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DOMINGO, 31 DE OCTUBRE DE 2010
EL VUELO DEL CÓNDOR 19 FERNANDO FERNÁNDEZ

Azores, tan cercanas y tan lejos

LA HOSPITALIDAD es uno de los rasgos característicos del isleño y en el caso de las Azores, no sólo no es una excepción sino que, como portugueses que son, ese rasgo se ve especialmente acentuado. Desde mi primera visita a aquel archipiélago, son numerosas las veces que por uno u otro motivo he vuelto una y otra vez. Me siento especialmente bien entre los azorianos.

Si en mi primera visita, en 1987, tuve un programa trepidante que me permitió visitar 6 de las 9 islas del archipiélago en apenas 5 días, cuando he vuelto, una semana atrás, para hablar de la ultraperiferia europea, he tenido tiempo para hablar tranquilamente con los amigos, pasear por las calles de Ponta Delgada y sorprenderme con nuevos descubrimientos paisajísticos, culturales y gastronómicos.

Llamadas una vez "las islas desconocidas", hoy son cada vez más quienes las visitan, un turismo selectivo que contribuye a elevar su nivel de vida, sin padecer el carácter depredador del medio ambiente que acompaña inevitablemente al turismo de masas, que ellos hasta ahora han podido evitar. Como todas las regiones de la ultraperiferia europea, Azores ha recibido un importante volumen de inversión pública que las ha dotado de buenas infraestructuras y sus servicios públicos tienen un excelente nivel. Situadas en medio del Atlántico, a mitad de camino entre Europa y América, estas infraestructuras son esenciales, sobre todo en materia de trasportes, y sus 9 islas cuentan hoy con puertos, aeropuertos y una moderna red viaria.

Desde el punto de vista económico, las Azores han experimentado un notable desarrollo y hoy, en medio de la crisis, el desempleo no llega al 10 por ciento de la población, algo que para ellos empieza a ser un serio problema, pero yo no pude evitar pensar en el 30 por ciento de parados que tenemos nosotros. La agricultura, la pesca y la ganadería suponen un 25 por ciento de su economía, con una cuota de producción láctea capaz de abastecer en gran medida a todo el mercado nacional portugués. Sus excelentes quesos gozan de una justa fama y sus pesquerías han permitido desarrollar una industria de trasformación de gran valor añadido. De manera casual, una tarde me acerqué a visitar una feria de vinos y pude refrescar mi gaznate con unos blancos magníficos elaborados con vides de la isla de Pico que había visitado años atrás, cultivadas por un procedimiento similar al que se utiliza en La Geria lanzaroteña. Unos vinos de gran calidad que se benefician de un proyecto financiado con fondos europeos y ejecutado con productores canarios y de Madeira.

Las Azores tienen unas temperaturas suaves, pero su climatología es adversa, con lluvias y lloviznas frecuentes, casi diarias en algunas islas, lo que condicionan la riqueza de una flora de valor incalculable, que es sin duda un atractivo para el visitante. Durante mi visita disfruté de unos días excepcionalmente soleados que me permitieron pasear por sus calles y admirar la inconfundible y rica arquitectura azoriana, con magníficos edificios públicos y casonas en los que destacan el blanco de la cal, el negro de las piedras volcánicas utilizadas en su construcción y sus inconfundibles balcones de hierro forjado, que ellos llaman varandas, de un estilo que siempre me ha hecho recordar los edificios de muchos rincones y zonas urbanas de nuestras islas, en La Orotava, en Santa Cruz de La Palma y la misma Vegueta en Las Palmas. Sus calles, bien trazadas, rectas, con el piso adoquinado y bien conservado, son testimonio de su común identidad cultural con Madeira y con nosotros. Somos en realidad un mismo pueblo con un pasado y una cultura común, aunque la geografía y la historia nos hayan conducido por caminos tan dispares y solo ahora, desde nuestra pertenencia al proyecto común europeo, hemos vuelto a encontrarnos.

Una visita a las Azores puede permitirnos una reflexión de interés para nosotros los canarios. En realidad, creo que tenemos tanto que aprender y tanto para compartir unos con otros que me parece evidente que una mayor colaboración entre nuestros gobiernos, nuestras universidades y nuestras empresas es una tarea pendiente y que las posibilidades de fructíferas sinergias recíprocas es algo que hasta ahora no hemos sabido o nos hemos querido desarrollar. Tal vez, cualquier momento es bueno para empezar y recuperar el tiempo perdido.

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