Criterios
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MANUEL LUNA

Adios a Dios

30/ago/11 01:15
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HACE un par de años pensé que la crisis podía ser una oportunidad para recuperar los valores humanos frente al economicismo imperante y bla, bla, bla. Pero mi gozo en un pozo: el "homo economicus" se resiste a evolucionar y, para más inri, se ha vuelto un tiquismiquis. Ahora se echa a la calle a la mínima que el Gobierno flaquea en la lucha contra el déficit. Por ejemplo, cuando destinó policías (que pagamos todos con nuestros impuestos) a la seguridad de unas jornadas mundiales de la juventud, cuyo plato fuerte fue la visita del Papa.

Ya lo veo venir: se acabaron los Madrid-Barça y la Vuelta a España. Y no me parece mal, porque no a todo el mundo le gusta el fútbol o el ciclismo. ¿A santo de qué vamos a pagar la seguridad con dinero público? ¿Que esos eventos generan actividad económica? No me cuente milongas sobre intangibles, que aquí hacemos la cuenta de la vieja y con el déficit no se juega.

La ventaja del enfoque económico es que permite sortear cualquier escollo dialéctico o valoración subjetiva. X más Y igual a Z, y santas pascuas. Da igual que el espectáculo consista en un grupo de jóvenes millonarios pateando un balón o montando en bicicleta que un octogenario metido en una pecera con ruedas paseando por las calles de Madrid.

Debo reconocer, sin embargo, que entiendo mejor el fútbol y el ciclismo que los espectáculos religiosos multitudinarios. Tiene algo de inquietante la alegría de esos jóvenes que cantan y bailan a coro aunque no venga a cuento. Contrasta con el enfado permanente del Papa. Nos echa la bronca, entre otras cosas, por algo llamado nihilismo. Y aquí empieza el lío, porque si digo que el nihilismo de marras me parece menos importante que otros azotes de la humanidad (pobreza, enfermedades, hambre, guerra), ¿estaré cayendo en el también terrible relativismo?

Otra de las cosas que trae de cabeza al Papa es el laicismo. No digo que esté equivocado (porque es infalible), sino que no estoy de acuerdo. Puestos a emplear palabrejas, me parece que peca de maniqueísmo, porque la laicidad no niega a Dios ni ataca a la religión. Por una razón muy sencilla: la laicidad es previa a cualquier valoración religiosa. Se refiere a un conjunto de valores por los que se reconoce la dignidad y los derechos de la persona sobre los que edificar una sociedad de pacífica convivencia en la que caben todas las creencias religiosas.

Muchos de los llamados "católicos invisibles" no dicen adiós a Dios, sino a esta Iglesia. Como afirma Wamba, el personaje de Walter Scott en "Ivanhoe": "Cuanto más cerca de la Iglesia, más lejos de Dios".

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