EL OLVIDO se presenta como un bálsamo supresor del dolor en todas sus expresiones, una válvula de escape para el sufrimiento cuando supera los límites tolerables, para quienes lo padecen o lo han experimentado alguna vez, pero, a veces, sus efectos curativos desaparecen con la memoria propia o inducida. Gran parte de nuestra vida discurre atrapada por el dolor y, sin que nos demos cuenta, nos acompaña desde el seno materno hasta el último aliento. Los buenos momentos que pueden ser muchos en función del lugar y el tiempo que nos toque vivir actúan inhibidores de esa realidad que nos atenaza o amarga. Recordar es bueno para el aprendizaje, estregar la memoria ante los ojos ya es otra cosa.
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