QUE no sueñe Paulino Rivero, por muchos turistas que lleguen a Canarias, que va a conseguir 300.000 empleos para solucionar el gravísimo problema de paro que padecen estas Islas. Se lo decíamos en nuestro comentario de ayer y queremos extendernos sobre este asunto en este editorial porque el tema tiene suficiente calado, suficiente fondo, para analizarlo detalladamente. No 300.000; Paulino Rivero no conseguirá ni 300 nuevos puestos de trabajo de seguir por la senda en la que se ha adentrado. Porque el presidente del Gobierno regional, y con él todos los que se llaman nacionalistas, hace tiempo que recorren el camino del bolsillismo político guiados por una idea vergonzosa: primero yo, después yo, siempre yo y si queda algo, también para mí. Y como les remuerde la conciencia, porque a todo canario auténtico le duelen las colas del hambre en su tierra -una tierra que antes era afortunada, lo decimos un día más, y que hoy es absolutamente desgraciada por culpa de su situación colonial- se agarran a pequeños logros para justificarse ante el pueblo. Unas veces son las migajas que les echan los peninsulares a los quíqueres que don Paulino tiene en Madrid. Otras es a don Paulino al que lo engañan como un indígena -porque mientras habitemos en una colonia somos indígenas; sin taparrabo, pero indígenas- aunque en vez de abalorios y cuentitas de colores, como hacían con los amerindios, le dan agua en una cesta. Ahora se agarra el presidente del Gobierno autónomo -es decir, el presidente de un Gobierno supeditado a los caprichos de la metrópoli, en vez de asumir el papel de primer presidente de la República Canaria- a las buenas cifras del turismo.
Lo manifestábamos en nuestro comentario de ayer, como decíamos antes, y lo repetimos hoy: ojalá tenga razón don Paulino y Canarias alcance este año la cifra de doce millones de visitantes. Seguro que si lo conseguimos habrá una gran alegría en Madrid porque la Hacienda española aumentará su recaudación en las Islas. ¿Y a los canarios? Pues que los parta un rayo. ¿Cuándo le ha preocupado al amo de la finca la suerte de sus peones? Nunca. De la misma forma, los canarios jamás les hemos importado a los peninsulares. Es verdad que nos miran con cierta atención cuando llegamos a Barajas o al Prat, pero se trata únicamente de la curiosidad que despiertan personas exóticas. Ocurría lo mismo con los procuradores saharauis que acudían, vestidos con chilaba y tocados con turbantes, a las Cortes del general. Aunque llevaban en el bolsillo un carnet de identidad español, todos sabían, incluso ellos mismos, que no eran españoles sino africanos. Sin embargo, los dos representantes de Coalición Canaria en Madrid sí se lo creen. El uno y la otra están convencidos de que son españoles. Si supieran cuánto se ríen de ellos los españoles a sus espaldas...
Hay otra razón para que no disminuya el desempleo en Canarias. Los empresarios están tan escarmentados con los sindicatos, con los comités de empresa y con todos los problemas económicos a los que se enfrentan en estos momentos -no hay ingresos-, que no dan ni un empleo. Y si lo dan, lo hacen de forma temporal. Nos dicen muchos empresarios que tienen proyectos para los que necesitan personal, pero que no se atreven a contratar en una situación sindical que les resulta hostil. Eso es lo que han conseguido los sindicatos y los comités de empresa con sus manifestaciones, sus filtraciones a prensa digital podrida, sus pancartas, sus pititos y sus banderitas. Pero a ellos les da igual porque, concluida la algarada, se reúnen a comer en buenos restaurantes; en locales a los que no pueden ir los trabajadores. Qué gracioso: los principales culpables de la incertidumbre sindical comiendo bien mientras los trabajadores, que son los que les pagan el sueldo con sus impuestos o las comisiones que cobran esos sindicatos por la tramitación de los conflictos, en las colas del hambre. Por si fuera poco esta caradura, cualquier empleado recién llegado a una empresa pretende gobernarla como si fuera suya.
