VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
El Tenerife salió con vida de un partido en el que estuvo más cerca que nunca del abismo que le amenaza cada semana. Iba por detrás en el marcador y tenía un jugador menos, se agazapó, esperó a que pasara la tormenta y fue agarrándose a su mástil hasta conseguir sacar la cabeza. Ese mástil es Nino. Profesional enorme, jugador de culto, mito viviente del tinerfeñismo, cuyo ejemplo debería hacer sonrojar a algunos compañeros que decidieron desertar cuando las cosas se pusieron cuesta arriba. Los de David habían salido algo dormidos, pero reaccionaron después de que Óscar perdonara una ocasión clara ante Sergio (2'), y empezaron a jugar sueltos, con toque, desmarque y desparpajo hasta que encontraron el premio en una muy buena acción de Bertrán, que recordó sus al de sus mejores días poniendo el balón en diagonal para que Dubarbier entrase al espacio libre y batiese por encima a Javi Jiménez. Era el minuto 15 y a esas alturas ya Nino había tenido su primera gran aparición en el área, pero el portero evitó el gol, en un mano a mano que terminó con un segundo remate del ariete que se paseó por delante de la línea de meta. Incluso Iriome había rondado el tanto, que evitó Jiménez (17'). Nada hacía presagiar el vuelco tan grande que dio el panorama en la media hora siguiente. En el 19 empató Javi Guerra, que se benefició de una posición de partida adelantada para habilitarse luego en un pase en paralelo de Jofre y marcar solo en el segundo palo. No fue eso lo peor, solo dos minutos después un error de cálculo dejó a Luna (que ya se había comido otra) en desventaja con Sisi, el derribo provocó la tarjeta roja al argentino. David retrasó a Kitoko y el centro del campo local se quedó en inferioridad, porque la guerra no iba con Julio Álvarez. Fruto de su superioridad numérica el Valladolid se adueñó de la situación, metió por dentro a los media punta de banda y adelantó alternativamente a los laterales, así ocupó el campo local y redujo al Tenerife a dos líneas timoratas muy replegadas. Ya se pudo adelantar el equipo de Abel a los 23 minutos, cuando entre un poste y Sergio evitaron el tanto. En esa situación, con el público crispado, el contraste entre los dos jugadores franquicia locales (en razón a lo que cobran) fue demostrativo del fondo de la cuestión de la debacle de esta temporada. Entre la inacción de Julio Álvarez deambulando por el campo como un alma en pena y la respuesta de un Nino corajudo, humilde, luchador y certero hay un mundo. Cuando Sisi hizo el 1-2 (minuto 42) todos parecieron rendirse, pero había uno que seguía desafiando al destino.
Los cambios.- David quitó a Dubarbier (el otro sustituido estaba cantado). Con Josmar en el campo, la idea era protegerse atrás con dos líneas muy juntas, aunque muy replegadas, y tener en el venezolano una referencia que aguantara la pelota más adelante para darle salida al equipo. El Valladolid jugó a placer durante un cuarto de hora, y Óscar pudo sentenciar (15'). Sorprende que Abel no haya aprovechado tanta superioridad de otra manera. Lo hizo todo al revés. Cuando tenía el partido en bandeja, con el Tenerife casi hundido, mantuvo a sus dos volantes (Matabuena y Nafti) sin nada de fútbol y su juego fue plano, se durmieron; y cuando el Tenerife empezó a estirarse, Abel metió los cambios creativos (los dos Álvaro), pero ya no tenían el control...
El Tenerife se fue creciendo, encontró el empate, agarró confianza, fue saliendo cada vez un poco más y acabó ganando. Germán, que había entrado justo cuando el empate, hizo una jugada desequilibrante, se fue de todos, llegó al fondo, la puso en bandeja y apareció Nino... ¡Qué jugador!
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