EN LA TARDE del 2 de mayo de 1808, mientras las tropas francesas al mando de Murat terminaban de sofocar la rebelión del pueblo en las calles de Madrid, dos alcaldes ordinarios de la villa de Móstoles redactaron un manifiesto que prendió la llama de la Guerra de la Independencia española en toda la Península ibérica.
Salvando el tiempo y la distancia, nos congratula que haya sido el alcalde de una pequeña localidad tinerfeña ?pequeña en tamaño y en número de habitantes, pero no en valía y en valor? el primero en apostar abiertamente por la independencia de Canarias. Por primera vez aparece la voz de uno de los políticos del momento ?una voz inteligente y limpia; una voz por la que hay que votar porque es la de un auténtico canario? pidiendo la libertad de esta tierra. "Si de mí dependiera, firmaría hoy mismo la independencia de Canarias como una de las respuestas legítimas al atropello, por ejemplo, que sufren los emigrantes canarios en Venezuela, que no pueden votar para elegir a sus representantes en las instituciones de las Islas", ha dicho Manuel Reyes en declaraciones a EL DÍA. Y tiene toda la razón del mundo. ¿Es que no somos atropellados constantemente los canarios por parte de la Metrópoli que nos sojuzga colonialmente, tanto dentro de nuestra tierra como fuera de ella?
MANIFIESTA también Manuel Reyes algo que nos llama mucho la atención. "Estamos ante la peor puñalada que se nos ha podido infligir; no hay derecho a que se nos trate de esta manera", dice. "Desconozco en qué parte de la Constitución está escrito que se pueda atropellar a una parte del pueblo canario en ese ámbito concreto. ¿No se nos trató mal cuando nuestros ascendientes salieron de aquí? Emigraron a Venezuela, nos dejaron un puestito de trabajo. Se fueron sin saber a dónde iban, a pasar necesidades, hambre y pena; y desde que ganaron los primeros bolívares, los mandaron para acá para sacarnos de la miseria que padecíamos".
Se pregunta el alcalde de San Juan de la Rambla si los canarios no somos seres humanos como los del resto de España. "Somos bichos raros y estamos hasta las narices de todo eso", afirma. "Siempre he creído toda mi vida que podemos ser un buen español y un buen canario, pero visto el desprecio considero que ser canario es una honra y si por algo hay que luchar y defender son nuestros intereses, más allá de los sentimientos, las religiones y de lo que quieran, pero con pantalones, con seriedad, honradez y con diálogo, es poder decir que podemos seguir adelante".
ASÍ ES, don Manuel. Los españoles nunca nos han considerado como españoles, sino como lo que realmente somos: indígenas colonizados a los que miran con curiosidad, de la misma forma en que miraban a los procuradores saharauis en las Cortes franquistas, en cuanto llegamos a la Península. Somos nosotros quienes estúpidamente, y a causa de la narcosis ?o de una versión colonial del Síndrome de Estocolmo? hemos pensado que somos españoles. Más bien nos lo han hecho creer nuestros carceleros coloniales. Pero esto se acabó. Cada vez son más los canarios que están despertando de su fatal somnolencia. Los españoles saben que van a perder muy pronto esta finca que siguen explotando allende los mares. Saldrán de este Archipiélago como salieron de América, de Filipinas y de todos los territorios que invadieron en su día cometiendo genocidios como el sufrido durante cien años de heroica resistencia por los guanches. De América y de Filipinas salieron a patadas. Queremos que de Canarias se marchen por las buenas, pues pese a que nos han estado expoliando durante casi seis siglos, queremos mantener relaciones amistosas con ellos en el futuro. No nos mueve el rencor, pero tendrán que irse.
Manuel Reyes es un hombre que siente Canarias y que ha creado en su municipio el Beñesmén para mantener vivas las costumbres de nuestros antepasados. Un patriota admirable y un hombre de bien que posiblemente llegará a formar parte de la historia de esta tierra por su contribución a que recuperemos nuestra libertad, identidad y dignidad.
NO es el caso de un colaborador de EL DÍA, también apreciado en esta Casa, que ha titulado su artículo del pasado jueves con una frase que no necesita ser comentada pues resulta explícita en sí misma: "Y dale con el ejército de ocupación". Está en su derecho al criticarnos como lo están todos nuestros críticos. A ninguno le hemos negado el espacio en estas páginas. Seguimos insistiendo en que elogiamos y admiramos al Ejército español por tener cualidades que hemos alabado muchas veces en nuestros comentarios y editoriales.
