "Si hay que ir se va, pero ir por ir es tontería...". Los caballos que tiraban están siendo sustituidos por insignificantes insectos. La contradicción que se despliega sobre el tapiz de la economía parte de que lo que es bueno para el mundo no es bueno para sus habitantes o lo que es bueno para España no es bueno para los españoles, y en el que toca dividirse en dos bloques definidos, "fifty fifty", en los que nadie puede llevar la razón.
Con el respeto hacia el previsible papel de los actores, a mi modo de ver la función tiene mucho de esperpento almodovariano. Los sindicatos aseguran que la huelga no es un fin, sino un medio, pero ¿un medio de qué?; ¿de que se hagan otras políticas? Pues entonces habrá que definirlas, primero que nada, y después globalizarlas articulando mayorías planetarias en una historia que, afortunada o desgraciadamente, ya no va de países, o lo que es lo mismo, de hormigas. ¿Qué sentido tendría una huelga de hormigas? Veo más fundamento en el 15M que en la huelga en sí misma, aunque confieso que, no habiendo formado parte de esos movimientos nunca antes, ganas me dan.
Personalmente, no me va a quedar más remedio que tirar de resignación y relativización. La resignación es la capacidad humana para aceptar y adaptarse a las adversidades. Esta palabra está mal interpretada al compararla con la cobardía y la derrota, siendo su verdadero sinónimo la paciencia y la humildad. El derrotado deja de luchar y da por imposible su emprendimiento; el resignado deja de luchar de la manera habitual para emprender a la primera oportunidad y volver a combatir de una manera distinta.
Asimismo, relativizando, decía el filósofo estoico que llegó a ser emperador romano Marco Aurelio (121-180), en su obra "Pensamientos": "Si te sientes dolido por las cosas externas, no son estas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder cambiar este juicio ahora mismo".
Me engañaré mentalmente con que tampoco, viendo como está el mundo, se puede uno quejar demasiado: casi trece millones de personas van a estar expuestas a "otra grave crisis alimentaria que amenaza con convertirse en emergencia humanitaria en la región del Sahel", según ha denunciado la organización humanitaria Oxfam, que ha lanzado un llamamiento de asistencia urgente. Muy cerca de nosotros, los países y regiones más afectados son Chad, Burkina Faso, Malí, Mauritania, Níger y el norte de Senegal. En Chad, la situación es tan desesperada que, en algunas comunidades, sus habitantes han empezado a destruir hormigueros para poder recoger el grano almacenado por las hormigas y alimentarse de él.
Si los países son hormigas, ¿de qué vale protestar?
infburg@yahoo.es
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