De igual forma hemos de decirle, don Paulino, que su Ley de residencia es otro parche. En primer lugar, porque ni los españoles ni los europeos se la van a consentir. Canarias vale mucho para ellos; demasiado para que le permitan a los isleños decidir quién puede domiciliarse aquí y quién no. Ahí tenemos otra consecuencia de nuestra ignominiosa condición de seres colonizados: ni siquiera podemos determinar a nuestro libre albedrío quién reside en nuestra tierra, porque nos lo imponen las leyes españolas y europeas. Indígenas colonizados y europeos ultraperiféricos; eso es lo que somos. Somos cualquier cosa menos canarios con nuestra propia identidad y nuestros propios derechos. Muchos países más pequeños que este Archipiélago, y con una economía menos desarrollada que la nuestra, son dueños de su tierra, de su cielo y de su mar. Son señores de su territorio y, en consecuencia, pueden determinar a su conveniencia quiénes pasan por sus fronteras y quiénes no. A nosotros nos lo dictan desde Madrid y Bruselas personas que no nos conocen y a las que no conocemos.
La auténtica Ley de Residencia es la que propone el Movimiento Patriótico de Canarias para la nueva Constitución propia que tendremos cuando seamos un país libre; es decir, una nación soberana y con Estado. En esa Constitución se establecerá como premisa fundamental que en Canarias decidirán los canarios y no los advenedizos que vienen de fuera. Esas personas podrán entrar pero no por su cuenta, como ocurre ahora, sino con permiso de los canarios, que son los auténticos dueños de unas Islas que les fueron arrebatadas hace casi seis siglos a sus antepasados mediante una conquista genocida. Además, los que entren lo harán, como sucede en todos los países, con un visado en el que figure el tiempo máximo de permanencia. Lo que no vamos a consentir es lo que sucede actualmente con ciudadanos de la Unión Europea, y hasta de los países sudamericanos, que entran y salen a su conveniencia y acceden a los empleos a los que deben tener derecho, en primer lugar, los canarios porque son los auténticos y únicos propietarios de estas Islas. ¿300.000 empleos, don Paulino? ¡Ni en sueños!. Ni 3.000 ni 300 ni 30, al contrario, todos los días sube la cifra.
¿Alguien nos acusará de racismo y xenofobia por esto? Tal vez. Nos incordian con esas actitudes hostiles, pero no nos van a impedir que sigamos defendiendo al pueblo canario. Estamos acostumbrados a acudir a los tribunales y a perder las demandas que nos interponen, así como a que se archiven o desestimen las que interponemos nosotros por graves insultos y calumnias. Es de vergüenza que la hez del periodismo, entre la que se encuentran los cuatro godos de la prensa de Tenerife y el chulón capicúa de Las Palmas, no pudiendo derrotar a EL DÍA en difusión y número de lectores, acudan a las prácticas más sucias y rastreras para desacreditarnos. Prefieren las denuncias injustificadas, las descalificaciones, los insultos y toda clase de bajezas a realizar un trabajo periodístico serio como el que hacemos en EL DÍA. Se nos acusa de racismo y xenofobia cuando lo único que hacemos es defender la identidad, la dignidad y el trabajo de los canarios. Sabemos que la identidad de los canarios se ha perdido en gran parte debido a las sucesivas oleadas de personas foráneas que ha propiciado el Gobierno español. No obstante, estamos a tiempo de recuperarla.
Por todo esto, ningún patriota canario, ningún militante del Movimiento Patriótico se unirá a los falsos nacionalistas de Coalición Canaria. El Movimiento Patriótico es un partido puro que representa lo mejor para Canarias. Es, en definitiva, y a la vista de la traición política de los nacionalistas al pueblo canario, la única esperanza de salir de la miseria, de que desaparezcan las colas del hambre y de que dejemos de ser una tierra esquilmada y desgraciada. Porque mientras no tengamos en nuestras instituciones a políticos que reclamen la libertad para Canarias, los peninsulares, y sobre todo los godos, seguirán tomándonos el pelo como se lo toman a Paulino Rivero y a los quíqueres que tiene en Madrid para hacerle el juego a Zapatero.
Acabamos diciéndole lo que le decíamos al principio: no sueñe con esos 300.000 empleos para los canarios, don Paulino. Eso es imposible mientras seamos una colonia con unos habitantes que carecen de identidad, de derechos y de posibilidades de promoción, porque todo está reservado prioritariamente para los españoles que nos colonizan. Pida usted primero la libertad de esta tierra y todo lo demás nos vendrá por añadidura. De lo contrario, sepa que será despreciado en el futuro por todos los canarios auténticos.
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