JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
"Cuando ves que el trabajo al que has dedicado más de tres años de tu vida se pierde en unas horas te planteas si vale la pena continuar adelante... No me fui por convicción, pero fue deprimente", asegura el cineasta tinerfeño Javier Fernández Caldas en vísperas del estreno en el XII Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria de "La criada", un corto grabado en Tenerife y protagonizado por la actriz catalana Silvia Marsó. "En esta profesión siempre estás en las cuerda floja, pero necesitaba volver", confiesa un creador que sufrió un duro golpe cuando todo se vino abajo.
Después de estar cinco años alejado de la dirección regresa con "La criada"; ¿la espera se le ha hecho larga?
En esta profesión siempre estás en la cuerda floja, pero necesitaba volver. Incluso cuando las cosas van bien, el cine genera una ansiedad difícil de controlar. Cada proyecto implica unos cuantos años de trabajo y hasta que la película no llega a las salas no tienes la certeza de que todo ha acabado bien.
¿Qué motivó el parón?
Un proyecto que se cayó después de dedicarle muchos esfuerzos... Coincidió con las primeras señales de la actual crisis y me costó superarlo. Era un largometraje de género cómico -"La familia Rodríguez"-, con ciertas influencias de "La familia Adams", que manejaba un presupuesto de tres millones de euros.
¿Retorna con el "cuentakilómetros" cinematográfico a cero o se apoyará en las experiencias que ya le han aportado éxitos?
No voy a comenzar de cero... Un director siempre resetea sus ideas con un nuevo proyecto, pero ésta es una vieja idea y un homenaje a Douglas Sirk y Vicente Minnelli. De alguna manera, sigo siendo fiel a mi estilo. Al hacer "El último latido" recordé al cine mudo y con "Frágil" rendí mi tributo al expresionismo y el cine negro. Ahora, con "La criada", le toca el turno a Sirk y Minnelli...
¿Se planteó dejar el cine?
No... Lo pasé mal, pero no me fui por convicción. En ese instante, me propuse recuperar un viejo guion -escrito en el año 2001- para dar forma a "La criada".
¿Hubo un antes y un después de "La isla del infierno"?
Dirigir aquella película sirvió para confirmar que no era necesario un gran presupuesto para hacer cine, pero fui muy ingenuo. Con "La isla del infierno" (1997) aprendí todos los errores que no debe cometer un director. La cinta tuvo una buena acogida en taquilla, pero dar vida a una aventura de piratas con una inversión tan corta fue una auténtica locura.
Con "La criada", además de volver al género del cortometraje, su producción convierte a la Isla de Tenerife en un plató natural.
Grabar en Tenerife se convirtió en una experiencia maravillosa y dar a conocer este trabajo por primera vez en el Festival de Cine de Las Palmas una enorme alegría. Formo parte de una generación de directores, entre los que están Miguel Toledo, Andrés Koppel, Juan Carlos Fresnadillo, que tuvimos en los hermanos Ríos a unos referentes del cine canario. "Guarapo" despertó mi interés por hacer cine en Canarias. Siempre he creído que Canarias se podía convertir en un pequeño Hollywood; un lugar en el que potenciando una serie de infraestructuras es posible explotar la riqueza de nuestros paisajes.
¿El cine español está en crisis?
No es una cuestión de ausencia de talento; falta una financiación que respalde las ideas de los directores. El cine español está parado. No existe un problema de calidad, pero la realidad es que los únicos que dirigen son Almodóvar y Amenábar. Antes de la crisis se grababan cien películas en España cada año, hoy no llegan a veinte.
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