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La actividad volcánica no ha variado en los últimos seis años

La red de monitorización que existe en las Islas no ha detectado ninguna deformación significativa del terreno y muestra una actividad estable.
16/mar/11 01:25
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EFE, S/C de Tenerife

Canarias cuenta con una red geodésica instrumental permanente de GPS cuyas estaciones dependen de diferentes organismos y administraciones que monitorizan los volcanes de forma continua para detectar cualquier deformación del terreno asociada al fenómeno volcánico en profundidad.

En el caso particular de Tenerife, la isla con un mayor número de estaciones GPS, la Red Geodésica Canaria tiene la capacidad de detectar movimientos de un volumen magma en el subsuelo equivalente a unos 10 millones de metros cúbicos, un volumen de magma común en erupciones moderadas.

Así lo explica Nemesio Pérez, director de la División de Medio Ambiente del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), dependiente del Cabildo de Tenerife, quien señala que después de seis años de monitorización, no se ha detectado deformación significativa alguna del terreno y los registros de la red permanecen estables.

Esta red geodésica es capaz de detectar con antelación posibles procesos eruptivos ocasionados por el citado volumen de magma y desde el comienzo de la instalación de antenas en Tenerife, a principios de 2004, no se ha observado intrusión significativa alguna de magma por debajo del edificio del Teide o de sus dorsales.

Si se detectase algún tipo de deformación del terreno asociado al fenómeno volcánico, se intensificaría la monitorización en esa zona específica y se desplegarían nuevas antenas GPS, explica Nemesio Pérez.

La Red Geodésica Canaria en la actualidad está compuesta por 30 estaciones GPS, de las cuales 16 son propiedad de GRAFCAN, 11 del ITER y 3 de la Universidad de Nagoya (Japón).

En Tenerife se localizan 11 estaciones GPS, cuatro en El Hierro, cuatro en La Palma, cuatro en Gran Canaria, tres en Lanzarote, tres en Fuerteventura y uno en La Gomera. Ello implica que en Canarias hay una treintena de estaciones GPS para la vigilancia volcánica de distinta titularidad pero con una gestión coordinada, un ejemplo "que me hubiera gustado que hubiesen tomado otras administraciones", señala el científico del ITER.

A partir de la crisis volcánica de 2004, el Ministerio de Fomento aprobó un decreto por el que proclamó responsable de la vigilancia volcánica en España al Instituto Geográfico Nacional (IGN) que, "sorprendentemente" años más tarde ha instalado otra red GPS no coordinada con la anterior.

Esto implica que hay antenas de dicha institución localizadas a poca distancia de otras, lo que no supone "la mejor forma de maximizar los recursos públicos".

Con la instalación de la Red Geodésica Canaria de GPS "la mesa de la vigilancia volcánica en Canarias ya descansa en tres patas", pues Nemesio Pérez recuerda que hasta 1997, que esta era peor que la de muchos países en vías de desarrollo: "Era tercermundista".

Ello se debía a que sólo se prestaba atención a la sismicidad, en concreto, a las señales sísmicas asociadas al fenómeno volcánico, que no se refiere solo a los eventos sísmicos de ruptura -los terremotos-sino a otro tipo de señales sísmicas asociadas al fenómeno volcánico.

Pero la vigilancia volcánica tiene "otras dos patas" a las que hay que prestar atención, pues cuando hay un proceso de reactivación volcánica, cuando el magma asciende de zonas profundas a partes más someras o incluso llega a la superficie, se generan cambios en la sismicidad, en los gases y de deformación en el terreno.

"Si se presta atención a los tres, el sistema de alerta temprana será más sólido", explica Nemesio Pérez.

Sin embargo, anteriormente sólo había una única "pata" para la vigilancia volcánica en Canarias que, además, estaba desdoblada en dos redes sísmicas, una operada por el IGN y otra por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, no coordinadas entre sí.

Por esta razón el Cabildo de Tenerife puso en marcha el grupo vulcanológico del ITER y en 1997 empezó a desarrollar el programa geoquímico para la vigilancia volcánica, es decir, se comenzó a prestar atención a los gases, que son "la fuerza motriz de las erupciones volcánicas".

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