- Lunes, 3 de enero de 2011
AGUAYO
La esperanza
DICEN que es lo último que debe perderse, pero con las cosas que están sucediendo en el país y las que cada uno vivimos en casa, la gran mayoría estamos atravesando una falta de sosiego y paz que tiene nuestro espíritu bajo mínimos. Necesitamos, como aquella famosa canción del trío Los Panchos, "como un rayito de luna", algo que nos ilumine, dé vigor, ilusión y esperanza.
La consigna en las llamadas hechas este año a los amigos para felicitar las fiestas fue incredulidad, desesperanza y apatía. Salvo algún optimista, la gran mayoría, por desgracia, sufría un pesimismo que rayaba una tristeza absoluta. El ambiente de nuestro país y de Canarias empieza a tener visos catastróficos, y lo que se escucha en la calle y en las conversaciones con los amigos es la realidad que no nos cuentan los políticos. Cada vez estoy más convencido de que la economía está mucho peor de lo que nos dicen. Ya conozco, de primera mano, familias que empiezan a adolecer de cosas indispensables, y el dichoso paro, que se incrementará, aunque nos digan lo contrario, sólo trae zozobra e inquietud. Para muestra, basta con pasearse por los núcleos de compras en calles y avenidas de ciudades y pueblos de las Islas, para comprobar cómo meses atrás locales, almacenes y oficinas vivían pujantes o se mantenían cubriendo sus gastos más importantes, para ahora ver cientos de pequeños negocios cerrados a cal y canto, y con escaparates llenos de carteles de se traspasa, se alquila o se vende. Esto sólo significa cierre de pequeñas y medianas empresas, que son las que sustentan cualquier país, y como consecuencia, miles de personas con falta de trabajo.
No hace mucho tiempo que un amigo me encargó conseguirle un local en compra o alquiler en avenidas importantes de Santa Cruz y La Laguna, y tuve que dejarlo por imposible con los precios tan elevados que me daban. Ahora se han reducido a la mitad, pero realizar las transacciones está en manos de los dueños de los locales y de las entidades financieras, que son los que controlan la situación.
Y ya que hablo de los bancos, déjenme decirles que estoy convencido de que son una de las partes culpables de llegar a estas circunstancias; la otra, por supuesto, es este gobierno consentidor. No se sonrojarán ni una pizca cuando publiquen sus memorias anuales, donde restregarán a los ciudadanos los datos de sus enormes beneficios. Hoy mismo, leyendo con detalle una escritura de compraventa hipotecaria, compruebo cómo el comprador está totalmente indefenso, y el banco se puede hacer con la propiedad sin ni siquiera publicar edictos, basta con embargar los impagos, y sin otro requisito que lo que la ley hipotecaria determina, lanzan a la calle al propietario y se quedan con la propiedad, como ya está sucediendo desde hace meses. Se han hecho los dueños del país, pero no puede quedar así; hay que buscar algún remedio. Ya desde algunos periódicos se avisa a los políticos de que si su comportamiento persiste pueden surgir complicaciones no deseadas por nadie.
Comenzamos un año nuevo, y tras las fiestas espero reacciones de la población. Los políticos no pueden continuar con sus prebendas y deben reducir sus salarios inmediatamente; los bancos están obligados a soltar algo la cuerda que ahoga a los ciudadanos; y todos debemos remar en la misma dirección, arrimando el hombro, y no precisamente como nos está obligando el señor Zapatero. Esto puede y tiene que mejorar, pues alguna esperanza tenemos que dar a los más desfavorecidos.
Es este mi deseo y mi mensaje, tratar de dejar el pesimismo y embarcarnos en el futuro con ilusión y esperanza.
aguayotenerife@gmail.com
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