Como primera réplica al artículo de nuestro apreciado colaborador podríamos titular este editorial con "Y dale con que Canarias es España". No lo haremos por respeto, aunque es eso lo que pensamos. Por mucho que alguien insista en que Canarias forma parte de España, la única realidad es que este Archipiélago lleva cerca de 600 años colonizado por una nación europea situada allende los mares y nada menos que en otro continente. Por eso ?y por otros motivos que también hemos comentado repetidamente? España debe salir de Canarias de la mano de los mismos que piden que se mantengan los españoles en las Islas, ya sean militares o civiles con cargos, o líderes, militantes o simpatizantes de los partidos estatistas PP y PSOE o de los partidos nacionalistas CC, PNC, CCN y otros. Olvidan nuestros críticos cómo fueron invadidas estas Islas: de una forma feroz, pues las tropas regulares de Castilla, así como los mercenarios andaluces ?y de otras regiones peninsulares? que los acompañaban, se valieron de su superioridad armamentística para doblegar a un pueblo valeroso, al que diezmaron, esclavizaron, torturaron y privaron de su libertad, de su identidad y de su tierra.
Aquellas tropas, que no formaban parte del Ejército de España porque España estaba en formación, se convirtieron con el paso del tiempo en un ejército de ocupación. Sabemos, y así lo hemos expresado en numerosas ocasiones ?volvemos a reiterarlo? que el Ejército actual es distinto y dignísimo.
No podemos admitir, y lo decimos desde el afecto y el respeto, lo que escribe nuestro colaborador respecto a que "el fanatismo independentista no puede distorsionar una realidad y una evidencia histórica". La realidad y la evidencia histórica es otra, aunque el Gobierno de la Metrópoli intenta ocultarla. La realidad, porque así lo dice la historia auténtica, es que el pueblo guanche sufrió una agresión brutal a manos de unos desalmados que, sedientos de riqueza, no tuvieron el menor reparo en derramar la sangre de un pueblo pacífico; de unas personas que vivían en armonía y que poseían su estructura familiar y social.
Tal vez Manuel Reyes haya dado la voz de formar filas para, pacíficamente, invadir a España y al mundo con las ideas y el conocimiento de que existe una colonia; de que existe un territorio sojuzgado por un país europeo que está sufriendo el saqueo de sus recursos. Con más paciencia y con más espacio abundaremos sobre este tema en editoriales sucesivos, porque estamos iniciando la marcha para esa invasión y conquista política de España y del mundo. Vamos a conseguir que el mundo sepa cómo vivimos. Que se sepa que en Canarias el paro es galopante por culpa de España y de su Gobierno socialista y que, como informábamos en nuestra edición del viernes, la miseria crece sin control en estas islas.
Tampoco podemos olvidar la amenaza marroquí. Estamos en aguas de nuestro vecino magrebí. Nos lo recordaba hace unos días nuestro colaborador Mohamed Boular. "La Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (1982) define a la plataforma continental del Reino de Marruecos como el lecho y subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de nuestro mar territorial (12 millas) a todo lo largo de la prolongación natural de nuestro territorio africano hasta el borde exterior del margen continental, o bien hasta una distancia de 200 millas de Zona Económica Exclusiva (ZEE) contadas desde las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial del Reino de Marruecos. Nuestro país ejerce sobre nuestra plataforma continental africana ?según el Derecho Internacional vigente? derechos exclusivos de soberanía a los efectos de su exploración y explotación de sus recursos naturales. Tomen nota que hacemos hincapié en la africanidad de nuestras aguas y de nuestra plataforma continental. También nuestra misión en la ONU ha dejado muy claro que España es un país europeo y por lo tanto su actuación en nuestra zona africana de influencia es ilegal, al estar actuando fuera de su espacio europeo".
Algún día Marruecos dará el paso de incorporar Canarias a su territorio nacional. Y al estar, como estamos, en aguas marroquíes, nadie podrá negarle ese derecho. ¿Qué hará usted entonces, don Paulino? ¿Dónde se esconderá avergonzado por la traición a su pueblo?
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