MAIKEL CHACÓN, Tazacorte
Cumplir años el 29 de septiembre, el mismo día que se celebra el patrón de La Palma, San Miguel Arcángel, te marca, sobre todo si naciste y vives en Tazacorte, un pueblo que venera a su protector. Crismani es de las pocas personas que puede celebrar al mismo tiempo esa doble condición.
Fue el antiguo conserje que corregía en los pasillos del Colegio Juan XXIII a generaciones y generaciones de bagañetes, el operario de aquel oloroso vehículo abierto que recogía la basura por las estrechas, casi imposibles, calles del casco del pueblo, el hombre que siempre lanzaba los voladores en cualquier fiesta bagañeta, hasta parecía un experto.
Hoy, jubilado con 72 años, Crismani pasea y se sienta bajo la pérgola de la plaza, junto a la Iglesia. Un anciano más para las nuevas generaciones y una cara conocida para los padres actuales. Allí es Don José Acosta Pérez (el Don va con el respeto), aunque él dice que así sólo lo conocen en el ayuntamiento.
Pero Crismani, así lo llamó de niño su abuela y así se quedó para siempre sin saber ni siquiera él lo que significa: "Igual no es ni un nombre", esconde una capacidad que hoy pocos conocen, pero que merece un rincón en el estante histórico del patrimonio artesanal de Tazacorte, un rincón que por ahora no existe. Crismani conserva el particular arte de fabricar camiones de madera. Camiones artesanales de juguete o de colección, que emulan a los viejos vehículos usados en el Valle de Aridane para recoger la fruta en las fincas plataneras, en la época de "los Betancores y los Hernández" (tal y como él los llama), que después fueron sustituidos por otros de trompa larga.
Únicos.- Cuarenta años fabricando a mano, en un pequeño cuarto, esos camiones. Se dice pronto. Empezó un día que su padre se puso enfermo. Le dejó los moldes para trabajar la madera y se puso a ello. Crismani no es carpintero. No hace muebles, ni esculturas, hace camiones, como los fabricaba su padre.
Quizás los haya más bonitos, mejor diseñados, con formas perfectas, hechos con máquinas de precisión, pero los de Crismani son únicos, porque imitan en miniatura a los más antiguos que se recuerdan en el Valle de Aridane cargando en las fincas plataneras: "A la gente les gustan. Tenía más de 70 fabricados y en poco tiempo me quedan sólo cuatro".
Él no usa escala, ni se guía por medidas concretas. Su mente dicta el tamaño y los perfiles. Da igual si son perfectos o no. Son piezas hermosas y curiosas que, con sólo ponerle el valor de su fabricación manual rudimentaria, pueden formar parte de una colección artesanal, con su diseño propio.
Los camiones, en la distancia, parecen producidos como los que se hacen en masa, en una planta de manufactura, como los de juguete de plástico o metal, pero de cerca, huelen a madera y a pintura nueva. Incluye ciertos detalles que le dan gracia, desde las ruedas rudimentarias de madera, hasta la imitación de unas luces frontales.
Tiene que ser emotivo ver a un niño imitar el ruido del motor y empujar uno de estos viejos camiones. Pesan poco y podrían ser hasta un regalo ideal para sorprender a estos pequeños acostumbrados a las máquinas perfectas y a la comodidad de jugar sentado en el sillón, frente al televisor. Él defiende esa idea: "Los construyo para que duren. Son fuertes".
En crisis.- Pero incluso Crismani ha visto cómo la crisis ha tocado en su puerta, en la misma que no tocan los que deben ayudarlo. Desde hace un tiempo casi no fabrica, no tiene madera para ello. La consigue de restos de carpinterías, no puede comprarla porque no es rentable, y ahora, "hasta los recortes de madera han desaparecido, no hay materia prima".
Crismani vende su viejo camión a 30 euros y lo hace en su pequeño taller escondido entre las callejuelas de Tazacorte. Le gustaría hacerlo, por ejemplo, en la Casa del Artesano de su municipio, también Oficina de Turismo, pero se niega a exponerlos porque le piden que los rebaje a 20 euros para ellos venderlos a 30 euros y ganarles algo.
Se limpia el sudor de la frente en su mesa de trabajo y parece tenerlo claro: "No me da la gana".
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD