- Viernes, 13 de mayo de 2011
SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES
Tipos tristes
1.- No hay nadie más triste que un tipo que siempre dice no. El otro día mandé a mi sobrino Sergio al Barklays, a algo tan nimio y estúpido como es pedir los últimos movimientos de la cuenta de una sociedad que compré. Como lo solicitado trascendía del año, el peguista profesional de la ventanilla le informó solemnemente que la petición, formulada por escrito, tenía que ser resuelta por "la central"; algo verdaderamente patético, porque es una información a la que tiene derecho el administrador de la sociedad y que normalmente se remite por correo, sin ninguna confidencialidad, tras cada movimiento. Mi sobrino le pidió entonces que nos enviaran el extracto (cinco o seis movimientos, más o menos) por mail; y fue entonces cuando aquel tipo pareció enfermar de causa imposible: "¡Qué va, ni hablar; tiene que ser recogida personalmente!". Algo absurdo en la época de la Internet. Al insistir Sergio en que fuera remitida, por valija, a cualquier sede del banco en el Puerto de la Cruz, para ahorrarnos un viaje a Santa Cruz, el hombre se ablandó y al parecer la mandará, pero ¡en veinte días! Veinte días, señoras y señores, tarda el Barklays en facilitar un extracto de cuenta de un cliente, aunque los números sean de 2010. Comprenderá ahora mi asesor contable que no es que yo no le quiera remitir el extracto, sino que no me lo dan. Por cierto, en CajaCanarias solicité la misma información y tardaron cuatro minutos en entregármela.
2.- Hay, en todos lados, tipos realmente tristes y con pocas ganas de solucionar los problemas de los demás. A la vista de lo ocurrido, no se me pasaría por el tolmo abrir una cuenta en ese banco, ni loco. Y espero que, a tenor de lo que escribo, tomen medidas los jefes para que los empleados resuelvan las cuitas de los clientes (antes se llamaban cuentacorrentistas) y no estén moviendo la cabeza negativamente nada más traspasar el sufridor el umbral de la sucursal. En estos tiempos, los bancos se han vuelto antipáticos; y cuando te ven la jeta parece que están ante un enemigo. No pedí un crédito, pedí un extracto, coño, un extracto miserable y breve. Y encima el tipo era godo.
3.- La sociedad se ha vuelto antipática, poco comunicativa y áspera. Los tipos simpáticos han desaparecido. Vas a buscar un puto extracto y te fulminan con la mirada. Entras en una dependencia oficial y no ves sino las chaquetas de los gandules que han ido a cumplir con la Cofradía del Perpetuo Café. Este país no puede avanzar, ni en lo público ni en lo privado, con machangos de ese jaez que nos complican la vida y nos enturbian la mente. Tristes, que son unos tristes. Ay.
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