EFE, Madrid
Las rapaces necrófagas evitan cada año la incineración de miles de toneladas de animales, lo que se traduce en un ahorro energético equivalente al gasto anual de 9.000 hogares y evita que 193.000 toneladas de CO2 acaben liberadas en la atmósfera.
En España, se generan cada año 380.000 toneladas de carroñas, de las que unas 150.000 corresponden a rumiantes (cabras y ovejas).
Su incineración implica "un alto coste energético, económico y ambiental derivado de la emisión de gases contaminantes y la imposibilidad del reciclaje natural de estos nutrientes por parte de la fauna salvaje", afirma en una entrevista con Efe el presidente de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza Caralluma, Bernardo Robles.
De ahí la importancia, defiende el experto, de la contribución que pueden realizar los buitres al problema del tratamiento del gran volumen de carroñas generado por las explotaciones ganaderas.
Un buitre adulto en libertad consume alrededor de tres kilos de carne por semana, y se estima que toda la población española de estas aves consume unas 10.000 toneladas.
Según Robles, que trabaja con rapaces necrófagas desde 1988, la incineración de dichos residuos animales supone el gasto anual de 46 millones de fuel oil, lo que equivale a la energía producida por la central nuclear de Cofrentes durante 21 días a pleno rendimiento o la iluminación de 780.000 hogares.
Otra ventaja del uso de los buitres en esta tarea reside en la recuperación de la población de estos animales, mermada tras la aprobación de distintas normativas europeas y nacionales como consecuencia de la crisis de las vacas locas.
A raíz de dichas reglamentaciones, el ganadero está obligado a comunicar la muerte de sus animales -ya que pasaron a considerarse material específico de riesgo- y quemarlos, dado que se ha prohibido su abandono en el campo.
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