Cultura y Espectáculos
GRACILIANO MARTÍN FUMERO*

Ventana literaria

* Escritor
26/jul/11 1:25 AM
Edición impresa

HOY PRESENTO en esta sección a un eminente hombre de las Letras georgianas: David Magradze, considerado uno de los pilares de la independencia de Georgia de la Unión Soviética.

Este intelectual con mayúsculas, con el uso de la palabra a través de la lírica, ha plasmado el sentir de una nación con ansias de libertad. Ha descrito acertadamente cómo vive, cómo piensa, cómo actúa... el pueblo georgiano, amén de los resabios que aún padecen de la Rusia moderna, para construir una democracia sólida y perpetuar los valores de libertad que todo ciudadano merece.

David Magradze se graduó en la Universidad Estatal de Tbilisi. En 1992 fue nombrado ministro de Cultura, cargo que abandonaba tres años más tarde por sentirse encorsetado en una manera de trabajo que no encajaba con sus principios o formas, además de sentir el latido hondo y punzante de la lírica para seguir creando y por lo que ese puesto de responsabilidad le restaba tiempo para ello. Desea emplearse en la causa georgiana desde una perspectiva más objetiva y ajena a presiones. Su tesón le llevan a vislumbrar óptimos frutos y su obra es traducida a dieferentes idiomas: inglés, alemán, italiano, turco, armenio, ruso... y a sentir la aceptación de su palabra de forma calurosa más allá de sus fronteras, producto de su sabia manera de exponer a su tierra en todos sus conceptos. Dos de sus poemarios, "Salve" y "Para ti", son catalogados como obras maestras de David Magradze.

Ha participado en eventos poéticos internacionales en distintas ciudades del orbe: New York, Genoa, Estambul, Bursa, Durango... En la actualidad es el presidente del PEN Club georgiano.

Entre premios y galardones caben destacar: el reconocimiento de la Federación Internacional de Periodistas, en 2004, por su composición del himno nacional de la República de Georgia y, en 2005, le conceden la Pluma de Oro. En ese mismo año obtiene el Premio Nacional de Literatura de la República. Con su poemario "Salve" consigue la aclamación de muchos países europeos. El Papa Benedicto XVI, por esta antología poética, le otorga la Medalla Internacional Europea de la Literatura. Además, con dicha obra obtiene el Premio Internacional de la Academia de Verona mentado después "Anton Mazreku". En 2009, el duque de Parma-Piacenza, Carlos Hugo de Borbón, le nombra "Caballero". En 2011, "Universum": Sociedad Internacional de Cultura Suiza, le distingue con los títulos de "Embajador Cultural" y "Académico Honorable". Este mismo año, la Academia Sueca del Nobel, a través de su comité, le había propuesto como candidato para el Premio Nobel de Literatura.

Un honor ha sido poder versar sobre este ilustre "kartvelebi" (ciudadano), como gustan de llamarse los georgianos, quien por su inquietud y ansias de saber compila concienzudamente el pasado y el presente de esta Sakartvelo (Gerogia), que tan rica es en contenidos diversos y, de manera especial, en literatura, ya que en el siglo V aparece el primer texto literario georgiano: "El martirio de la reina Santa Shushanik". Como erudito, Magradze habrá libado de la obra de Josif Tbilebi o de David Guramishvili o de Illia Chavchavadze.

Concluyo este humilde esbozo con su poema: "Caravana de barcos", dice: "Están aflorando mis recuerdos de la infancia sobre una orilla soleada... / donde lanzo barcos de papel sobre el agua, / como los nuevos poemas que he editado. / Los barcos de papel parten tambaleantes sobre mi mar pensante, / como la luz de una vela. / ...Y mi brazo derecho arroja una herradura que ensombrece la página. / Me cruzo con una orilla de guijarros / abiertamente, y no oculta a las personas que transitan, / donde rezo a un ángel para que mi veloz hoja blanca / pueda navegar antes que el viento. / Mar, mar, no engullas los barcos, / porque ellos son tan frágiles. / Se mecen sobre tu alisada superficie, / deseando que tú también sobrevivas con ellos. / Mar, mar, tempestuoso mar, ¡en fría y quieta calma. / Complace a mi vista para que sus blancas velas queden calmas. / Cielo, cielo, despejado cielo, / virtuoso y despejado, / tú, luz de la luna que avanzas lentamente en la oscuridad; / ¡bendice, por tanto, las velas de mi flota! / Muy espectante, los meteré en el agua, / con temblor y nervios, / para que estos papeles de mi cuaderno floten como barcos que son hechos. / Deseo hacer oír mi voz con la ayuda de la flota / pero si la otra orilla se tornara lejos o inalcanzable... / ¿cómo puedo soportar el rostro del fracaso? / Si un solo barco de mi bloc de notas flota y alcanza su destino, / si una sola línea es elegida para sobrevivir, / yo te saludaré ángel del cielo, / ángel del cielo, yo te saludaré. / Dios bendiga el mar, Dios bendiga el cielo / de esos que zarparán en mis barcos de papel".

GRACILIANO MARTÍN FUMERO*