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DOMINGO, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2011
JUAN MIGUEL MARTÍN GONZÁLEZ *

Nacionalistas e independentistas en mi tierra canaria

PARODIANDO a Natalio Rivas, abogado, nacido en el siglo XIX en Granada, "ante la fiebre independentista y nacionalista que recorre nuestras Islas Canarias, bueno será hacer algunas puntualizaciones sobre los ideales que preconizan estos movimientos políticos, así como sus grandes diferencias".

Por todos lados surgen partidos o agrupaciones de independentistas que presentan los más variados argumentos para atraer a nuestros votantes. Cada uno afirma sus postulados, coincidiendo todos en que con la independencia viviríamos mejor, pues somos, según dicen algunos, de las regiones más ricas de España. Lo curioso es que no explican cómo, de qué forma ni de dónde. Solo manifiestan que seríamos inmensamente ricos si lo que se rapiña la hacienda española se quedara, como es de justicia, en nuestra tierra, pero no aportan datos fehacientes que avalen cuanto manifiestan. Al pueblo no hay que predicarle con utopías e irrealidades, sino con verdades "como puños" que nos muevan a exigir esa independencia.

Por otra parte, existe una total divergencia de opiniones entre las Islas. Los chicharreros queremos lo mejor para Tenerife, cosa lógica, y los canariones quieren lo mismo para su provincia, y jamás nos ponemos de acuerdo. En cinco siglos no lo hemos hecho. ¿Habrá que esperar otros cinco más?

Los postulados de cada grupo contienen algunas verdades como templos, pero solo algunas, pues el resto son palabras inútiles e insustanciales, vana representación o ficción de la fantasía. La verdad es que no tenemos ni un solo político, hasta hoy día, que nos atraiga y convenza de luchar por esa idílica separación de España. A los integrantes de los partidos estatales solo les mueve ocupar un sillón con el que vivir bien, disponiendo del poder y de todas las posibles prebendas, sin ocuparse del pueblo, que inocentemente les vota, traicionándolo luego con engaños y mentiras. A estos partidos habría que unir a los nacionalistas que persiguen iguales fines. Analícese a los dirigentes de nuestra Comunidad Autónoma, a quienes les vendieron las aguas canarias como quien vende periódicos a un ciego. Como compensación y agradecimiento, votaron a favor para aprobar los presupuestos, junto a los vascos, que sí sacaron su buena tajada, prolongando la agonía del país con ZP, un incapaz a la cabeza y deriva del mismo. No hablemos, pues, del nacionalismo, porque es francamente vergonzante.

Volviendo a los independentistas, como dice un buen canario, mientras no haya unidad entre nosotros, olvidando las estériles e ineficaces rencillas entre las Islas, no habrá jamás independencia ni Estado canario. Como ejemplo, nos vale algo tan sencillo y elemental como preguntar: ¿a quién elegimos presidente, a uno de Gran Canaria o a uno de Tenerife? No habrá nunca acuerdo. Es triste, pero nada más real que lo siempre acontecido entre nosotros y que aún perdura.

La actual situación de dependencia puede ser mala o muy mala si se quiere, pero al menos ya es conocida desde hace muchísimos años. Pero el futuro es una verdadera visión, una entelequia. Lo que pretenden la mayoría de los líderes de estos grupos independentistas es erigirse en salvadores de la patria, pero persiguiendo realmente sus fraudulentos intereses, que no son precisamente los de mejorar la calidad de vida del pueblo canario, que atraviesa un gravísimo momento, con más de trescientos mil parados, algunos de los cuales apenas comen. Y esto es muy triste en unas islas, otrora llamadas afortunadas por todo el que las conocía.

Los cosecheros de plátanos aún sobreviven, pero si la Península suprime los impuestos a los plátanos provenientes de los países centro y sudamericanos, ¿qué vamos a hacer los canarios? ¿De qué viviremos? Del turismo, dirán los más optimistas, pero este medio de vida está cada vez peor. El Puerto de la Cruz está prácticamente arruinado; hoteles antiguos, con viejas infraestructuras, teniendo en Túnez y otros países mediterráneos unos feroces competidores, más baratos y con mejores infraestructuras hoteleras que las nuestras y mejores tiendas. No queda otro remedio que renovarse o morir. Así de claro, aunque parezca muy cruel, pero no se puede volver la cara a la realidad.

Nuestra tierra canaria es un punto geoestratégico en el concierto mundial de las más diversas naciones. Lugar casi obligado de paso entre continentes, plataforma ideal para la instalación de las más diversas industrias, con miras al gran mercado africano y, sobre todo, una de las regiones más bonitas del mundo. Por todo esto son muy deseadas no solo por España, que ya las posee, sino por un número importante de países que desearían contar con nosotros.

Es de esperar que en un futuro próximo se vea la luz al final del túnel, como última y única esperanza, pues, con nuestros políticos actuales, más que difícil es imposible mejorar nuestras condiciones de vida. Sinceramente, un canario muy realista que sigue amando a su tierra hasta el fin de su vida.

* Piloto de líneas aéreas. Abogado

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