"¿DONDE vas?" cuenta la antigua leyenda que le preguntaron a Itzig, el jinete. "No lo sé -respondió- preguntádselo a mi caballo".
"¿Dónde vas?", le preguntaron al principio de esta crisis a la política. "No lo sé -respondió-, preguntádselo a la economía."
Muchos no quisieron escuchar esta respuesta y, creyendo que la política llevaba las riendas, pensaron que había llegado la hora de "refundar el capitalismo". Los economistas que habían sido relegados al ostracismo por Hayek y Friedman desempolvaron sus viejos libros de texto y alzaron la voz desde sus desvencijadas cátedras. "Ya lo decía Keynes", gritaron. Y en la Escuela de Chicago y en Moody's permanecieron mudos.
En septiembre de 2009, el G-20 se reunió en Pittsburgh y, tras cenar frugalmente para dar ejemplo, proclamó que los responsables de este desaguisado no se iban a ir de rositas. "No vamos a permitir el retorno a lo que la banca venía haciendo", escribieron en el documento de conclusiones de la cumbre.
Los más ilusos creyeron reconocer en Obama al jinete que podría llevar las riendas de este caballo desbocado. No se percataron de que en realidad era "uno de los nuestros" (título de la biografía canónica de Margaret Thatcher). Nada más ser elegido, el pensador John Zerzan nos advirtió de que "Obama no es muy diferente de Bush, tiene un estilo distinto, más agradable, pero su objetivo final es el mismo". A la vista de los acontecimientos es difícil no darle la razón. En lugar de cerrar Guantánamo, como prometió, Obama creó un Guantánamo particular para el soldado raso que desveló al mundo terribles secretos de la diplomacia norteamericana. Por ejemplo, que a Berlusconi le gusta más una juerga que comer con los dedos. Con el premio Nobel de la Paz en el bolsillo envió treinta mil nuevos soldados a Afganistan y, tras "eliminar" al enemigo público número uno, declaró que se había "hecho justicia", olvidando que la justicia la hacen los jueces.
Los que no se iban a ir de rositas siguen obteniendo beneficios millonarios y han terminado por apretar las clavijas a Obama y al resto de mandatarios mundiales, quienes, lejos de refundar el capitalismo, se afanan en buscar brotes verdes en las cifras del PIB. Los viejos libros de texto vuelven a coger polvo en las estanterías y los que se equivocaron entonces, por ejemplo Moody's, resurgen con su credibilidad intacta para hacernos temblar con un simple movimiento de pulgar.
"¿Es que acaso no llevas las riendas de tu caballo?", cuenta la antigua leyenda que le preguntaron a Itzig, el jinete. "Las sujeto con firmeza -respondió- pero solo para no caerme".
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