La consigna que Paulino ha dado a sus leales, a los pocos que le van quedando, es que machaquen a Soria. Se nota en los artículos que publican en ciertos periódicos Ana Oramas, Fernando Clavijo y Claudina Morales, entre otros. Mal asunto. Soria es ministro del Gobierno de Madrid. Y puede ayudar mucho a Canarias, pero no por la fuerza. No a base de ponerle la pistola en el pecho.
Miren, aquí no nos chupamos el dedo. Rivero fue presidente de la Comisión del 11-M. Bueno, así salió la comisión, que tras meses y meses de trabajo concluyó lo que la Policía y Rubalcaba le dijeron. Pero, al margen de eso, o quizá por eso mismo, Paulino le debe agradecimiento eterno a Zapatero. Quizá por ello ayudó a reducir el sueldo a los funcionarios, a subir el IVA (que retrae a los peninsulares a la hora de viajar a Canarias) y a congelar las pensiones. Estas medidas las tienen en su haber, entre otros, esos dos genios de la política española: Paulino Rivero y Rodríguez Zapatero.
Ahora vuelven a arremeter contra Soria los dirigentes de CC porque la secretaria de Estado de Turismo, Isabel Borrego, y el director general de Turespaña, Manuel Butler, dieron plantón al enviado de Rivero, el vice-consejero Ricardo Fernández de la Puente. Desde los despachos de los dirigentes del PP aludidos se dice que no hay ni discriminación, ni boicot, ni nada, sino que es un problema de fechas que ya se subsanará.
Por las malas no cuenten con Soria. José Manuel Soria es un súper ministro que en el turismo, en la industria y en las telecomunicaciones lo manda todo. Rajoy ha delegado en él.
Paulino Rivero no puede faltarle al respeto, ni mandar a otros a que lo hagan, ni a través de declaraciones ni a través de artículos en la prensa. Rivero, por ambición personal, nada más, despreció a su aliado natural e ideológico, el PP, para pactar con los perdedores. ¿Por qué? ¿Por agradecimiento por aquella presidencia de la Comisión del 11-M? Nunca se ha visto más socialista a Ana Oramas que aquella vez, en el Congreso, cuando bobaliconamente le dijo a ZP que sus hijas tenían que sentirse orgullosas de él y, con ellas, todos los canarios. ¿Orgullosos nosotros de qué, de que nos engañó como a pardillos? ¿De que no cumplió nada de lo que prometió? Y, encima, vienen estos nacionalistas de pacotilla a reírle las gracias.
Son los mismos que arremeten contra Soria, que tiene un plan para Canarias. Y Soria sí lo va a cumplir. Y si no lo hace, nosotros seremos los primeros en ponerle la cara colorada. Pero Rivero no hace otra cosa que meter la pata. Es lo suyo, la pataleta.
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