LA CRISIS económica, que empezó a dar sus coletazos en España en el año 2007, se está prolongando pese a que el Gobierno se empeñe en los "brotes verdes". Esta crisis ha traído consigo un escandaloso aumento del paro, cierre de empresas por falta de liquidez y de ayudas crediticias y que en numerosos hogares las familias tengan graves problemas para poder subsistir. Las prestaciones y subvenciones que el gobierno está concediendo a los parados se van agotando y ya no resulta nada fácil encontrar un empleo. Instituciones asistenciales y benéficas como Cruz Roja, Cáritas, etc., están ayudando cada mes a más personas para cubrir sus necesidades básicas, siendo la primera poder comer.
Según difundió el Instituto Nacional de Estadística, un 20,8% de los hogares españoles están situados en el umbral de la pobreza, es decir, uno de cada cinco. En esos hogares las familias no pueden cubrir sus necesidades básicas. Y ¡ojo!, que no se trata de no poder viajar para disfrutar una semana de vacaciones, o de no poder llegar a fin de mes, porque aquí el porcentaje de españoles supera los sesenta. Se trata, simplemente, de comer; de sobrevivir primariamente. Esta es una realidad devastadora, de una dureza brutal. Y lo peor de todo es que no tiene visos de reducirse, sino todo lo contrario.
Efectivamente. El grave deterioro del mercado de trabajo está abocando a familias enteras al borde del abismo, mientras el Gobierno se limita a subir la luz, el agua, el gas y demás combustibles, a incrementar los impuestos, etc. O sea, medidas todas para hundir más a los trabajadores con un sueldo y empleo precarios, la mayor parte de las veces; a los parados que tendrán que buscar otras formas de ingresos menos ortodoxas para poder comer y pagar los gastos domésticos, so pena de sufrir las consecuencias. Los jubilados, con su corta pensión, y encima congelada, están dando de comer a sus hijos y nietos que se han quedado sin empleo. Muchos de ellos se ven obligados a volver al hogar paterno por no poder hacer frente a sus gastos. Estos jubilados se están quedando sin los pequeños ahorros que tenían, y encima a abstenerse de las más elementales formas de ocio, tras una vida dedicada al trabajo.
Pero no todo es penuria, hambre y necesidad. Veamos la otra cara de la moneda. Los políticos cobran de sueldo un promedio de 3.990 ? al mes, y si le añadimos las dietas y otros gastos llegan a los 6.000 ? al mes. Se jubilan con siete años de ejercicio, quedándoles casi todo el sueldo; pueden trabajar en otro oficio o empleo y llevarse dos sueldos desorbitados; cotizan a la Seguridad Social menos de lo que por sus ingresos les corresponde. Encima, un concejal de festejos, por ejemplo, de un ayuntamiento de tercera gana más que un catedrático de universidad, o un médico especialista. ¿Qué está ocurriendo? Pues que cualquiera sin oficio ni carrera universitaria se afilia o milita en un partido político, logra meterse en una lista cerrada como candidato, aunque sea en enésimo lugar, y con un poco de suerte ¡a vivir bien, al menos, durante los cuatro años de una legislatura! ¡Hay que joderse! ¿Y cuál es la solución? Cambiar el modo de acceder a los puestos de responsabilidad política, huyendo de favoritismos y de los vividores de la política. Pero para eso se necesita empatía, honradez y servicio a los demás.
Las personas en situación de vulnerabilidad, con un empleo precario, perdido o aún no logrado a raíz de la crisis, son los que están sufriendo especialmente la coyuntura, al perder o carecer de recursos para llevar una vida normalizada. Entre los problemas que se derivan de ello cabe destacar la desestructuración familiar e incluso los problemas mentales, al encontrarse en un callejón sin salida y con escasas perspectivas de encontrar un empleo más o menos estable.
Es una vergüenza que habiendo sido España hace unos años la octava potencia económica mundial sea en la actualidad el país de la cola de la UE con un 20,6% de desempleados. También es vergonzoso que una quinta parte de la población española esté bajo el umbral de la pobreza. Y, mientras, el Gobierno, sin apoyar a las empresas, que son las que generan empleo, no para de subvencionar a los desempleados creando un ejército de cinco millones de parados.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.