DECIR septiembre en La Laguna es decir el Cristo. Y estos días, como cada año, fieles a la cita que se remonta a siglos atrás, los laguneros volvemos a vivir esta historia de devoción y amor que se materializa en nuestra principal celebración, que llega cuando culmina el verano.
Estas fiestas, que son de los laguneros y de todos los canarios, tienen la singularidad, casi milagrosa, de unir a todos los devotos del Crucificado moreno por encima de creencias y procedencias. Todos veneran al Cristo y todos quieren verlo brillar, en su ciudad, en estos días que son, aun con el discurrir de los años, días de compartir y de combinar, de manera equilibrada, lo lúdico y lo votivo, puesto que ambos elementos están en el origen mismo de La Laguna.
Son tiempos difíciles. Todos somos conscientes de ello, empezando por las instituciones locales, cuyo objetivo fundamental, antes que ningún otro, es el de atender las necesidades más urgentes de nuestros ciudadanos. Por ello, hemos tenido que conseguir un equilibrio exquisito. De modo que, por un lado, hemos mantenido los actos principales para que las Fiestas no pierdan la importancia que corresponde a la celebración central de la única ciudad Patrimonio de la Humanidad de Canarias. Al mismo tiempo, de manera responsable, hemos tenido que reducir, de nuevo, el presupuesto, como corresponde a esta coyuntura en la que nos hemos volcado para ayudar a aquellos que más lo necesitan.
Pero, siendo consecuentes, no debemos olvidarnos de que las Fiestas del Cristo son un dinamizador comercial y económico para el municipio, algo prioritario en estos momentos en los que tanto necesitamos generar empleos y mantener los ya existentes. En ningún modo podemos obviar que son más de doscientas familias laguneras las que tienen en la infraestructura de las fiestas su sustento y que merecen ser, igualmente, atendidas.
Una celebración como esta, que aparece en todas las guías y publicaciones turísticas de dentro y fuera del Estado, debe mantener su prestigio, puesto que cada año recibimos visitantes de todas las Islas, la Península y el resto del mundo.
Teniendo presentes estas premisas, los actos comenzaron oficialmente el pasado jueves, con el magnífico pregón a cargo de Antonio Castro Cordobez, palmero y, como tal, lagunero de corazón, que confesó su irresistible atracción por nuestra ciudad; y el viernes, con el tradicional concierto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, dirigida de nuevo por Víctor Pablo Pérez y con la emoción a flor de piel cuando sonaron los primeros acordes de la "Cantata del mencey loco", bellos versos de Ramón Gil-Roldán en las voces únicas de Los Sabandeños. Fue una cita musical emotiva y con sabor netamente canario, en la que pudimos disfrutar del bello poema "Llamarme guanche", de Carlos Pinto y Elfidio Alonso, dos enormes figuras que ha dado La Laguna al mundo.
El público, entregado como siempre, disfrutó de esta primera noche festiva que, sin duda, será difícil de olvidar.
Ayer, además, tuvo lugar el XXXII Festival Sabandeño, en el que el grupo más emblemático de Canarias compartió escenario con el rey del bolero, Armando Manzanero, y el Quinteto Santa Fe, en un programa que nos trajo lo mejor de ambas orillas del Atlántico.
Hemos logrado hacer más con menos. Hemos intentado, juntos como siempre, hilar un programa con menos recursos, pero en el que no se ha reducido la calidad. Las fiestas y, sobre todo, nuestros ciudadanos lo merecen.
Y va a continuar siendo así durante estos días en los que se sucederán conciertos, actuaciones para todos los gustos y públicos, verbenas populares, humor? en un programa en el que seguimos dando prioridad a los artistas y empresas de esta tierra.
En los actos del Cristo no van a faltar la tradicional Luchada, por la que tanto trabajó el recordado Carmelo Mejías, también presente en nuestra memoria y en el arrastre de ganado; un homenaje a María Rosa Alonso, nuestra centenaria e insigne vecina; la Fiesta de Arte del Ateneo, recuperada para el teatro Leal, que contará con la presencia como mantenedora de Ana Oramas, que rememorará a nuestros poetas; la Batalla de las Flores, rescatada, con buen criterio, en la edición pasada y que pondrá, junto con los Caballitos de Fuego, el punto histórico y tradicional. Y como broche, la cita ineludible con el Campus Rock.
El programa religioso está, igualmente, lleno de citas emotivas, como la Exaltación de la Santa Cruz el día 14, los fuegos al paso de la imagen y la Procesión Cívico Militar, que culminarán un programa en el que la devoción de este pueblo por el Cristo lo preside todo.
Este, como todo lo que hacemos en La Laguna, es un trabajo conjunto, del que todos somos protagonistas. Juntos mantenemos la fiesta y juntos la enriquecemos y hacemos de ella una cita en la que destacan el saber estar, la solemnidad y la ilusión. Quiero, por tanto, un año más, agradecer el trabajo fundamental del Obispado, el cariño que pone la Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna y, por supuesto, dar las gracias a ustedes. Porque siempre conscientes de su papel en el mundo, de la importancia histórica de la ciudad y de la fiesta, se vuelcan con el Cristo, haciendo cada septiembre inolvidable.
Haciendo nuestra esa "plegaria civil al milagroso Crucificado" con la que culminó su pregón Antonio Castro, es un buen momento para dirigirnos al Cristo de La Laguna, que nunca nos ha dejado solos, y pedirle la fuerza necesaria para cambiar nuestro entorno más inmediato; para volver a nuestros orígenes de pueblo trabajador y solidario que celebra unido y unido supera todos los obstáculos.
Felices Fiestas del Cristo.
* Alcalde de San Cristóbal
de La Laguna
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD