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JOSÉ MARÍA SEGOVIA CABRERA

El mejor revés de Canarias

5/sep/10 08:05
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HABÍAN terminado tres largos años de campaña bélica fratricida. La gente volvía victoriosa de sus desplazamientos bélicos a la Península, que la inmensa mayoría había visto por primera vez y que muchos ya no volverían a tener la posibilidad de volver a desplazarse para verla de nuevo. Para los jóvenes de entonces significaba también el cese de días extras de vacaciones, cada vez que alguna gran ciudad era conquistada o "liberada", según la expresión en boga durante tres años, que incluso oficialmente se denominaban "I, II o III Año Triunfal", según fuese el 37, 38 o 39, días aquellos en que se organizaban grandes manifestaciones que recorrían la ciudad con cánticos, banderas y eslóganes como uno que creo recordar que decía, más o menos: "Hoy cayó Madrid, mañana caerá Bilbao y el día que Franco quiera Barcelona será tomada". Todo aquello se acabó finalmente y se reanudó la vida, casi febril, en la reconstrucción de un país destrozado por la guerra y en medio de la mayor conflagración bélica que vieron los siglos, como fue la Segunda Guerra Mundial, al final de la cual este pobre país agrícola que era España, destrozado por la guerra civil y con penalidades mil, fue declarado al final de la contienda europea como "peligro en potencia"; se nos cerraron las fronteras y se retiraron los embajadores, como si fuésemos apestados.

Pero el país reanudó o empezó su vida activa. Incluso la social. Las idas a un Balneario recién estrenado se hicieron frecuentes y numerosas, y nacieron equipos de natación que se entrenaban en aquella única piscina que había en Tenerife y que ni siquiera tenía las dimensiones de una piscina deportiva (ya se sabe, 33,33 o 50 metros), y se conseguía la primera cifra mediante un tabique de madera que se instaló para ese fin. Se formaron tres equipos al menos, uno que entrenaba "el Canarito", generalmente en los muelles de la naviera de don Álvaro Rodríguez López, al lado del Club Náutico viejo; un segundo que capitaneaba Raimundo Afonso y que tenía su sede en el mismo Balneario, y otro que comandaba Acidalio Lorenzo, con nadadores del Club Náutico de los que recuerdo que Manolo Cañadas y yo nadábamos braza; Guillermito Cabrera hacía crawl, que ahora dicen libre, y Pablo Matos nadaba espalda, y no había más estilos porque no se había inventado el de mariposa, aunque sí había saltos de palanca y de trampolín, donde Enriquito Casariego era un artista.

Ni que decir tiene que la mayor actividad deportiva se centraba entonces y ahora en el fútbol. Durante los años de contienda se suspendieron competiciones y campeonatos entre equipos de la Isla, como eran los Tenerfe, Fomento, Price, Iberia o Hespérides, o también de Las Palmas, como Marino y Victoria, pero el tan activo periodista Domingo Rodríguez supo organizar encuentros entre juveniles, cuyos partidos se celebraban principalmente en el Stadium del Tenerife, en las tardes en las que se celebraban también carreras de galgos, que fue un espectáculo deportivo que tuvo gran éxito. Y se empezó a jugar también por entonces al "basketball", que la entonces naciente furia españolizadora de nombres extranjeros bautizó rápidamente como "baloncesto", término que sorpresivamente cuajó (no como lo de balompié). Algunos tinerfeños desplazados a Madrid para estudiar lograron formar su propio equipo, al que denominaron "Canarias", que llegó a jugar en la máxima categoría nacional y bien que recuerdo en los mediados 40 los partidos que se celebraban en el Frontón Jai-Alai, y donde tan relevante papel desempeñaron los tinerfeños al mando de Eugen Machado, que entonces estudiaba Ingeniería.

El tenis sufrió tras la guerra civil un importante impulso. Hasta entonces, el tenis se desarrollaba casi exclusivamente en las canchas que el Club Náutico poseía en la calle Méndez Núñez esquina a Robayna (donde acompañé alguna vez a mi padre) y en la que poseía en su casa de Las Mimosas, en la calle Enrique Wolfson, casi enfrente de donde termina la calle Numancia, el afamado doctor don Manuel Bethencourt del Río, médico de nuestra casa y de tantas otras, cuya segunda mujer, Dolly Thomas, era una experta y experimentada jugadora; canchas estas prácticamente únicas en la Isla, excepto alguna que pudiese tener algún hotel, especialmente los del Valle de La Orotava, cuyos posibles jugadores serían en todo caso turistas. La construcción del nuevo Club Náutico allá por el Muelle Norte suponía también la de nuevas pistas de tenis con hasta unos rudimentos de gradas para un posible público, mientras que en las canchas de Méndez Núñez el Ejército construyó una serie de viviendas para oficiales, los pabellones militares. Y surgió la natural rivalidad entre Náutico y Bethencourt, donde en este último don Manuel era un experto profesor a cuya constancia e insistencia se debió el nacimiento de una juventud tenística con jugadores como Salvador Lecuona (luego permanente e invencible campeón de Canarias), Alberto Luque, Akan Kelly, los hermanos Sobrón, Alfonso Muñoz-Rojas o Ricardo Keating, que aprendían también de jugadores ya "veteranos" como José Antonio Muñoz Rejas, Joaquín Ahlers o algunos extranjeros destinados en la Isla, todos ellos vestidos con pantalón largo blanco y suéter blanco, impecables, y la inevitable figura de Ernesto Haffner, a quien tantísimo debe el tenis tinerfeño, mientras que nacía una pléyade de jugadoras femeninas como Nena Cañadas, Pily Sobrón, Mercedes Keating, Lolita Gorostiza y la adición circunstancial de alguna niña de La Orotava, como las hermanas Fernández-Ponte. Y nació también por entonces una rivalidad con el equipo del Metropol de Las Palmas, con frecuentes desplazamientos entre ambas islas para los oportunos encuentros.

La creciente actividad mercantil e industrial de nuestro país de los años 40 hizo que incluso el Club de Tenis Turó, de Barcelona, con un gesto absolutamente inusitado, organizase periódicos viajes anuales a Canarias para enfrentarse a la naciente y creciente plantilla de jugadores canarios, y aún me parece estar oyendo a Marcos Guimerá, que volvía todo alborozado de las canchas de tenis, para comunicarnos que "Haffner ha vencido a Barril", frase que en mi caso ha quedado para expresar la consecución de algo imprevisto e importante; o aquel otro momento en que Nena Cañadas tuvo nada menos que "set-ball" a la entonces campeona de España Alicia Guri para terminar perdiendo el partido, aunque su rivalidad importante era cosa de cada poco con una jugadora de Las Palmas, de origen ruso y encima guapísima, Gaby de nombre, casada con un conocido canario de nombre Juan-Fi, rivalidad que duró años. Por aquellos mediados años 40, los años de Masip y Bartrolí como primeros tenistas españoles, apareció por Canarias el famoso jugador italiano Romanoni, campeón de Italia, que venía de participar en concursos en España y Portugal y quien, al comentar la actuación de los jugadores canarios, no dudó en afirmar que "Nena Cañadas es el mejor revés de Canarias". Casi setenta años después, Nena se encuentra desde hace dos semanas librando una cruenta batalla en las canchas de un sanatorio madrileño, devolviendo con presteza y contundencia todos los ataques endiablados que le llegan por ambos lados de la pista. Todos confiamos que con su sobriedad de siempre sepa buscar el momento oportuno y que dé un ajustado "passing shot", resuelva la situación al tiempo que nos confirma que sigue siendo "el mejor revés de Canarias". Dios lo quiera.

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